Nuevas variantes sobre el desnudo

| Sus figuras transitan entre una perspectiva de tipo convencional y una visión más interventora

ALICIA HABER

Rogelio Osorio es un artista fuera de serie en el Uruguay de hoy. Nacido en 1962 posee una sólida formación y un oficio raro de encontrar en el área del dibujo.

Dio clases en el Taller de Clever Lara de dibujo con modelo vivo y ahora continúa esa actividad en el Taller Malvín mientras prosigue su labor creativa. Es una figura todavía poco divulgada en el medio y ha exhibido poco. Su originalidad es evidente.

Sostuvo el artista en un envío reciente a Chile: "Creo que una determinada técnica —ya sea el soporte, ya el medio— es la herramienta mediante la cual se transfiere una idea o una emoción a un soporte físico. Puede haber artistas que se sientan cómodos experimentando múltiples técnicas. Incluso una misma técnica puede manifestar diferentes grados de protagonismo, según el artista que la emplee. En mi caso, la considero una parte indivisible de la obra. No podría expresarme con comodidad, por ejemplo, sobre un papel texturado y absorbente o con acrílico en vez de acuarela. Mis dibujos están hechos de variaciones, de idas y de venidas. Por eso me vi forzado a buscar una manera de dibujar que me permitiera hacer y deshacer continuamente, sin dañar la superficie del papel. Uso pastel, acuarela, aerógrafo, pincel, pluma, etc. Cualquiera de estas herramientas sirve parra resolver un cuadro cuando las cosas se ponen difíciles. Elegí el dibujo como técnica predilecta por su simplicidad y por la inmediatez de su ejecución. Los elementos plásticos aparecen descarnados, desprovistos de lujosas vestiduras. Tan solo la verdad de la línea sobre el plano".

Su expresividad se emparienta al arte clásico y barroco, aunque es evidente el sello de contemporaneidad de su abordaje. Osorio se dedica sobre todo al desnudo, tanto femenino como masculino. Ha creado diversas series.

Una de la más interesantes es Mater, dedicada a figuras hipertrofiadas femeninas. Son imágenes obesas, lejos de la estética predominante de este siglo, que tienen una atracción peculiar. Son figuras de carnes ampulosas, muy sensuales, que evocan épocas en las que la celulitis no era un término utilizado ni se denostaba a las mujeres excedidas en carnes. Sugieren pasados en los que los desbordes carnales no eran mal mirados ni signos de fealdad como los demuestran la esteatopigia de las Venus paleolíticas, las figuras de Rubens y Rembrandt, entre tantos otros ejemplos de la historia del arte incluido el cine de Fellini y más contemporáneamente las gordas de Botero y del uruguayo Clarel Neme.

Las obesas de Osorio son figuras blandas, no rígidas como las de Botero, cuyas superficies sugieren dureza. Las de Osorio tienen carnes que vibran e invitan al tacto, una mano podría hundirse en estas ampulosidades. En este caso Osorio, juega con las sombras, y luces con gran maestría. La imagen aparece satinada sin demasiados grafismos.

En otro grupo de obras, muy diferente a estas y de otro cromatismo más grisáceo, el tratamiento del desnudo es diferente. Las figuras no son hipertrofiadas y el grafismo se impone y las figuras surgen mucho más intervenidas, desdibujándose con gran expresividad. Se encuentran entre las más llamativas y notables de las creadas hasta ahora por Osorio. Son obras muy sugerentes, estimulantes, enigmáticas y mucho menos explícitas que otras figuras de desnudos. Algunas muestran figuras de hombres boca abajo, otras extrañas formas de cuerpos que sugieren múltiples lecturas. Osorio dibuja, asimismo, desnudos más convencionales que tienen su encanto pero no alcanzan las alturas de estas dos series y no reflejan su verdadero estatura como artista.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar