HUGO GARCIA ROBLES
Habíamos decidido no señalar más los acostumbrados errores y horrores de las emisoras oficiales agrupadas con nuevos nombres, las venerables y gloriosas, CX 6, CX 26 y demás.
Pero sucede que fieles al refrán el que calla, otorga, hemos preferido no otorgar y emitir, nuestra opinión crítica sobre la programación de Radio Clásica, como ha sido bautizada por las nuevas autoridades. Nos estamos refiriendo a los criterios que rigen la difusión de la música llamada clásica. Como se ha vuelto imposible encontrar en el dial uruguayo espacios destinados a los grandes maestros, Radio Clásica es la única donde ese legado inmortal, suena. Esta circunstancia aumenta, si ello es posible, la responsabilidad de la emisora en esa fundamental tarea.
En su momento elogiamos que ha sido un acierto (que felizmente se mantiene) el horario de funcionamiento, que cubre las 24 horas del día, sin interrupciones.
Quien escribe solía (lo hace menos ahora) escuchar Radio Clásica a altas horas. En el silencio de las 2 o 3 de la mañana, munido de un audífono para no incomodar a los que duermen, se dejaba arrullar por la música preferida. Queda dicho que esta buena medida está en pie.
Pero, recientemente, Radio Clásica ha optado por difundir fragmentos de las obras que son parte de su programación. En el caso de las sinfonías, conciertos y suites, que comprenden varios movimientos, se deja oír solamente uno. Ello hace que la sucesión de fragmentos resulte de una heterogeneidad confusa. Se hace muy arduo escuchar el primer movimiento de una sinfonía de Brahms, seguido por el final de una sonata de Mozart, que se escucha antes de la obra que sigue: por ejemplo, un tiempo de un cuarteto de Haydn.
Para proponer un símil perfectamente comprensible, sería como acudir al teatro y presenciar el primer acto de Hamlet, seguido de otro acto de Barranca abajo, al que a su vez sucede el final de Fuenteovejuna.
Es pertinente preguntarse cual es el motivo que justifica esta manera de hacer radio. De hecho tiene sentido dejar oír parcialmente una obra cuando es explicada. Quien enseña, señala el detalle, lo cual supone el fragmento. Pero siempre es deseable la audición completa, que respeta al autor y al oyente.