Pájaro Gómez, de Vilma Palma: su banda con Fito Páez, el fracaso que lo marcó y por qué hoy “sufre” las giras

El cantante de Vilma Palma e Vampiros vuelve a Uruguay para la Noche de la Nostalgia y habla de la banda que tuvo con Fito Páez, el fracaso de Identi-Kit, el éxito, las giras y el precio de 36 años de carrera.

Vilma Palma e Vampiros.
Vilma Palma e Vampiros.

Vilma Palma e Vampiros conoce a la perfección la Noche de la Nostalgia. La banda argentina fue parte varias veces del clásico uruguayo de cada 24 de agosto y tiene varias canciones obligadas en la lista de cualquier fiesta. Por eso, su regreso parece hecho a medida para la fecha.

La banda liderada por Mario “Pájaro” Gómez se presentará este lunes en la Fiesta del Veinticuatro, que comenzará a las 20.00 en el LATU y tendrá otro protagonista con una conexión especial: DJ Sanata, el alter ego de Gonzalo Cammarota, que hace años cierra La Bajada con “Auto rojo”, el himno de la multitudinaria fiesta. Esta vez tendrá a los intérpretes de la canción a pocos metros, así que no sería extraño un crossover.

Las entradas se venden en RedTickets desde 1.790 pesos, y hay varias opciones de mesas y paquetes VIP.

Antes del show, Gómez dialogó con El País.

—Estaba repasando el camino recorrido y me encontré con “Candombicho”, una canción que grabaste con Staff, el grupo que tuviste con Fito Páez en Rosario. ¿Cómo fue esa época?

—(Se ríe) ¡Qué locura! Qué lindo que una persona me pregunte por la época más linda de mi vida, porque fue la época más hermosa de mi vida. Tocar con Fito... Éramos reamigos, rebohemios. Escuchábamos Opa, Egberto Gismonti, Milton Nascimento. ¡Opa es lo más! Era un vuelo muy alto. Estábamos influenciados por todo eso.

—Y vos eras el baterista...

—Sí, pero no tocaba un coño en esa época; era un atorrante (se ríe). Fito me puso a tocar de caradura. Después, con la banda Identi-Kit, llegué a tocar más o menos bien. Fito me cagaba a pedos siempre, pero éramos muy amigos. El loco ya tenía chispa y tiraba temas; al año empezó a tocar con Juan Carlos Baglietto y después es historia conocida. Hay otro tema de Staff de aquella época que se llama “Tu amor voló” y se grabó en un show en el Club Rosario Estudiantil, en agosto de 1980. Nosotros ganamos el concurso. Lo canta Fito con el piano y es hermoso. Éramos bastante bohemios, bastante chapitas en esa época.

—Con Identi-Kit vino un cambio bastante grande: pasaste de las influencias progresivas a una música teñida por el pop de los ochenta. ¿Cómo se dio esa transformación?

—Sí, éramos re Duran Duran, Virus, OMD. La década de los ochenta, no se enojen, fue la más hermosa. Yo venía de Zeppelin, Deep Purple, Emerson, Lake & Palmer, Yes, pero con Identi-Kit mutamos mucho. Y otra banda que influyó muchísimo fue The Police, que cambió todo.

—Sin embargo, Identi-Kit no funcionó como esperabas. ¿Sentiste a Vilma Palma como una revancha?

—Yo estaba muy demente, no quería fallar. Ya venía con lo de Identi-Kit, que no había ido bien, y quería pegarla o pegarla. Ahí había empezado a componer, a tirar melodías. No tocaba nada, tarareaba. Fue todo un remolino: nos fuimos a ensayar y yo no quería errarle.

—Y ahí fueron encontrando un sonido muy reconocible: los estribillos pegadizos, tu forma de cantar y también las dos coristas.

—Vilma sin los coros no es Vilma. Tengo que ser muy humilde: son la frutilla del postre. Si no están ellas, no es Vilma. Es así, es la realidad.

—¿Cómo recordás el salto de esos pibes de Rosario que tocaban por el interior a conquistar Buenos Aires?

—La estábamos rompiendo en todos lados, ya veníamos de hacer 500 mil shows en el interior. Pero la explosión se logra cuando vamos a Hacelo por mí, con Mario Pergolini, a hacer “La pachanga”. Ahí nos vio todo el mundo y chau. Empezamos a tocar en Buenos Aires a dos manos.

—¿Recordás la primera vez que escuchaste un tema de la banda sonando en Buenos Aires?

—Sí, me emocioné mucho. Me acuerdo de ir caminando por Corrientes y sonaban “Bye Bye” y “La pachanga”. En esa época hacíamos hasta triplete por noche. Salía todo hecho mierda, ojeroso, me levantaba a las tres de la tarde y me iba a desayunar porque el hotel estaba en pleno centro. Pedía un café con leche con medialunas, pasaba por una disquería y sonaba “Bye Bye”. Iba caminando con la campera de cuero; algunos me reconocían, otros no. Fue un golpe muy fuerte.

—¿Cómo vivían ustedes por dentro esa explosión?

—Veníamos muy afilados. Éramos un bloque y estábamos todos muy bien ensayados. Ahora estamos más aburguesados (se ríe), pero en esa época yo no la quería errar. Y también era angustiante: se lloró por no ver a la familia, por no dormir bien, por estar ronco y tener que cantar. Éramos muy quilomberos y muy alcoholeros también. Éramos pop, pero no éramos tan pop.

—Pasaron más de tres décadas y siguen tocando esas canciones por toda Latinoamérica, incluso para gente que no había nacido cuando las grabaron. ¿Por qué creés que siguen funcionando?

—No te lo puedo decir porque eso sale de la gente. Algo les llega: la letra, la melodía. Y nos van a ver en vivo y el grupo suena bárbaro. Estamos hablando de chicos de 25 años que, cuando nosotros salimos a tocar, ni habían nacido. Pasa por ahí.

—Vuelven a Montevideo para la Fiesta del Veinticuatro. ¿Qué van a tocar?

—Todos los hits, porque la gente quiere escuchar los hits. Podemos hacer tres temas nuevos, pero la gente quiere escuchar los clásicos. El que va, va a tomar un trago, se va a divertir y quiere escuchar esas canciones. Nosotros tenemos mucho oficio. Va a ser una hora y cuarto, palo y a la bolsa, porque es en el marco de una fiesta. Lo vamos a dar todo, como siempre.

—¿Y qué te pasa hoy cuando subís al escenario?

—¿Querés que te sea sincero? Todo el resto lo sufro. Sufro los viajes, sufro no dormir, sufro no comer bien porque soy un tipo que me cuido mucho. Sufro no poder tomarme una buena cerveza después porque sé que al otro día tengo otro show. Pero cuando piso el escenario, ya está: soy otro. Ahí es matar o morir.

—¿Y cómo llegás físicamente a este momento?

—Tengo una operación de columna, tengo las rodillas rotas, casi se me corta el tendón del brazo derecho. Parezco Robocop, pero estoy cada vez mejor porque entreno (se ríe). Y cuando subo ahí, pum, punto muerto. Es como que entrás en una membrana. Veo a la gente, me chupa un huevo todo. A darlo todo. Después, de vuelta a sufrir (se ríe). No dormís bien, no comés bien...Después de 36 años no te puedo mentir.

—¿Qué encontrás en los shows para que todo siga valiendo la pena?

—Es impresionante cómo uno se encuentra con gente y se da cuenta de que somos un pedazo de su vida sin quererlo. Te dicen: “Con esta canción conocí a mi mujer” o “con esta me pasó tal cosa”. Y bueno, vamos por eso. A la gente le tenés que llevar su momento de alegría. Te están esperando para recordar cosas que les pasaron con esos temas. Entonces tenés que devolverles eso y darlo todo. A eso vamos.

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