Queremos un pelo de famosos

MATÍAS CASTRO

Alguna vez en la vida, todos, o casi todos, hemos querido conservar algún recuerdito de alguien a quien admiramos. Puede ser desde un autógrafo sobre un libro, una fotografía junto a Luis Miguel, una púa de algún guitarrista famoso, o lo que sea. Son pequeñas cosas que nos recuerdan siempre que un par de segundos de nuestras vidas, estuvimos en persona cerca de aquellos a los que seguimos de lejos.

Claro que hay casos extremos de todo esto, y algunos de ellos se han visto en los últimos días. Supe, por ejemplo, que unos compradores ofrecieron 1.2 millones de euros por la casa en la que David Beckham había vivido de chico. Ya no se trata de un objeto, esto es cuestión de vivir adentro de un recuerdo, literalmente. Aunque teniendo en cuenta el contexto, es probable que una compra así no se haga con motivos de vivienda, sino más bien de sumar un objeto a una colección privada. Es así como unos coleccionan autógrafos, otros fotos, y otros casas.

El caso es emblemático, ya que cuando un agente inmobiliario repasó cuáles celebridades habían vivido en ese barrio, descubrió que Beckham había pasado sus primeros años allí, cosa que elevó notablemente el precio y la puja por la casa.

También se ha rematado una cama en la que durmió Kate Moss. Sólo se sabe que durmió allí. No hay datos que comprueben que tomaba cocaína allí (es que, tras tanta publicidad que se hizo a sí misma con las drogas que tomaba, uno tiende a pensar este tipo de cosas). En principio el precio de base era de entre 250 y 370 euros, por lo que podemos deducir que no hay mayor historia en ese mueble.

El fanatismo y el esnobismo no dejan libre a nadie. No es cuestión de falta de educación ni de condición social. Más bien es al revés, si se tiene mucho, se pueden desear recuerdos disparatados, como una casa, por ejemplo.

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