MATÍAS CASTRO
Leer, pero tampoco tanto que es cansador. Esa parece ser la consigna. Una encuesta realizada hace pocos días y publicada por el periódico español ABC aportó un dato muy revelador sobre los consumidores de la prensa y literatura cholula.
David Beckham publicó un libro con sus memorias y lo vendió muy bien. Pero no logró la parte final del proceso que es hacer que el lector lea hasta el final, cosa que esta columna intenta aunque no sabe si lo logra siempre. Para cualquiera que lea por lo menos uno o dos buenos libros al año, esta noticia resultaría sorprendente. Pero todo es posible en el mundo de la fama. No por dedicarse al fútbol hay que despreciar un libro de Beckham. Después de todo, el mundo del fútbol, de los contratos, pasarelas y negocios ocultos, tiene que rendir para mucho. El cocinero Anthony Bourdain había demostrado que, con algo de mala intención y buena pluma, hasta el mundo de la cocina puede ser una montaña rusa de historias (recomendado leer Confesiones de un chef).
El asunto es que las memorias de Beckham se han convertido en el segundo de los libros más leídos del país pero menos leído. Lamentablemente la encuesta no revela las razones. Algo similar le ocurre a un libro sobre la vida de Bill Clinton que está en tercer lugar.
El primer puesto lo tiene un libro sobre un ex ministro del interior británico. Además en la lista figuran hasta Ulises de James Joyce y el cuarto tomo de Harry Potter, formando una improbable combinación. De Borges se ha dicho algo similar, y probablemente se podrían agregar a la lista la Biblia, El capital y Don Quijote. No se puede culpar a nadie, son libros gordotes (no los de Borges, atentos), pero como dijeron los mismos encuestados, quedan lindos en las bibliotecas. Sobre todo si tienen la cara linda de Beckham en el lomo.