HENRY SEGURA
Cuando sale de compras puede volver con 55 prendas de marcas de diseñadores muy conocidos. Fue lo que hizo a principios de mes en una rápida excursión a Miami. Entre las bagatelas tuvo la gentileza de incluir un reloj Rolex apreciado en 35 mil dólares, para regalárselo a su novia. Después volvió a Buenos Aires en compañía de una actriz-vedette muy conocida y se dedicó a replantear sus relaciones. Es que, antes del viaje, el clima de los faranduleros argentinos le había ganado la cabeza e hizo que de su boca salieran juicios bastantes duros hacia otros colegas.
El proceso de arrepentimiento empezó con uno de los más fuertes: el propietario de Ideas del Sur, o sea, Marcelo Tinelli. Le pidió perdón. Después, en una de las tantas fiestas a la que lo invitan se cruzó con una colega bastante más veterana, Moria Casán, a la que había destratado verbalmente, y no le pidió perdón: prefirió hacerlo en público al día siguiente a través de un programa de televisión con el que ya había arreglado una entrevista. El gesto, hay que reconocerlo, es bastante excepcional en el ambiente en que se mueve, identificado con el calificativo famosos.
Ricardo Fort, de él se trata, parece haber recordado que el dinero no es suficiente razón para mantener el estado de popularidad (o "fama", como prefieren decirle) al que llegó con la ayuda de la fábrica de chocolates pero, sobre todo, con las puertas que le abrieron los que manejan el show televisivo en Argentina. Y él, en un acto de ligereza, pensó que ya tenía la misma fuerza que los aludidos para plantearles pulseadas con la complicidad de algún canal especializado en transformar a la nada en el todo.
También venía de una frustración material. Porque quería comprar el conocido cabaret Cocodrilo, en Buenos Aires, y sus ofertas no fueron aceptadas. El dueño del local donde Bill Clinton presenció un show erótico de Andrea Rincón, no estaba dispuesto a sacarse de encima un negocio que comanda desde hace quince años. Es que no todo se compra y vende.