MATÍAS CASTRO
Un galeón y sus tripulantes son atacados por una planta marina gigantesca. Un pirata es abandonado en una isla con un gato por única compañía. Muchos bucaneros se emborrachan en una taberna. Y todo ocurre dentro de un galpón del Cordón.
Y además, todo sucede en miniatura, ya que esas tres son algunas de las escenas de la película Selkirk, que el director Walter Tournier está terminando de filmar en estas semanas. Con él trabaja un equipo de animadores, constructores de marionetas, costureros, diseñadores, pintores, maquetistas, sonidistas y camarógrafos que contribuyen a darle vida a los muñecos protagonistas de una historia que recrea e imagina lo que le ocurrió al hombre que inspiró Robinson Crusoe.
Pero lo que maneja Tournier y su gente está lejos de parecer de carne y hueso.
Se trata de marionetas animadas con la técnica del stop motion. Es la especialidad que Tournier ha dominado con maestría y paciencia artesanal en películas y cortos como Navidad Caribeña, Los Tatitos, La Canilla Perfecta y Tonky entre muchos otros. Con unos veinte centímetros de altura, los muñecos se agrupan por decenas en los talleres que están junto al estudio de filmación. Cada uno tiene su propia vestimenta trabajada hasta el más mínimo detalle y sus objetos de utilería. También hay animales hechos a escala, escenarios completos y muebles adecuados para ellos. Es un pequeño universo de piratas reproducido con figuras diseñadas por Tunda Prada.
De cada muñeco hay cuatro o cinco copias que le han permitido al equipo hacer más de una escena a la vez en varios escenarios simultáneos. El trabajo con esta técnica es tan lento como exigente. En uno de los estudios una animadora armada con una pinza retoca detalles imperceptibles sobre la cubierta rajada de un barco. Por esa grieta irrumpirá la planta marina que ataca a los tripulantes; pero para que el espectador se crea que eso ocurra esta animadora y el resto del equipo tienen un trabajo de muchísimas semanas en las que deben fotografiar los movimientos de modo de tener 24 imágenes por cada segundo. En una película de 90 minutos de stop motion se necesitarán casi 130 mil fotografías como mínimo.
Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe, es un proyecto que comenzó a partir de conversaciones entre Tournier y el productor Esteban Schroeder, también director de El viñedo y Matar a todos. Su primera idea fue hacer un largometraje sobre la historia del tiempo, pero la cambiaron a partir de conversaciones con socios chilenos. Eso fue hace unos diez años, cuando encontraron la historia de Alexander Selkirk, un navegante escocés de fines del siglo XVII que fue abandonado en una isla desierta durante cuatro años. Lo que le ocurrió fue, supuestamente, material de inspiración para la novela Robinson Crusoe de Daniel Danfoe. Irónicamente, la isla en la que vivió ubicada en el archipiélago de Juan Fernández cerca de Chile, se llama hoy Robinson Crusoe.
Si bien el guión fue escrito en Uruguay entre Tournier y Mario Jacob (aunque hubo reescrituras y pulidos del argentino Enrique Cortés) y la filmación se hace aquí, los procesos posteriores se realizarán en el extranjero. El montaje y el trabajo de sonido se harán en Argentina y los fondos digitales, que incluyen paisajes, agua, clima y demás, se agregan en Chile. El estudio en Uruguay se montó a comienzos del año pasado y el rodaje allí terminará a fines de agosto. Lo que queda de posproducción y montaje se hará a continuación con la idea de estrenar la película en febrero en varios países, ya que tienen un distribuidor internacional asegurado.
A lo largo de muchos metros de una de las paredes del estudio hay colocadas aproximadamente 1.200 tarjetas. Cada una tiene un dibujo de una escena de la película, un código que la identifica y una línea de diálogo. Las que ya han sido filmadas tienen un fotograma de la película pegado sobre el dibujo. De este modo ese largo panel sobre la pared funciona como mapa e indica que aún quedan unas cien escenas por filmar, cosa que se hará en las próximas semanas. Al barco de Selkirk le quedan todavía varias millas marinas por recorrer. Cuando llegue a su destino, el público descubrirá que esas 1.200 tomas de maquetas, marionetas y utilería se convierte en una aventura con vida propia sobre la pantalla grande.