SEBASTIÁN AUYANET
Nando Reis es un artista completo, y para confirmarlo no se precisa su currículum, sino darle una guitarra y que con sus canciones recorra momentos claves de su carrera. Con eso bastó para justificar la entrada.
¿Un show de Nando Reis en guitarra? En la previa, daba la sensación de que el concierto iba a dejar gusto a poco. Es que basta escuchar un par de discos de quien anteayer se presentó en MovieCenter como para darse cuenta de que el ideal debería ser encontrarlo secundado de sus Infernais, su banda de estudio y carretera.
El propio Reis lo había dicho en las entrevistas: parte de su regreso al primer plano de la música tenía que ver con estar rodeado de una banda que tocara mucho. Y en esos discos se nota que los Infernais no son parte del decorado, una mera "backing band", sino que tocan mucho y tienen gran participación en los arreglos y la proyección del sonido de las canciones de Nando. Para mayores señas, se trata de uno de los ex integrantes más visibles de Titás, grupo fundamental en el relacionamiento del rock brasileño con Uruguay, caracterizado por su potencia y canciones con las que se identifica más de un montevideano, quizá por la cercanía geográfica o de ánimo.
Pero así como quienes asistieron al recital sabían todo esto de antemano, Reis también. Y él salió a la cita -previa aparición de un correcto Franny Glass como telonero- con el oficio de quien tiene años en este negocio. Sólo necesitaba que el sonido acompañara. Del resto se encargó él con su carisma, su voz y su contundencia rockera para ejecutar cada una de las electroacústicas que le iban acercando los "plomos" de turno. El público, decidido a pedir canciones y ovacionarlo, no quería canciones "en estado de riesgo", conforme lo que Nando había dicho que le gustaba hacer con su música. El ánimo era de encontrarse con temas como Resposta, Marvin -pedida más o menos desde la tercera canción- o Nao vou me adaptar.
Y todas esas llegarían. Reis eligió arrancar con temas como O segundo sol, canción suya que popularizó Cassia Eller años atrás, y la gente reaccionó casi desde el comienzo. Algún celular molestó con los primeros acordes. "¿Sos vos Nando?" atinó a gritar alguno de los espectadores, sacándole la primera risa al paulista, que en ese momento probaba sus cuerdas. A los pocos segundos, la amable voz del cantante se impuso con contundencia y volumen en una sala con la acústica necesaria para que el concierto se disfrutara desde cualquier ubicación, algo que no es un detalle menor en esta ciudad.
Con no más de cuatro canciones y algún espectador sacudiendo una bandera de Brasil, Nando hizo su primera pausa para hablar de la historia de Pra dizer adeus, una de las versiones más bonitas del legendario Unplugged de Titás que en aquel concierto documentado cantó Paulo Miklos. En alguno de esos descansos, Nando -bastante más tímido de lo que se podía esperar- se trancaría en más de una anécdota o reflexión entreverada, lo cual soltó las risas cómplices del público. "Esta es una felicidad que creo que no conocía, porque nunca salí de mi país solo, con mi música", consiguió decir.
Se siguieron sucediendo canciones. Por onde andei dio paso a Sou dela, uno de los temas más prendedores de su último Sim e nao (2006) y que también abre Luau, el show en vivo que grabó para la MTV. Y en todas ellas Nando, preciso guitarrista y arreglador, se movía con intensidad, como si de un momento a otro fuera a pararse y recuperar su postura rockera. Apenas punteando su guitarra, evocó la sonoridad del pop rock brasileño de mejor extracción: el de esas melodías finas, amables como una caricia de voces adictivas, aunque se entienda poco de portugués. Aullando como despechado en algunos pasajes, su veta agresiva emergió y contagió.
La segura satisfacción de Reis (dos funciones a sala llena) reafirma algo que se respira desde las visitas de Djavan y Lenine: la relación entre público uruguayo y música brasileña, más allá de la escasa presencia mediática y pobre distribución discográfica de estos artistas, es cada vez más fuerte. Y prueba que, cuando se ofrece algo bueno, la gente responde.