HUGO GARCIA ROBLES
Apropósito de la actuación en el Solís de la Orquesta Sinfónica Tchaicovsky de Moscú, con la ejecución de la Quinta Sinfonía del maestro que da nombre a la orquesta, vale la pena detenerse un instante en este músico. Una dramática vida, entre 1840 y 1893, que apenas sobrepasó los cincuenta años, sumada a la hipótesis del suicidio. El hecho de haber bebido agua sin hervir, en medio del riesgo del cólera, da razón a esta hipótesis que, por otra parte, se inscribe en las circunstancias dramáticas de su existencia.
Muchas veces se le acusó de germanismo y que no estuvo atento a las melodías y danzas folklóricas de su patria. Si bien es cierto que su nacionalismo no tuvo el carácter sistemático de Rimsky, Borodin y Mussorgsky, es preciso matizar esa diferencia.
El carácter nacional está presente en su obra como ocurre en el movimiento lento de su primer cuarteto de cuerdas o en el final de su Cuarta Sinfonía. En ambos casos se sirve de temas inequívocamente rusos.
Puede agregarse que el espíritu dramático adopta en él un tono de melancolía que es fácil asociar al perfil de la sensibilidad rusa. Un ámbito en el cual se encuentran Chejov y Turgueniev para referirnos al campo de las letras. Su línea melódica elige generalmente ese sendero. Aunque en alguna de sus obras el motivo inspirador provenga de Dante, Byron o Shakespeare, el velo de la melancolía tiñe de modo muy significativo el carácter de su música.
La hermosa obertura-fantasía Romeo y Julieta evoca el drama del bardo inglés tal como Francesca da Rimini se inspira en el poeta italiano. En ambos casos la expresividad de su música se calca sobre la trama literaria con plasticidad muy feliz, la misma con la cual traduce a Byron en su sinfonía Manfredo.
Su interés como músico elegía personajes y situaciones dramáticas, conflictivas, afligidas por la pasión intensa, aquellas que podían acercarse a su propia visión de sí mismo y de su propia vida. Tchaicovsky puede definirse como un romántico tardío, de allí el interés que puso en componer con un trasfondo dramático, literario generalmente, alejado de la abstracción formal. Sus obras revelan siempre esta necesidad de asociarse a una trama anecdótica, sustancia dramática que subyace el discurso musical, al margen de la manera con la cual cumplía con las normas de la composición.
Por esta razón pudo escribir música destinada al ballet con acierto y gracia que ha hecho de Cascanueces, La bella durmiente y El lago de los cisnes obras que no abandonan el repertorio de los grandes de la danza.
La orquesta rusa que visita Montevideo incluye en su programa la Sinfonía Nº 5 del maestro ruso. Será ocasión feliz para reencontrarse con la música de Tchaicovsky, vertida por un organismo perfecto.