Desde que Radiohead le pegó el primer sacudón a la industria de la música, cuando lanzó In Rainbows (2007) en su propia plataforma para que sus fans en todo el mundo se lo descargaran, está claro que los artistas están tomando la iniciativa del negocio de la música en sus manos.
El lanzamiento, esta semana, de la plataforma de streaming Tidal (en alusión a las mareas) parece ser otro intento de las grandes estrellas del pop y el rock de ponerse a la cabeza del negocio.
Con el millonario rapero Jay-Z y su mujer Beyoncé como líderes del proyecto, junto con socios como Madonna, Daft Punk, Jack White, Chris Martin (Coldplay), Kanye West, Rihanna y Nicki Minaj, la plataforma Tidal es un servicio que sale directamente a competir con otras plataformas como Spotify, YouTube o iTunes.
La primera diferencia principal de esta plataforma, con respecto a competidoras como Spotify, es que es un sistema abierto a los músicos para que sean los beneficiarios directos del sitio, aunque todavía no se comunicó cómo será repartida esa torta económica. La desventaja con su principal rival es que Tidal es accesible sólo por suscripción paga (de 9 a 20 dólares) como si fuera un Netflix de la música: su catálogo inicial disponible para 31 países (todavía no llega a Uruguay) es de 25 millones de canciones frente a los 60 millones de canciones que ostenta Spotify.
Los artistas reunidos en Tidal confían en la fidelidad de sus seguidores y el atractivo que implica ofrecer contenido exclusivo como adelantos de discos o playlists armadas por Daft Punk. En el lanzamiento realizado en Nueva York, Beyoncé dijo: "Deseamos cambiar para siempre el curso de la historia de la música". Exagerado. Por ahora, sólo se trata de cambiar las reglas de juego en el negocio del streaming.
Se trata de un nuevo movimiento más en la base de una industria como la musical que se encuentra inevitablemente en tiempos de cambios severos de cara al futuro.
Si una década atrás los artistas lanzaban con convencimiento sus nuevas canciones en el clásico formato físico del disco, desde hace algunos años eso ya parece ser algo obsoleto o al menos secundario. Las principales ganancias de los grandes artistas vienen, sin contar arreglos publicitarios, de sus conciertos. Plataformas como Spotify, de enorme popularidad en Uruguay desde hace más o menos dos años, encontró, sin embargo, artistas que se oponen a que su obra esté disponible allí, como ocurrió hace poco con Taylor Swift.

Jay-Z y su Tidal abren un nuevo horizonte en el mundo musical