Las nuevas invasiones belgas

| Rescate. El cine recupera a los populares personajes de cómic creados por Peyo y Hergé

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GUILLERMO ZAPIOLA

Cuando se estrenó "Avatar" y se conoció el color de los Navis, alguien comentó que se trataba simplemente de que los Pitufos habían crecido. El modelo original reaparece en la película ya en cartelera que se estrena "oficialmente" el viernes.

Los Pitufos llegan a la pantalla grande (y hasta al 3D) en una versión que combina animación con actores de carne y hueso, con el añadido de la "modernización". Los enanitos azules llegan a Nueva York en tiempo contemporáneo como consecuencia de una manipulación de su pérfido enemigo Gargamel (Hank Azaria), y deben buscar la forma de volver a su propio mundo. Para ello contarán con la ayuda de algunos humanos, particularmente una joven pareja (Neil Patrick Harris, Jayma Mays) que está esperando un bebé.

Escrita por J. David Stem, David N. Weiss, Jay Scherick y David Ronn a partir de los personajes creados por el belga Peyo, la película ha sido dirigida por Raja Gosnell, quien ha hecho comedia (Mi pobre angelito 3, 1997; Nunca besada, 1999; Los tuyos, los míos y los nuestros, 2005; Un chihuahua en Beverly Hills, 2008), y también ha combinado la acción viva con la animación (Scooby Doo, 2002, y su secuela Scooby Doo 2: monstruos sueltos, 2004).

ANTECEDENTES. Creados en 1958 por el belga Pierre "Peyo" Culliford, Los Pitufos (llamados originalmente "Schtroumpfs" y en inglés "Smurfs") fueron primero una exitosa historieta que pronto dio lugar a una industria que abarcó libros, series de televisión, películas de animación y la consabida venta de muñequitos. Para el público uruguayo (o para una generación de él, al menos), fueron sobre todo los personajes televisivos de la exitosa serie que un canal montevideano emitía en los años ochenta.

Jordan Kerner, uno de los productores de este relanzamiento internacional de Los Pitufos, tiene su explicación para el perdurable éxito de los personajes: a su juicio representan lo mejor que tiene la humanidad. "Son la analogía de una nación", sostiene. "Muestran la importancia de la familia y de la cooperación. Lo que es más importante, siempre ven lo mejor de una persona. Realmente se preocupan por el otro y se cuidan entre sí".

Llevar a la gran pantalla Los Pitufos fue un sueño largamente acariciado por Kerner. Hace más de treinta años, en 1980, durante un desayuno de trabajo, el ejecutivo de la NBC Brandon Tartikoff le sugirió que leyera los libros sobre los personajes, porque estaba planeando la serie de televisión sobre ellos que efectivamente salió al aire un año, y que fue encargada al equipo Hanna/Barbera. La serie duró ocho años y se produjeron 256 episodios.

A Kerner le quedó en la cabeza que ahí había, además, una película, y en 1997 se puso en contacto por primera vez con Lafig, el agente que manejaba la licencia de los enanitos azules, planteando la idea. Tuvieron que pasar cinco años antes de que, en 2002, los herederos de Peyo se interesaran en la oferta.

Véronique Culliford, la hija de Peyo, explica la permanencia de Los Pitufos por su carácter universal: "Son todos muy parecidos, pero cada uno de ellos es diferente y único", dice. Según ella, todos pueden reconocerse en algún Pitufo. Hay uno para cada personalidad. "Son el espejo de nuestras vidas", sostiene Véronique.

RENACIMIENTO. La reaparición de Los Pitufos parece enmarcarse en un proceso de revitalización del cómic de origen belga. No es por cierto casual que el film sobre los pequeños azules aparezca pocos meses antes del estreno mundial de Las aventuras de Tintin: el secreto del unicornio, animación de largometraje de Steven Spielberg y Peter Jackson sobre el personaje del periodista adolescente creado por el también belga Hergé.

La casi coincidencia en pantalla de ambos personajes ha servido para resucitar algunas polémicas más bien idiotas. Se entiende, por ejemplo, que se saque a relucir el trasfondo un tanto racista y colonialista de las historietas de Tintin, cuyo héroe solía visitar países exóticos y "bárbaros" a los que llevaba la civilización (es decir, la "cultura europea"). Es más divertido (porque de hecho resulta mucho más disparatado) averiguar que hubo quien dijo que los Pitufos eran una representación del comunismo porque vivían en una aldea presidida por un anciano de barba con gorro rojo donde cada poblador era identificado por su oficio, mientras otros afirmaban que debía existir alguna una extraña conexión con el Ku Klux Klan, porque todos lucían uniformes blancos.

Naturalmente, si uno se esfuerza puede encontrar un subliminal mensaje subversivo en Blancanieves y los siete enanitos de Walt Disney, una película que por un lado deja muy mal parada a la monarquía (¡la reina es una bruja!) y al mismo tiempo comete la incorrección política de estereotipar a personajes de pequeña estatura. La gente ve lo que quiere, claro.

Más cómics de bélgica llegan al cine

Los Pitufos

Nacieron en 1958 y siguen tan campantes. En el mercado francoparlante primero, en el anglófono después (sobre todo a partir de la serie de Hannay y Barbera de los años ochenta), las andanzas de Papá Pitufo, sus subordinados y la querible Pitufina han conocido permanentemente el éxito.

Largo Winch

Antihéroe creado por el autor belga Jean Van Hamme, sus aventuras se publicaron por primera vez en la revista Mercure de France entre 1977 y 1984, y llegaron luego al libro, la televisión y dos películas. El personaje es hijo adoptivo de un millonario poco escrupuloso al que hereda y que se ve envuelto en intrigas y romances.

Tintin

Hay bastante de Indiana Jones en el personaje creado por Hergé (George Remi) en 1929. No es de extrañar que Spielberg, el director de las aventuras de Indy, haya decidido llevarlo también a la pantalla. Mundos exóticos, aventuras extravagantes y enemigos rocambolescos recorren sus páginas.

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