Una boda en un castillo es digna de un cuento de hadas. Eso es lo que hizo Tom Cruise cuando se casó, cinco años atrás, con Katie Holmes en Italia. Es lo que supuestamente hará Brad Pitt con Angelina Jolie en muy poco tiempo, si se cumple el pronóstico en el que insisten tantos rumores. Para el público en general un casamiento así puede dar pie a la mayor cantidad de comentarios en lo que va del año. También representa la confirmación de que figuras como ellos viven las vidas con las que mucha gente sueña. Y, además, una boda así podría representar un gran negocio para los medios del espectáculo.
Cuando se casó la cantante estadounidense Katy Perry con el actor británico Russell Brand en una reserva de India, hace más de un año, los paparazzi los siguieron como jauría de perros. Los fotógrafos viajaron hasta allí y se internaron tras ellos en una larga persecución que terminó cuando los encargados de seguridad los echaron. Fue la demostración de que cualquier foto de esa boda valía mucho dinero, porque para muchísima gente en todo el mundo un casamiento de dos famosos en una reserva exclusiva en India es lo más parecido que tiene el mundo real a la boda entre Blancanieves y el príncipe.
En la columna de ayer hablaba sobre cómo las familias, especialmente la gestación de una familia, puede ser una historia que se venda muy bien en los medios de la farándula. Dado que los famosos y los medios venden vidas de cuentos de hadas, cuando forman una familia, o sea, tienen hijos o se casan, llegan a una pequeña culminación en esa historia idílica.
La historia de Jorge Rial y su pareja nueva tiene mucho de esto, como ya comenté. Los rumores de casamiento entre Pitt y Jolie insinúan que si se realiza alguna vez, el mundo de la farándula podría ver el mayor cuento de hadas en muchos años, pero en la realidad. Cuando consumimos historias de la farándula, no hacemos más que seguir vidas idílicas que, tal vez, no son más que fachadas.