Sebastián Rodríguez Mora, EFE
Jorge Luis Borges, de quien hoy se cumplen 40 años de su muerte, se convirtió en una de las figuras centrales de la literatura mundial a través de una obra literaria en la que, como un bibliotecario universal, compartió a millones de lectores su pasión por la lectura.
Reconocido por libros como Ficciones y El Aleph o ensayos como El escritor argentino y la tradición, en los que rompió las barreras geográficas de la literatura sudamericana en el mundo, también fue un encarnizado antiperonista, una posición derivada de su origen patricio y de la experiencia familiar durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón.
Literato precoz -desde los cuatro años sabía leer y escribir-, criado en un hogar bilingüe por su estirpe materna inglesa y director de la Biblioteca Nacional entre 1955 y 1973, muchos de sus cuentos fueron traducidos a múltiples idiomas, como “El Sur”, “La muerte y la brújula” o “El jardín de los senderos que se bifurcan”, todos ellos considerados clásicos.
Borges creó a su alrededor un aura particular, ya que perdió progresivamente la visión a partir de la década de 1950 y eso impactó en su estilo. Hasta el final de su vida recurrió a sucesivos asistentes y a su compañera, esposa y heredera, María Kodama, quienes anotaban lo que él les dictaba mientras trabajaba los textos en su mente.
La figura de María Kodama cultivó polémicas durante décadas, dado que a partir de que Borges y ella iniciaron su vínculo afectivo, el escritor se alejó de amistades que había sostenido durante su vida anterior, como es el caso de Adolfo Bioy Casares, íntimo compañero y con quien escribió durante una época bajo el seudónimo de Honorio Bustos Domecq.
A Kodama también se la criticó por haber sido la única heredera del patrimonio borgeano, ya que el autor no tuvo hijos.
Beatriz Sarlo, crítica literaria argentina, resumió su figura en el libro Borges, un escritor en las orillas: “Si Balzac o Baudelaire, si Dickens o Jane Austen parecen inseparables de algo que se denomina ‘literatura francesa’ o ‘literatura inglesa’, Borges en cambio navega en la corriente universalista de la ‘literatura occidental”.
Su biblioteca, repleta de ejemplares raros y antiguos, tiene un importante valor académico porque, como dijo a EFE su biógrafo, Lucas Adur, Borges era un “lector-bibliotecario” capaz de interpretaciones hasta entonces inéditas de la literatura clásica, que anotaba en los márgenes de las páginas con su característica caligrafía ínfima.
Adur, que publicó en 2025 Jorge Luis Borges: un destino literario, la más reciente biografía del escritor argentino, consideró: “Si te gusta la literatura, en algún momento vas a llegar a Borges. Es un autor tan intrínsecamente literario, que habla tanto de los placeres de la lectura, que esa experiencia también lo hace universal”.
La influencia de su obra fue reconocida por novelistas como Orhan Pamuk o Salman Rushdie, también por intelectuales de la altura del italiano Umberto Eco, quien se inspiró en él para componer el personaje Jorge de Burgos en su célebre El nombre de la rosa, o Michel Foucault, que dedicó su libro Las palabras y las cosas a Borges a partir de la lectura del ensayo “El idioma analítico de John Wilkins”.
Su legado literario lo atesoran las sobrinas de María Kodama, herederas de la fundación que creó la última compañera de vida de Borges.
Kodama, fallecida en 2023, heredó tras la muerte de Borges la totalidad de sus propiedades, su enorme biblioteca y quedó a cargo de los derechos sobre sus escritos, en los que el cuentista, poeta y ensayista alcanzó fama internacional a través de traducciones a decenas de idiomas e influenció a miles de escritores y artistas.
La asistente y luego esposa de Borges fue, además de escritora y traductora, la conductora de la Fundación Borges, creada en 1988 y desde su fallecimiento en manos de cinco de sus sobrinas y sobrinos, ninguno de los cuales provenía originalmente del ámbito literario.
Desde el 14 de junio de 1986, los restos de Borges descansan en Ginebra, tal y como expresó el escritor en su última voluntad, y las sobrinas descartan repatriarlo.
“Ella fue su compañera durante muchos años y, desde el dolor, respetó la decisión de él de permanecer allá“, remarcó María Victoria.
Una visita a Uruguay
En 1985, Borges estuvo en Uruguay para rodar Borges, el mismo, documental ficcionado de la BBC. En la foto se lo ve con Roberto Jones, quien lo interpretó de joven. “Hablamos de temas religiosos y filosóficos, y recuerdo que le preguntó a María Kodama, que lo acompañaba, si yo era buen mozo, porque quería quedar bien en la película”, le contó Jones a El País.