Notable "La Bayadera" en versión del Sodre

Prueba de fuego. El ballet oficial demuestra su calidad ante un espectáculo difícil

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CARLOS REYES

Tres horas del mejor ballet, que transcurren como en un tiempo paralelo. El espectador puede evadirse hacia un universo de fantasía en esta versión de "La Bayadera", que el Ballet Nacional Sodre ofrece, con coreografía de Natalia Makarova.

Quienes aplaudieron la versión que la compañía hizo de Corsario, seguramente multipliquen su entusiasmo frente a este nuevo montaje. Es que este ballet sobre libreto de Sergei Kuschelok y Marius Petipa está llevado a escena con mayor armonía aun que aquel otro, destacando entre otros aspectos la gran integración entre las escenografías y lo que ocurre sobre el escenario, mérito en el que juega un papel especial el trabajo de iluminación de Martín Rodríguez.

Este aspecto logró su mejor momento en el acto segundo, en el que el BNS plasmó uno de sus mejores trabajos.

Las escenografías, diseñadas por Pier Luigi Samaritani (y realizadas, al igual que el vestuario, por la Royal Swedish Opera de Estocolmo), contribuyeron en buena medida a crear ese clima de ensueño.

Porque aunque todo el decorado está cargado de exotismo (como corresponde a esta fantasía orientalista basada en un par de poemas hindúes), nada en él hay de kitsch: por el contrario, ostenta detalles naturalistas que contribuyen a sumir al espectador en la obra. Los cambios de decorado se suceden hasta la mejor parte: ese acto segundo, de tono onírico, donde el refinamiento de la puesta alcanza su punto más alto.

Una vez más, las figuras nacionales estuvieron a la par de las extranjeras, aunque más aun que en los desempeños individuales (que tiene muchos de gran relieve), fue en los cuadros de grupo que el ballet más sorprendió. En especial en la entrada de las sombras, donde dos docenas de bailarinas salen desde el foro. La simetría, el trabajo de equipo, los pasajes seriados, la paridad entre las intérpretes, todo contribuyó para concretar uno de los mejores momentos que ha ofrecido la compañía desde que Julio Bocca se puso al frente.

Pero hay otros protagonistas ocultos, que también ayudaron y mucho al feliz resultado. Se trata del personal del escenario, de los maquinistas, de todos aquellos que contribuyeron con sincronía y precisión al conjunto del montaje. En ese sentido, además del rápido crecimiento del BNS, también la gran sala ha ido manejando cada vez mejor sus medios y posibilidades. Entre los tantos ejemplos, los juegos de velos que matizan la escena, o las proyecciones de nubes, también tuvieron que ver en las muchas ovaciones que recibió el espectáculo el día de su estreno, el pasado jueves 12.

En los aspectos coreográficos, Makarova desplegó todo un juego de formas, desde las más clásicas hasta otras más fantasiosas de inspiración orientalista. La orquesta sinfónica del Sodre tampoco se quedó atrás, demostrando que cuando quiere, puede. Además, la amalgama entre la música y el ballet es otro de los aspectos que marcaron el alto nivel profesional del espectáculo.

Hasta quien se sentó en la butaca sin saber de qué iba la cosa, pudo seguir la historia y disfrutarla. Quizá (al menos el día del estreno) el público aplaudió demasiado y sobre todo a destiempo, sin guardar los silencios que un espectáculo de esta índole parece demandar. Pero es natural que el crecimiento del BNS despierte tantas pasiones. Pero ni siquiera los gritos y los aplausos frenéticos pudieron romper el clima de ensueño y refinamiento de este precioso trabajo escénico.

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