Ha comenzado la cuenta regresiva. Falta una semana para la septuagésima quinta entrega de los Oscar de la Academia de Hollywood, y solamente la posible guerra entre Estados Unidos e Irak está ocupando mayor espacio en los medios de prensa. No es novedad que la industria cinematográfica norteamericana se las ha arreglado para despertar una curiosidad mundial por el premio y sus ganadores (películas y gente), y que lo que pase en la noche del 23 de marzo próximo va a influir en la carrera comercial de muchos de los títulos que figuran actualmente en la cartelera montevideana: quienes se alcen con una o varias estatuillas van a ver mejoradas sus posibilidades taquilleras, mientras otras películas arriesgan padecer algún bajón.
PREVISIONES. No es ningún secreto que Chicago es el título favorito en las encuestas, ha recibido la mayoría de los premios de los diversos sindicatos de profesionales norteamericanos y el Globo de Oro en su categoría, y casi todos los especialistas coinciden en que habrá de alzarse con la estatuilla a Mejor Film. No solo se trata de la resurrección de un género cinematográfico muy norteamericano (el musical), sino también de un ejemplar particularmente logrado de él, que combina canto, baile, música, evocación de época, varios niveles de ficción y un ácido comentario social. Es una demostración de que se puede hacer cine de entretenimiento que sea también cine inteligente, una lección que todo Hollywood sabía hace cincuenta años (y también lo sabía la gente, excepto los críticos) pero que fue progresivamente olvidada con el paso del tiempo.
Curiosamente, en un año en que la producción norteamericana no se caracterizó por el gran número de films de calidad, y donde hubo incluso fiascos de considerable envergadura (incluyendo Star Wars Episodio II: El ataque de los clones), la Academia se las arregló para reunir un conjunto de títulos realmente estimables en las candidaturas principales. Si, cosa improbable, Chicago llega a perder el Oscar, puede asegurarse que va a perderlo frente a una buena película: cualquiera de los otros títulos en pugna tienen un notable nivel.
Por supuesto, mucho espectador puede optar por los relámpagos de inspiración cinematográfica que recorren, pese a todos sus desequilibrios narrativos, la gigantesca evocación de época de Pandillas de Nueva York de Martin Scorsese, una película irregular en la que hay momentos antológicos. Y habrá quien prefiera el aire más culto y "british" (es decir, menos cinematográfico) de Las horas, donde hay sensibilidad para explorar sentimientos y conductas, un libreto armado con inteligencia por David Hare y un rendimiento realmente estimable de su trío de actrices.
Es probable que ello postergue (y puede ser una lástima) al empuje épico de El señor de los anillos: las dos torres, porque como se sabe el género fantástico y de aventuras tiene poco prestigio "culto" y a Tío Oscar le gusta posar de serio cuando otorga sus premios: sin ir más lejos, su excelente director Peter Jackson ha quedado fuera de las candidaturas, desplazado por el interesante pero no grande Almodóvar de Hable con ella, un hombre con quien probablemente la historia termine haciendo justicia (y ubique entre los tipos ingeniosos, pero no los artistas de primerísimo nivel). En cambio, es posible también que la Academia tienda a sobreestimar un film importante como El pianista atendiendo al peso de su tema (el Holocausto) más que a una realización realmente competente pero que no marca fecha alguna en la historia del cine. Y en este último caso: ¿Querrá Hollywood reconciliarse con Roman Polanski, o continuará recordándole sus problemas judiciales?.
Por cierto, siempre queda el consuelo de pensar que de cualquier manera el Oscar a mejor film no va a ir a ninguna medianía como Una mente brillante. Cualquiera de los títulos candidatos este año es mejor que ese hábil camelo de Ron Howard.
EXPECTATIVAS. Si bien la Academia continúa postergando dar a conocer sus planes de emergencia si comienza la guerra contra Irak (en ese caso, por ejemplo, ¿se mantendrán los números musicales, o se considerará que son demasiado frívolos y se los reemplazará por otra cosa?), ha dejado en claro un detalle: "La ceremonia no se extenderá pasadas las tres horas y media". Por supuesto, de buenas intenciones está empedrado el camino hacia ya se sabe dónde, y la promesa no va a ser fácil de cumplir en un año en el que con motivo de las bodas de diamante de Tío Oscar se han grabado una serie de dedicatorias sobre el significado de la estatuilla.
Entre tanto y pese a todo, se sigue hablando de trapos más que de uniformes de combate. "La alfombra roja es la mayor pasarela de moda del mundo, donde cada vestido es una obra de arte", recordó la coordinadora de moda, Patty Fox, en referencia a los 152 metros de alfombra que recibirán a las 2.000 limusinas en las que llegarán los invitados.
Una danza de nombres glamorosos
Antes de concluir la lista de invitados, el número de presentadores que participarán en esta inminente edición de los Oscar se va haciendo tan numeroso como el de los candidatos. Entre otros, Salma Hayek, Jennifer López, Julia Roberts, Dustin Hoffman, Richard Gere, Cameron Díaz, Halle Berry, Denzel Washington, Ben Affleck, Harrison Ford, Jim Carrey, Michael Douglas, Meg Ryan y Renée Zellweger ya confirmaron su asistencia a la gala del 23 de marzo en el teatro Kodak de Los Angeles.
Todos ellos, junto a Colin Farrel, Jennifer Garner y Will Smith, ayudarán en la entrega de premios a la labor del maestro de ceremonias, tarea que estará en manos de Steve Martin. Refiriéndose a Martin, el productor de la velada Gil Cates lo describió en estos términos de acuerdo a un cable de EFE: "Es maravilloso trabajar con alguien que nos conoce, alguien ingenioso, inteligente, agudo y de respuesta rápida a todo lo que ocurre. Además de tremendamente divertido".
"Yo lo disfruto como un acto creativo", manifestó por su parte Martin, quien ya desempeñó la labor en 2001 y añadió que "el miedo y la náusea" que le produce le sirven "para perder peso". Sin embargo, el comediante podrá descansar en los intervalos proporcionados por los números musicales organizados para amenizar la gala, entre ellos la ya garantizada presencia del brasileño Caetano Veloso y la mexicana Lila Down.