El incidente que protagonizó Nicolas Cage hace un par de días, que terminó con él arrestado luego de una escena bochornosa en plena calle, vuelve a sacar a relucir la cuestión de cómo los famosos de Estados Unidos parecen más inclinados a protagonizar bochornos en público. ¿Alguien ha visto en Uruguay alguna noticia sobre alguien conocido que tenga un problema en público? Tal vez lo más parecido a esto haya sido el triste incidente que vivió Jorginho Gularte, solo por tratarse de un hecho violento en el que estuvo involucrado alguien conocido. Las diferencias saltan a la vista y no se trata de trivializar lo que le pasó al músico, sino solamente de indicar que por estas latitudes no se ven hechos como el de Cage. Ni siquiera en Argentina.
Las excepciones pueden ser contadas con los dedos de una mano. En Estados Unidos hemos visto cómo en un momento u otro Mel Gibson, Lindsay Lohan, Britney Spears, Charlie Sheen, Paris Hilton, Johnny Depp y muchos otros más terminan arrestados o echados de algún lugar por tener exabruptos violentos. ¿Cuántos casos así se pueden comprobar en Argentina? La pregunta sobre ese país es porque su realidad farandulera está más cercana a nosotros, pero me arriesgo a decir que algo parecido se puede preguntar sobre lo que pasa en México o Brasil.
Pienso, por una parte, que la industria del espectáculo es mucho mayor en Estados Unidos. Esto tiene varias consecuencias. Por un lado la dimensión que cobran las celebridades, y por tanto sus egos son mucho más grandes. Por otra parte las presiones son mayores y el estrés también. Y, en tercer lugar, los medios que cubren chismes y farándula están mucho más desarrollados y son capaces de acceder a todo tipo de incidentes sin compromisos ni moral alguna. Todo esto puede confluir en el fenómeno. Aparte de que la pacatería aún funciona como elemento de autorepresión, al menos en Uruguay. Eso no quiere decir que todo se explique por cuestiones de idiosincracia.