Pequeños objetos de barro cuentan antiguas historias

| Pertenecen a culturas indígenas de Ecuador y Colombia, y están datadas entre los siglos VIII y XV

JOYAS. Figuras antropomorfas encontradas en tumbas, algunas hasta 10 metros de profundidad. 200x156
JOYAS. Figuras antropomorfas encontradas en tumbas, algunas hasta 10 metros de profundidad.
El País

CARLOS REYES

La primera sorpresa que se llevará el visitante de la exposición Geometrías del pasado: arte prehispánico de las sierras de Ecuador y Colombia -que hoy se inaugura a las 19 hs en el Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) en 25 de Mayo y Colón)- es comprobar cómo las culturas precolombinas hicieron un uso sumamente creativo de la geometría como elemento decorativo y simbólico. A través de unas 70 piezas, expuestas en 11 vitrinas, la muestra permite tomar contacto con un arte producido entre los siglos VIII y XV en las provincias de Carchi e Imbabura (Ecuador) y Nariño (Colombia). Estas cerámicas de ese cordón serrano de los grandes Andes, que en su mayoría se exhiben por primera vez en Uruguay, nos acercan a un grupo de culturas arqueológicas mucho menos conocidas y estudiadas que los incas o aztecas.

"Hallados en contextos funerarios, a veces hasta a 10 metros de profundidad -declaró a El País Gustavo Ferrari, encargado del montaje de la exposición-, no se tiene claro que estos objetos hayan sido de uso doméstico, aunque hay algunos que presentan un desgaste que hace pensar que fueron usados, mientras que otros están sin uso".

Las piezas fueron colocadas en tres vitrinas empotradas y ocho horizontales sobre tarimas, repartiéndolas según los temas, motivos y funciones: cerámicas antropomorfas, utensilios de cocina y objetos de uso cotidiano, como un silbato.

El visitante curioso encontrará -modeladas o pintadas- figuras humanas, animales (principalmente monos y pájaros) y hombres en acción (como cazadores). A los consabidos recipientes con forma de copa o compotera, se suman otros menos comunes: uno con forma de zapallo, otros cuadrados o rectangulares, y algunos con patas como para poder encender un fuego debajo. Entre las piezas de mayor tamaño destacan dos: una especie de ánfora, de unos 40 centímetros de alto, y otra no tan alta pero de más volumen, que tiene aplicadas tres esculturas de monos, que a la vez que se entrelazan entre sí abrazan a la pieza. Entre las más pequeñas algunas no pasan los tres centímetros, hecho que obliga a observarlas detenidamente. "El leitmotiv de esta muestra -sostiene Ferrari, conservador del Museo de Historia del Arte de la IMM, donde trabaja desde 1993- es la visión de la geometría que estos antiguos artífices americanos tenían, que va desde las formas abstractas en su modo más puro (lo que para nosotros es la abstracción total), hasta la composición de figuras por medio de formas geométricas. Se especula que tienen una representación simbólica, como en el caso de los animales, donde hay una cosmogonía que representa a un dios, o una religión".

TECNICAS. Estas piezas --algunas pintadas por dentro, otras por fuera y algunas por ambos lados- están realizadas con tierras naturales, trabajadas con engobe, esto es, una pasta de arcilla (con o sin color) que se aplica a los objetos de barro, antes de cocerlos, para darles una superficie lisa y vidriada. Luego fueron bruñidas en húmedo, casi seco, para darles brillo, y después llevadas al horno: ese esmerado procedimiento hizo que más de un milenio después, las cerámicas se vean tan bien.

En los aspectos cromáticos, los colores dominantes son marrón, café y ocre en sus muchos matices, además de rojo y negro, en general como colores secundarios. En su mayoría presentan dos o tres colores, predominando el rojo sobre crema. Por eso, las bases de los exhibidores han sido pintadas de verde claro, color que además de evocar las sierras de donde estas piezas provienen, permite -por ser complementario-, aumentar el contraste y darles más vida. Según Ferrari, se trata de "cerámica de muy buena calidad, muy homogéneas por ser de la misma región: de no ser por ese procedimiento, no se hubieran conservado". Pese a que la muestra exhibe piezas de cierto volumen, Ferrari, a la hora de elegir su favorita, destaca una pequeña vasija de 12 centímetros de diámetro, con la figura de dos pájaros geométricamente estilizados, entre figurativa y abstracta.

La gran mayoría de las piezas pertenecen a la colección particular de Matteo Goretti, y fueron cedidas en uso al acervo del MAPI, donde se exhiben hasta principio de setiembre.

Abstracción

"El leitmotiv de esta muestra es la visión de la geometría que estos antiguos artífices tenían"

Sobre robos, autenticidad, talleres y visitas guiadas

"El precio no es relativamente alto porque es un material abundante -afirma Gustavo Ferrari-, aunque algunas, las más complejas, pueden valer mucho. Además de no ser mi metier determinar el precio de estas piezas, no sé si es bueno sacarlo en la prensa, porque puede alentar la inquietud de robo".

Sin embargo, pese al valor de las cerámicas exhibidas, el MAPI no ha creído conveniente, según afirma Ferrari, reforzar la seguridad del museo, ya que éste está protegido por alarmas, monitoreo con circuito cerrado y custodia policial de 222. Además, vidrios y acrílicos impiden que los visitantes toquen estas obras de arte.

La exhibición de estas piezas irá acompañada de diversas actividades, como una serie de visitas guiadas que están divididas en dos tipos: una para adolescentes, que busca ser más amena y atractiva, y otra para adultos, que intenta ser más informativa. También habrá talleres de cerámica, para chicos de cinco a 15 años, que tienen por fin enseñar los procedimientos que dieron vida a estas obras.

Pese a ser de dos países, estas cerámicas nacieron en un único escenario geográfico. Se trata de un conjunto de valles de altura, cortados por ríos que descienden hacia el mar o la amazonia, generando espacios ideales para la vida entre montañas, donde hoy aún vive la población originaria.

Las culturas que crearon estos objetos, que son conocidas con varios nombres técnicos (Capulí, Cuasmal, Piartal, Tuza), formaron un gran corredor cultural, y presentan gran homogeneidad y a la vez significativas variantes.

Interrogado sobre la autenticidad de las piezas, Ferrari sostuvo: "no soy experto, pero con el correr de los años uno va educando el ojo, y no me caben dudas: todas son originales. Hay algunas que están restauradas, retocadas o pegadas, sin seguir un criterio museográfico, porque se trató de disimular el arreglo, de no hacerlo notar".

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