Las noches de Susana: un show que resiste al cambio

Histórica. A la diva le bastan pocas cosas para ser atracción

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BUENOS AIRES | IGNACIO QUARTINO

A falta de figuras de primer nivel en la televisión argentina, la presencia de Susana Giménez asoma como un oasis en medio de ciclos de chismes con escándalos desmedidos, películas repetidas y teleteatros de dudosa calidad.

Su público lo reconoce y, por algo, la diva que ganó el Martín Fierro de platino (la estatuilla elegida por voto popular) hace nueve días, aguardaron expectantes el inicio de la vigésimo tercer temporada a la televisión que anoche se vio en Uruguay por la pantalla de Monte Carlo.

Tras cinco meses de descanso, vestida de plateado en homenaje al color del Martín Fierro que ganó, Susana irrumpió en las cámaras, luego de una presentación coreográfica que hicieron en su honor al mejor estilo teatro de revista porteña, feliz por reencontrarse con su audiencia.

"Pasaron cinco meses de vacaciones, pero ¡cómo pasan de rápido! La gente va a pensar que estoy loca, pero estuve trabajando todo este tiempo con la revista y otras cosas", reconoció la diva que, de todos modos, logró estar en boca de todos los medios con sus andanzas durante del verano. ¿O acaso quién no sabe que Susana tuvo un romance fugaz con Damián Popiloff, que se operó por tercera vez la cadera, que vino a declarar a Uruguay por un juicio con una revista uruguaya y que su hija habría protagonizado una pelea callejera con la supuesta amante de su marido?

Como sucede con las grandes figuras, la diva de los teléfonos genera contenidos por sí sola: a esta altura su ciclo no necesita de secciones innovadoras. Por eso, la producción se esmeró para que en el debut del ciclo haya figuras de primer nivel, tal como lo exigió Susana.

Por eso, después de agradecer los innumerables ramos de flores que recibió por parte de importantes figuras públicas de todos los ámbitos, comenzó el desfile de estrellas. Primero fue el turno de Enrique Iglesias que presentó su nuevo disco, titulado Euforia. Posteriormente mantuvo un breve diálogo con Susana en el living, donde hablaron de la relación del cantante con la ex tenista rusa, Anna Kournikova.

Después llegó Diego Armando Maradona que se convirtió en el invitado central de este primer programa. Es más, hasta por momentos hizo acordar a una versión reducida de La noche del 10, ciclo conducido por el ex jugador en 2005, ya que la charla se extendió por más de 45 minutos. Durante ese lapso, el astro confesó que lleva seis años sin consumir drogas, confirmó que convocará a Martín Palermo a la selección y fue sorprendido con un emotivo contacto telefónico de su hija Gianina desde Madrid. La cumbre de divos se cerró cuando el DT de la selección argentina le obsequió a Susana una camiseta albiceleste firmada por él.

Pasó Maradona y, sin pausa alguna, Mamá Cora (el personaje interpretado por Antonio Gasalla) se sentó en el living de la diva para hacerle las preguntas que todos los televidentes le quisieran hacer a Su. Entre ellas, la operación de cadera, el fugaz romance con Damián Popiloff en el verano en Punta del Este, el Martín Fierro logrado por Verónica Lozano que puso en evidencia el descontento de la diva en la entrega de premios, la pelea de Mercedes (su hija) con el marido Eduardo Celasco (fue el único momento en que Susana habló en serio para aclarar una serie de rumores sobre la pareja) y, sin dar nombres, el actor y la rubia hablaron de la pelea entre Graciela Alfano y Aníbal Pachano en ShowMatch.

Ya en el último tramo de esta primera entrega del ciclo 2010, Ricardo Darín cumplió con la cábala de asistir a los regresos televisivos de su ex novia. Y para terminar, al fin hubo una tregua entre tanto diálogo para dar pie a un pasaje del musical La bella y la bestia con el que Susana se despidió hasta el próximo domingo.

Basta la presencia

El inicio de la vigésimo tercer temporada de Susana Giménez en televisión consiguió 24,8 puntos de rating en Buenos Aires. De esta manera queda demostrado que la sola presencia de la diva en cámaras excede la calidad de su propio ciclo televisivo que, a diferencia de otros años, no presentó ningún segmento o juego que generara expectativa previa.

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