Rebar
Me parece sumamente injusto que a los últimos presidentes argentinos se les juzgue por sus errores (después de todo, errar es humano), desconociéndole ciertas virtudes que quedaron en evidencia a su paso por la Casa Rosada: entre ellas, el amor demostrado por la familia, valor esencial de la moral de la sociedad. Respecto de Menem, recuérdese la forma tan afectuosa en que le tendió una mano (en ocasiones, las dos) a su cuñado -Yoma el Terrible- que operó de nave insignia de una flota de parientes que, cada cual a su turno, bombardeó distintos objetivos de ganancia rápida. Luego, vino don Fernando de la Rúa -con su rostro impávido de pontífice frustrado- que ubicó al vástago -Antonito- en el trono monárquico del "marketing" político, consagrándose con su obra máxima: la de compartir el electorado de Shakira.
Emigrado don Fernando del territorio de la Plaza de Mayo, sobrevino el "ciclo de pasatiempos presidenciales", en que un pintoresco cuerpo de paracaidistas se alternó en el uso de la banda hasta el aterrizaje del señor K, que antes de la confección de un plan de gobierno adoptó la medida de entregar a su hermana Cristina el Ministerio de Desarrollo Social, sede de concentración de voluminosas partidas presupuestales que sólo pueden confiarse al manejo escrupuloso de personas de absoluta confianza. Aún hoy, ya alejada del cargo, la dama sigue digitando a su aire diversas libretas de cheques en ambientes privadísimos de la función pública: y su ex esposo, don Armando "Bombón" Mercado, continúa con dulces apariciones en el mercado financiero apoyado por el mandamás, al que no le importó la decisión separatista del matrimonio de "Cris", que bien pudo servirle de pretexto para cortarle los víveres al cuñado golosina.
Ahora -según leo en el N° 1538 de "Noticias"- el favorecido es un primo hermano del presidente, un morochón de nombre Carlos Santiago Kirchner, amistosamente apodado "el negro", mote exagerado si se le compara con los jugadores de Ghana. El hombre tenía una modesta pinturería en Santa Cruz de los Kirchner, la provincia argentina que fabrica millonarios con vértigo de Fórmula 1.Entre todos los pinceles que "stoqueaba", no había un pelo de bobo. Cuando don Néstor accedió a la primera magistratura, Carlos Santiago agarró una escalera y marchó a treparse por Buenos Aires: se le confió un puesto de gobierno, desde el cual hace y deshace en materia de adjudicaciones de los rubros destinado a obras públicas con el regocijo de las empresas amigas, que no pierden una sola licitación.
"El negro", que con un tarro atrás y un pincel adelante llegó a la urbe porteña hace tres o cuatro años, tiene hoy diez propiedades (casas, departamentos, locales, una chacra de 8 hectáreas)... un par de milloncejos bien amarrados, y dos regios coches, todo lo cual se fusiona para totalizar una fortuna declarada cercana a los 4 millones de pesos. Repasando ese "curriculum" y observando la transformación formidable operada desde sus comienzos como pintor, vuelve a mi memoria una vieja publicidad que se adapta perfectamente al venturoso presente del primo hermano del señor K: "¿Con qué pinta Carlitos?... Con Pinturas Pingüinito.