Las milongas de un corazón rockero

| El nuevo álbum incluye un dúo con Pepe Guerra, "A Don José" y una versión de "Pal que se va"

FABIAN MURO

El ex-líder de Níquel, quien mañana cierra el ciclo musical "La X en vivo" en Sala Zitarrosa, abre las puertas de su casa para recibir a El País y hablar de su tercer disco solista, Milongas del querer. Entre libros con letras de Zitarrosa y Atahualpa Yupanqui, videos de Bob Dylan y fotos de Alfredo Evangelista y Willie Nelson, el cantante y compositor se sienta en un amplio sofá y da rienda suelta a su verborragia: "Muchos dicen que componer una canción es un desahogo y estoy de acuerdo con eso. Hablar sobre su propio disco también es un desahogo", dice entre risas como para justificar el torrente de palabras.

El nuevo álbum de Nasser profundiza en su exploración de la milonga, algo que comenzó en Efectos personales, el disco que editó hace dos años. Que un músico que hoy hace milongas cierre un ciclo de rock puede llamar la atención de algunos. "Pero sigue siendo rocanrol", dice Nasser. "Según algunos me alejé del rock. Otros dicen que no. Para mí, la razón está del lado de estos últimos. ¿Cómo podría dejar de ser rockero? Es mi palo, de ahí vengo. Pero también es cierto que hoy quiero explorar otras cosas y que durante mucho tiempo me sentí desencantado del rock, principalmente por la mala onda que sentí en la última etapa de Níquel. Cuando empecé a grabar, imaginaba que iba a ser un disco más eléctrico, pero entró la electricidad que tenía que entrar. Ahora estoy atrás de un nuevo sonido de guitarra con este pedal que ves acá, pero esas son cosas que no podés apurar. Hay que tener un poco de paciencia y dejar que se produzca un proceso de maduración".

Si la música que hace actualmente es o no rock es un tema que tiene sin cuidado a Nasser: "El otro día cerré otro ciclo, el del Teatro Stella. Fue un concierto maravilloso, dicho esto sin falsa modestia. Si es rock, si es milonga...qué sé yo. Para mí es música, es arte. Pero repito: sigo siendo un rockero. Además, recuperé la fe en el rock en español, algo que había perdido. ¿Sabés porqué? Por el disco quíntuple de Andrés Calamaro, El salmón. Quise incluir un agradecimiento a Calamaro en los créditos de Milongas del querer. Al final no me dio el lugar, porque tendría que haber agradecido a muchos más, pero Calamaro tuvo mucho que ver con mi nueva fe en el rock que se hace en nuestro idioma".

El nuevo álbum de Nasser fue concebido en su domicilio, en el pequeño y relativamente modesto estudio que el cantante y compositor ha montado al lado del living. "Una vez que todo estuvo grabado, les mostré las canciones a varios amigos y colegas. Escuché muchas sugerencias y consejos, pero después me encerré y lo terminé en solitario, sin escuchar otra voz que la mía. De todas maneras, hubo algunas cosas que determinamos con el Toto (Méndez) antes de grabar. Por ejemplo, evitamos caer en la tentación del punteo virtuoso, el exhibicionismo. Quería que fuese un disco despojado, por más que en comparación con Efectos personales es más complejo y elaborado".

A diferencia de la mayoría de los músicos, para los que cada uno de sus discos son obras de arte intachables, Nasser no tiene problemas para la autocrítica. "A mí me parece que Efectos personales tiene varias fallas, pero también creo que en su falibilidad está su grandeza. También pienso que Gargoland, de Níquel, es un disco mal tocado. Pero por otro lado me parece que pinta muy bien un cuadro de época, de lo que era la escena rockera uruguaya en ese momento", afirma.

En cuanto a las letras de Milongas del querer, Nasser presenta un disco mucho más íntimo que en ocasiones anteriores, en las cuales el amor es a menudo es una fuente de desilusiones y amarguras: "Es cierto, le canto al amor-dolor, pero no debe interpretarse como que estoy pasando por un mal momento. En última instancia, un disco sale varios meses, a veces hasta un año o más, luego de que fueron compuestas las canciones. Siempre hay un retraso. Me salieron así y es muy difícil verbalizar o racionalizar ese proceso, ni siquiera lo intento".

Hay en Milongas del querer dos ‘covers’, para usar un término del rock: Pa’l que se va y A Don José, esta última cantada a dúo con Pepe Guerra. Ambas composiciones son emblemas del cancionero folclórico y popular uruguayo y muchos lo habrían pensado más de dos veces antes de grabar una interpretación. "Es cierto, no son canciones cualquiera. Pero, vamos, hay que desdramatizar un poco la cosa", dice Nasser en una declaración típicamente rockera. Más allá de ese gesto, Nasser también persigue otros fines: "Son canciones que me emocionan desde que era muy chico y obvio que hay una intención de tributo. Hay también una reivindicación de lo nuestro en estos tiempos de urgencia económica, política y social al elegir cosas tan nuestras, tan de acá. Por último, me parece que son canciones que merecen varias versiones más. En otros lados, este tipo de canciones, esas que son casi de dominio público y la banda sonora de la vida de un país, son constantemente versionadas y acá eso no ocurre. Me pareció que era hora", dice quien ya ha incursionado en la interpretación de canciones de otros compositores uruguayos como Dino y Eduardo Mateo, entre otros.

Antes de terminar la entrevista, el dueño de casa vuelve al tema de los encasillamientos estilísticos que a menudo son inevitables: "Si hay que ponerle un sello, podría ser este: milonga-Nasser", concluye el cantautor con una sonrisa.

Con mayor confianza y personalidad

El segundo disco de Jorge Nasser mantiene la línea de Efectos personales, pero gran parte de lo que en aquel álbum parecían esbozos o inseguros primeros pasos, aquí se presenta como sinónimos de confianza y seguridad. Milongas del querer es un disco más esmerado desde el punto de vista sonoro. En esta oportunidad, Nasser logró un desempeño mucho mejor como productor artístico de su propio material.

Pero es en lo compositivo donde el músico ha conseguido dar un gran paso comparado con el disco anterior. Estas no solo son mejores sino que también ratifican el terreno que Nasser ha demarcado para sí en el área de los solistas que desde el rock o el pop han visitado la milonga y otros ritmos nuestros, como Jorge Drexler y Claudio Taddei. Donde Drexler apela a la fusión de distintos ritmos desde la computadora y Taddei lo hace sobre una potente y sofisticada base rockera, Nasser opta por la calidez de la guitarra de Toto Méndez y un enfoque "naturalista", sin secuencias preprogramadas o una banda de rock sonando atrás a todo vapor.

Las letras, por su parte, pertenecen a algunas de las mejores que Nasser ha redactado, especialmente en el tema que le da título al disco, Cuestión de tiempo y Humilde canción. Las únicas objeciones del que firma son la versión de Pa’l que se va, que logra convencer pero no conmover y el dúo que Nasser hace junto a Pepe Guerra, en el que se nota demasiado la condición de visitante de este rockero que hoy juega en las ligas del folclore, pero que no intenta borrar con su pasado.

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