MATÍAS CASTRO
Mel Gibson ha atravesado más problemas personales que ningún otro actor en estos tres años. Su último papel en cine en el film "La doble vida de Walter" refleja esto, porque fue tan elogiado por la crítica como ignorado por el público en EE.UU.
A esta altura, Jodie Foster que es la directora y coprotagonista del film, es de las pocas personas que defienden a Mel Gibson en el plano personal. Ella lo eligió para protagonizar esta historia sobre un ejecutivo deprimido que apela a la marioneta de un castor (que encuentra de casualidad) para superar sus problemas y expresarse a través de su alter ego. Para alguien que estuvo más de seis años lejos del cine y que volvió el año pasado con la irregular Al filo de la oscuridad, en medio de un gigantesco y ascendente escándalo por su vida privada, un papel así fue toda una oportunidad.
Como pocas veces ha ocurrido, esta película sufrió las consecuencias del cambio de imagen de su protagonista. Gibson primero fue acusado de antisemita por sus dichos, luego de ser un tipo agresivo, de ser arrogante y, finalmente, de ejercer la violencia doméstica. Su ex, Oksana Grigorieva, lo grabó amenazándola violentamente y el audio circuló por Internet asestando un golpe de gracia a su imagen. Al menos en Estados Unidos.
Tal como algunos analistas habían previsto, la distribución en salas de su país de origen fue dificultosa y llevó a que la recaudación total de boletería fuese de 970 mil dólares (menos del 5% de su costo). Por tratarse de una película que tiene a una figura de prestigio como Foster y a una (ex) estrella como Gibson en su reparto, un resultado así fue ciertamente sorprendente. El público y, en particular los distribuidores y publicistas de Estados Unidos se mostraron sensibles ante lo que ocurría con el actor.
Fuera de fronteras la cosa cambió y la película fue valorada con independencia de historias privadas.
Durante la última edición del festival de cine de Cannes, por ejemplo, su exhibición fue muy bien recibida y se habló elogiosamente de la actuación de Gibson. Varios medios se hicieron eco de esto, cosa que no es menor por tratarse de un personaje con un trastorno psicológico que un actor descuidado podría interpretar como un cliché.
Algunas críticas afirmaban que el actor realizaba un verdadero "tour de force" para encarnar a Walter, pasando por distintas etapas entre la luz y la oscuridad total. Entre agotado por las preguntas sobre su vida privada y la prudencia para evitar seguir metiendo la pata, participó discretamente de la campaña promocional intentando evadir cualquier interrogante. "Actué. No sé, creo que no se necesita mucho análisis", dijo por ejemplo en una de las oportunidades en que le preguntaron sobre el trabajo.
Jodie Foster, quien tiene su prestigio ganado como actriz y directora de películas como Mentes que brillan (1991) y Feriados en familia (1995) volvió a dirigir aquí después de quince años de no hacerlo. Se apoyó en un guión de Kyle Killen, autor que básicamente apareció en el panorama el año pasado con este film y con los libretos de un par de series de televisión.
"Mi película trata el tema de cómo una familia en crisis logra salir adelante con sus propias fuerzas. Tal vez eso ocurra raramente en la vida real, pero es frecuente en el cine", dijo Foster en ocasión de la complicada campaña promocional del film. Como era previsible, en cada entrevista le preguntaban sobre Gibson y sobre cómo lo veía en el contexto de las acusaciones que ha recibido. Intentando no meter el dedo en la llaga, la directora lo defendió siempre como actor profesional y se dijo su amiga. "Es un hombre increíblemente reservado, así que lo que muestra en la pantalla es lo más profundo a donde se puede llegar... Es su forma de decirle al público `Este soy yo`".