MATÍAS CASTRO
Es curioso pero aunque uno no esperaba mucho de la vida privada de Schwarzenegger, la noticia de que había tenido un hijo fuera de su matrimonio y lo mantuvo frente a su familia, pero en secreto, durante diez años, trajo un sacudón. La historia coincidió con la presentación mundial de The Beaver, en Cannes, la última película de Mel Gibson, con la que cosechó un fracaso importante en la taquilla aunque ganó una defensora intransigente en Jodie Foster. El lanzamiento de la película en ese prestigioso festival le ofreció la oportunidad de mostrarse, o de intentar hacerlo, con la elegancia y el brillo que tenía hace unos diez años.
Gibson es el otro actor famoso de Estados Unidos que ha sufrido un gran revés en su imagen pública, aunque desde antes que el austríaco. Es tiempo de ídolos con pies de barro en Hollywood y eso lo saben los dos.
El resultado que tuvo la película de Gibson en cines no fue bajo, sino que fue pésimo, al menos en cifras, que es la medida de todas las cosas para las películas de Hollywood protagonizadas por figuras como él Es probable que no sea mala y que hasta su actuación esté muy bien, pero lo cierto es que luego de todo lo que ha dicho y hecho (agresiones verbales, declaraciones complicadas, acusaciones de violencia doméstica, grabaciones que prueban eso mismo, etc) para parte del público, quiero arriesgar, ya no se trata del "viejo y querido Mel".
Hace algunos meses me preguntaba en esta columna cómo afectaría todo el escándalo de Gibson a su carrera. Tal vez lo que pasó con esta película sea una muestra. No es la primera, recordemos que el año pasado trascendió que lo habían rechazado para actuar brevemente en ¿Qué pasó ayer 2? a causa de sus antecedentes. Todo apunta a que la sumatoria de todos sus líos y dichos ha traído como consecuencia que la gente ya no lo siga con tanta expectativa. Hubo mucho interés cuando se dijo que Schwarzenegger volvería al cine. Pero en este contexto de revelaciones eso podría cambiar.