Lectura para las vacaciones

Por suerte, aún queda bastante gente que espera ansiosamente la llegada de sus vacaciones para internarse en el territorio de la lectura, pasear entre buenos libros... y volver al trabajo con el placer de haber aprovechado muy bien el plazo de descanso. Para quienes escriben con destino al lector de prensa (o para quienes tratan de escribir, como es mi caso) es ineludible llevar consigo -cualquiera sea el escenario vacacional- algunos libros que nos ayuden a mejorar esa tarea, al tiempo que enriquezcan nuestro conocimiento (jamás pensemos en el dominio) del idioma.

Estaba en mis planes -cada día, más difíciles de concretar- lograr por todos los medios posibles y a pagar en 20 cuotas sin recargo, la Nueva Gramática de la Lengua Española, que justamente un año atrás se lanzó en Madrid. Los dos volúmenes de tapas anaranjadas fueron puestos, en función de estreno, en manos del rey Juan Carlos, quien los hojeó y sopesó fingiendo un tremendo esfuerzo, que obligó al director de la Real Academia Española a decirle, sonriente: "Son cinco kilos, Majestad. No es para leer en el subte".

Durante once años, elaboraron semejante mamotreto los miembros de 22 academias del mundo hispanoparlante (400 millones de seres humanos). La novedad más saliente refleja la apertura de España, que mantenía "su hegemonía en la aceptación de una unidad geográfica con diferentes áreas lingüísticas, países o regiones, y sociedades".

Pero, bien miradas las cosas desde un ángulo de sinceridad, no creo que en el curso de tres semanas y pico, yo vaya a poder leer 3.385 páginas, 54 introducciones, 40.000 ejemplos (de los cuales, 18.977 fueron seleccionados de 3.767 obras de autores hispano hablantes) y 3.381 citas procedentes de titulares de periódicos. Entre la muchachada que aportó algo a la monumental obra, figura esta delantera: Alfonso X el Sabio, Cervantes, García Márquez, Jorge Luis Borges y Mario Benedetti. Esta fantasía futbolística no está tan traída de los pelos como podría comentarse, ya que por una de las páginas de la Nueva Gramática trota el nombre de Maradona, quien movió a los académicos a preguntarse por qué su libro "Yo soy el Diego" no se titula "Yo soy Diego", sin la invasión del artículo.

Se nota que conocen poco o nada, al Diego.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar