Detrás de Taylor Kitsch, protagonista de "John Carter", la nueva superproducción de Disney, detrás de los personajes digitales del film, de su épica e incluso de su humor, hay un nombre: Andrew Stanton. Y va acompañado por un viejo sueño.
La clave para que cualquier proyecto salga bien es hacer y rehacer y, sobre todo, equivocarse. Andrew Stanton (Buscando a Nemo, Wall E), afirma esto mientras cuenta como trabajan en los exitosos y premiados estudios Pixar. Esa idea era particularmente sostenida por Steve Jobs, fundador de esta empresa. "La idea de que no es necesario volver a filmar tomas de una película con actores es la forma más ridícula de pensar. Es como decirle a un guitarrista que solo puede tocar las cuerdas una vez y que su canción tiene que ser maravillosa y que si no lo logra no hay trato. Es estúpido", dice Stanton con tono docente y muy claro. "¿Por qué vas a atar el proceso creativo de esa manera? Lo que ocurre al filmar películas con actores es que volver a hacer escenas es algo increíblemente caro y ese es mi principal problema con la forma en que se hacen. Y lo interesante de Pixar es que ellos crearon un lugar donde se espera y se promueve la repetición. Y Steve (Jobs) entendía eso, por ello impulsó un lugar donde se espera que falles y hasta se promociona que falles".
El motivo por el que este director ganador del Oscar habla sobre el proceso de trabajo es que durante casi dos décadas se acostumbró a pulir sus proyectos de ese modo, pero al hacer John Carter con Disney y fuera de Pixar tuvo que adaptarse a otro sistema. Y la cuestión surge durante un encuentro con prensa de muchos países, entre los que estaba Uruguay, porque corrían rumores nefastos de que habían vuelto a filmar escenas de John Carter porque
el resultado no satisfacía a los productores. "¿Te preguntas por qué somos buenos (en Pixar)? Porque reescribimos, reescribimos y seguimos reescribiendo y filmando una y otra vez. No somos genios. Solo somos lo suficientemente listos para saber que lo que hacemos no es suficientemente bueno y que necesita más trabajo".
El tema de los rumores que circulan es una constante en sus encuentros con la prensa con motivo del estreno de esta película. Pero antes que todo esto, corre la historia de cómo John Carter llegó a su vida y se convirtió en su primera película con actores de carne y hueso luego de quince años de animación.
En 1912 el escritor William Rice Burroughs, creador de Tarzán, publicó el primer capítulo de las aventuras de John Carter, un soldado de la Tierra que misteriosamente se materializa en Marte y termina convertido en un héroe en medio de luchas legendarias con los habitantes de ese planeta. A fines de los años sesenta, Andrew Stanton, que luego escribiría las tres Toy Story y dirigiría Buscando a Nemo y Wall-E, leyó John Carter de Marte y sus continuaciones. Años más tarde, con el estreno de La guerra de las galaxias, Stanton comenzó a soñar con una película que adaptara las novelas.
Hace poco, recostado contra una pared, copa de vino en mano y muy distendido, contó en un encuentro informal a un grupo de periodistas de varios países, que se metió en el mundo del cine trabajando para los estudios Pixar y que ha deseado que alguien hiciera una película sobre John Carter. Hasta que tuvo su oportunidad.
Antes hubo intentos en la década del treinta, en los años ochenta y también en la última década. Robert Rodriguez, Kerry Conran (Capitán Sky y el mundo del mañana) y Jon Favreau, fueron algunos de los directores que estuvieron a punto de concretar una película de John Carter. De hecho hay una adaptación de otros estudios hecha hace dos años que ni Stanton ni los productores de Disney quieren mencionar, que fue directo al DVD debido a que contaba con muy bajo presupuesto y que estaba protagonizada por la ex actriz porno Traci Lords.
John Carter, la de Andrew Stanton y Disney, apunta a captar público masivo y a generar una franquicia formada por tres películas. De todos modos, si las cifras no acompañan, aclara el director y libretista, la primera película podrá verse de forma independiente. Y si la recaudación de taquilla lo permite, las tres películas se podrán ver juntas o por separado, sin afectarse.
En torno al dinero aparecen otros rumores. Uno de ellos es que Disney necesita recuperar setecientos millones de dólares para confirmar una secuela. Mentira, dice Stanton y la productora Lindsey Collins. "Una buena lección es que si algo está en Internet no necesariamente es verdad" afirma el director con el mismo tono docente con el que explicaba su método de trabajo.
pasión. La oportunidad por filmar su novela favorita no le llegó por casualidad. Cuando hace pocos años Disney perdió los derechos de John Carter tras varios intentos fallidos (el último fue el de Jon Favreau, quien optó por hacer Iron Man), Stanton habló con algunos productores y les dijo que si alguna vez querían retomar la idea, le dieran una oportunidad. Poco después, Disney volvió a negociar con los herederos de Burroughs, recuperó los derechos para una adaptación al cine y lo convocó para que les presentase un proyecto. Impulsado por la idea de que sería su única chance de hacer algo fuera de la animación, Stanton les propuso hacer una película ambientada a comienzos del siglo XX, tal como la novela, y centrada en el proceso de madurez de su protagonista, su amistad con el alienígena Tars Tarkas (Willem Dafoe) y con la princesa Dejah Thoris (Lynn Collins).
Y si bien ese es el eje, todo está vestido con una historia épica de fantasía y ciencia ficción que inevitablemente será comparada con Avatar y La guerra de las galaxias, entre otras. "Desde el principio sabía que iba a ser comparada y no quise luchar contra eso", decía Stanton para luego agregar que lo que ocurre en el fondo, es que las novelas de John Carter fueron inspiración manifiesta para esas películas y muchas otras.
El formato de la película, como es de esperar en estos tiempos de superproducciones de entretenimiento, es 3D. Pero Stanton la filmó en forma tradicional y Disney resolvió convertirla para lograr mayor recaudación en salas. "Es su dinero, es su película. No estoy en contra pero nunca lo voy a promover para que se haga. No me preocupa tanto eso como tener la chance de poder hacer otra película".
La presión por el resultado económico, cuenta, no lo afecta en su trabajo ni tiene que ver con sus metas en este proyecto en particular. "Mi objetivo es que valga la pena ver la película, ahora o dentro de diez años. Eso es todo lo que puedo decir que quiero apuntar".