CARLOS REYES
Luego de una larga carrera en la actividad periodística, Ramón Mérica publicó un nuevo libro donde recupera reportajes realizados a celebridades del mundo del espectáculo, la literatura, las artes visuales y la política.
Con alma y vida se llama el flamante libro de este gran periodista uruguayo, que fue publicado en edición del autor y en condiciones nada comunes. Mérica, que había sufrido un derrame cerebral unos años atrás, comenzó una lenta recuperación de la cual esta publicación es una prueba contundente de su voluntad y sus ganas de vivir.
"Este libro es un caso muy extraño -contó el periodista a El País- porque cuando empecé a recuperarme, tuve ganas de reunir algunas de mis entrevistas en un libro, pero como nunca guardé las notas que había hecho, tuve que comenzar un lento trabajo de memoria para localizarlas. Por eso, durante días pedía que nadie me interrumpiera y me quedaba pensando, ubicando mentalmente a los entrevistados, pensando dónde y cuándo había hecho las entrevistas, hasta que los fui localizando en mi memoria. Así fui anotando en un cuaderno los nombres y las fechas, para que luego ubicaran las entrevistas en los diarios, en la Biblioteca Nacional y en la del Palacio Legislativo. En total son 12 entrevistas, y quedaron algunas afuera".
Luego de compilado el material, que reúne algunos de los mayores trabajos periodísticos de Mérica, la última etapa consistió en ubicar las fotos que acompañan cada nota y ordenarlas de acuerdo a un orden personal: "Para eso me quedaba en un cuarto, tranquilo, con los ojos tapados para concentrarme, y pensaba cuál iba a ir primero y cuales después". Leyendo el nuevo libro de Mérica, el lector concluye que realizar una entrevista es todo un arte, donde entran en juego múltiples factores, hecho que el autor corrobora: "Dos personas hablando, tú y yo, yo y tú, es una historia imponente. Y una entrevista es eso. El asunto es lograr que el entrevistado se abra, que a veces es muy fácil pero otras es prácticamente imposible. Para eso hay que averiguar bien sobre la vida de la persona que se va a entrevistar, meterse en él. Hablar antes con sus amigos y familiares, y durante la entrevista, estudiar bien todo lo que rodea al entrevistado. Ver cómo es la casa donde vive, qué música escucha, qué comen, todo".
Claro que a veces lo difícil es llegar hasta el entrevistado, y Mérica confiesa que cuando se trata de personalidades extranjeras, presentarse como un periodista de Uruguay no es precisamente entrar por la puerta grande. Así y todo, a lo largo de su carrera consiguió reportajes con Alain Delon, Jean Paul Belmondo, Jean Louis Barrault, Josephine Baker, Maurice Chevalier, Ralph Richardson, Gasmann y un largo etcétera.
Consultado sobre qué personaje le hubiera gustado entrevistar y no pudo, responde sin dudar: Evita.
secretos. A la hora de las confesiones, Mérica afirma que sólo una vez no consiguió una entrevista. Fue a Obdulio Varela, quien se negó rotundamente a someterse a sus preguntas. "Con Obdulio Varela no pude. Y eso que fingí sentirme mal y le pedí un vaso de agua, para ver si al final cedía, y cuando volvió con el vaso de agua me dijo, `quién lo dejó a usted entrar en mi casa`. `Es que no me siento bien`, le contesté, y él me dijo, `si no se siente bien, váyase a su casa`. Fue el único".
Otras veces el asunto no consistía en ir tras un famoso, sino en descubrir a una figura olvidada. Así estuvo ocho años tras los pasos de la novia de Gardel, Isabel Martínez del Valle, hasta que logró el esperado encuentro. Algo similar le sucedió con Emilie Schindler (inmortalizada en la película La lista Schindler), a quien muchos la consideraban muerta. Cuenta el periodista que el día que salió publicada la entrevista recibió llamadas de todas partes del mundo, porque toda la prensa quería entrevistarla.
Pero también hubo dificultades en la carrera de Mérica, y él las cuenta con total franqueza. Entre esos momentos espinosos, el periodista rescata dos: uno, cuando Jorge Amado se le enojó porque él le preguntó si no consideraba que su literatura en el fondo era liviana. El autor de Doña Flor y sus dos maridos se retiró y demoró mucho en volver, mientras Mérica seguía esperando. Nuevamente la misma pregunta y otra vez el escritor que se levanta y se va, hasta que al final la nota culmina con cierta calma.
Otro caso fue con Carlos Monzón, quien se fastidió cuando el periodista le hizo tres veces la misma pregunta. "A veces vos hablás de una cosa y ellos de otra, y vos volvés sobre lo tuyo y ellos vuelven sobre lo de ellos. Y vos los embromás, y ellos te embroman. Así me pasó con Monzón, que me tuve que ir porque me quería mover".
Doce grandes encuentros para la historia de la cultura nacional
El libro Con alma y vida abre con una entrevista a Chavela Vargas, a la que sigue el obituario de Martha Gularte. Después toma la palabra Emilie Schindler (hermana de Oscar, de la película La lista Schindler) y luego aparece la novia de Gardel. La hermana del General Franco, la cantante Amalia Rodrigues, una descendiente de José Artigas, el arquitecto Oscar Niemeyer, el pintor Cabrerita, Jorge Luis Borges y María Kodama cierran la impecable nómina.
Más entrevistas conformarán un nuevo libro, todo sobre mujeres
Entusiasmado por el resultado de su esfuerzo, Mérica ya tiene entre manos realizar otra publicación. Será también una antología de reportajes célebres, pero con una particularidad. Todas las entrevistadas fueron esposas o parejas de políticos o artistas famosos, lo que permitirá reencontrarse con una mirada doméstica sobre grandes personalidades del arte y el poder. En general se trata de personas que han fallecido, e incluirá a las señoras de los Presidentes, desde los años `30.
Anécdotas que el grabador jamás consiguió registrar
Habiendo trabajado durante décadas en las páginas de El País, Ramón Mérica cuenta que no le gusta el mate, y que sólo una vez tomó, y fue cuando mantuvo una larga entrevista con Alfredo Zitarrosa, antes de la dictadura.
Otra vez, había entrevistado a la cantante Chavela Vargas, pero no se animó a preguntarle si era lesbiana. Cuando volvió a la habitación de su hotel, sintió que se quedaba con la sensación de no haber cumplido completamente con su tarea. "Tomé el teléfono, la llamé, y le expliqué lo que me pasaba. Y ella soltó una carcajada y me contestó: `Totalmente, me gustan las mujeres, me encantan`."
Pero uno de los casos más difíciles de su carrera fue con Borges, con quien mantuvo una larga amistad de varias décadas. Un día, en una entrevista le preguntó cómo se sentía siendo ciego, y él se sintió muy mal. Después habló con Bioy Casares y éste le dijo que era lo peor que podía haber hecho, porque él nunca tocaba ese tema.
"Es horrible para cualquiera que no pueda mirar, y más para una persona como él, con su sensibilidad. Esa vez realmente me sentí muy mal", recuerda Mérica, quien parece revivir con estas anécdotas sus días de gloria, forjados con el grabador y la máquina de escribir.
Aparicio Saravia y Gardel
Hablar largo y tendido con el entrevistado es una de las claves para una buena entrevista. Incluso, hacer más de un reportaje a la misma figura. Producto de esa constancia es que Ramón Mérica llegó a averiguar asuntos que eran poco o nada conocidos, algunos de los cuales aparecen en Con alma y vida, que se presentó el jueves 28 de diciembre en el Mercado de la Abundancia. Allí el lector se puede enterar que Borges odiaba su famoso poema No fui feliz, y que de niño había estado en Montevideo en 1904, con su familia. Corrían los días de la revolución de Saravia, y él estaba con su familia en una quinta de Paso Molino. El padre de Borges, alarmado por la situación, fue a consultar a Luis Melián Lafinur para preguntarle si había peligro, a lo que éste le contestó: "El gaucho le teme a la ciudad, Saravia sabe que si su ejército, que es toda gente del norte, entra en Montevideo, se desbanda enseguida". "Y claro -proseguía Borges-, se quedarían en los almacenes, en los prostíbulos. Y después dijo mi padre: `Por primera vez en mi vida comprendí que la Historia servía para algo`."
Otros detalles que revela el libro (que tiene varios antecedentes, el primero editado por Arca en 1976 con el nombre Agonistas y protagonistas) se centran en la figura de Carlos Gardel, a través de los recuerdos de su novia. Surge así la imagen cotidiana de El Mago, un hombre generoso y supersticioso, amigo de ir al cine, al box y por supuesto, a las carreras. Su novia lo recordó como un hombre muy divertido, una especie de "niño grande", aportando un detalle curioso: tras la gran sonrisa de Carlos Gardel se escondía una dentadura sin muelas, según contó a Mérica Isabel Martínez del Valle.