Las caricaturas de Ombú ocupan el Museo de Arte Contemporáneo

En casa. Los trabajos del artista para El País son reunidos en una muestra

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JORGE ABBONDANZA

El martes, a las 19 horas, se abre en el Museo de Arte Contemporáneo (18 de Julio 965 piso 2) una exposición de dibujos y caricaturas de Fermín Hontou, que fueron publicadas en el suplemento Cultural de El País.

Las pequeñas líneas rectas, casi siempre agrupadas como si fueran renglones, caracterizan los dibujos de Hontou, que utiliza notoriamente el seudónimo de Ombú para firmar su obra gráfica. Esas líneas integran la tendencia del artista a resolver sus retratos en base a trazos rectos -eludiendo en lo posible toda la sensualidad ondulante de las curvas- lo cual confiere a sus trabajos el aire de una realización por medios mecánicos que en verdad no tienen y otorga a las figuras el ritmo de los muñecos articulados, transmitiendo la sensación del movimiento sincopado propio de los autómatas. Sin embargo, en lugar de entorpecer la identificación de los modelos, esa singularidad la beneficia, como si el recorte rectilíneo de cada silueta la cargara de energía vital, además de hacerlo inconfundible como recurso. Porque Hontou (mejor dicho, Ombú) dispone del privilegio indefinible de los grandes caricaturistas, que consiste en atrapar al vuelo el parecido de la obra con el personaje elegido, una cualidad que se suma al poderoso atractivo de sus trabajos, y que en el caso no impresiona como una aproximación laboriosa sino como un efecto logrado de golpe, una suerte de puntería instantánea, de origen instintivo, que se cuela no se sabe por dónde entre el rayado de las líneas.

Ombú pertenece a una generación que en este país ha dado caricaturistas destacados, como Hogue, Arotxa o Satut, dotados de sellos personales bien diferenciados, por detrás de los cuales corre el ya remoto y solitario patriarcado de Sábat. En el caso de Ombú, sus dibujos se publicaron con regularidad en varios periódicos y revistas de Montevideo, antes de ilustrar durante los últimos veinte años el suplemento Cultural de El País, que es la fuente abastecedora de esta muestra y el medio con el que sigue colaborando, al margen de lo que publica desde hace tiempo en diarios europeos y revistas americanas, incluyendo La Repubblica, Le Monde y Playboy, por cierto. Nacido en 1956, Hontou estudió en Club de Grabado y en los talleres de Guillermo Fernández y Alpuy, ha ganado premios en certámenes uruguayos e internacionales y se destaca también como autor de historietas divulgadas por algunas publicaciones locales.

La caricatura (del italiano caricare, es decir cargar las tintas) como género de expresión visual suele recaer en celebridades del área política y artística, a las que elige para plasmarlas en un arco de posibilidades de lenguaje que va desde lo festejable hasta lo dramático, según el tipo de deformación y los grados de intención que el creador aplica a esos semblantes famosos. Generalmente publicadas en órganos de prensa, las caricaturas como herramientas ilustrativas y casi siempre satíricas, se guían por las normas que rigen a dichos medios, y tienen por ello la misma vida pasajera que comparten con las notas que las acompañan. Como observa atinadamente en el catálogo del MAC el texto de Horacio Añón (responsable del "cuidado y selección" de las obras expuestas), "el arte impreso es efímero: se mira, se lee y se descarta. Pero quedan los originales. Estos, una vez cumplida la misión para la cual fueron creados, pueden y deben tener una segunda oportunidad, una segunda vida. Liberados del texto que los rodeaba, ingresan en otro ámbito, tienen un valor autónomo, libre de todo compromiso".

Para asignarles esa presencia más duradera, la muestra de Fermín Hontou permite al público relacionarse serenamente con dibujos de un valor por lo menos infrecuente, en cuya galería de retratos desfilan desde Idea Vilariño hasta Homero Alsina Thevenet, procurando -más allá del disfrute ante las obras- que el recuerdo que merecen los personajes no se extinga.

Cruces entre colegas y un homenaje

EL SELECCIONADOR. Horacio Añón, encargado de elegir la obra de Ombú, sostiene que las obras de éste "están bañadas por una luz muy característica, una luz que no llega de afuera sino que sale del interior del dibujo mismo. A sus retratados los deforma expresivamente pero nunca los ridiculiza ni humilla. Más bien toma una cierta distancia y desde allí los trata con curiosidad, respeto, humor y bastante ironía".

EL ARTISTA. Ombú ha querido que esta exposición también sirva para recordar a Homero Alsina Thevenet, a quien evoca en el catálogo. Mezclando calidez y humor, cuenta lo que fue su primer trabajo para El Cultural: una caricatura sobre Rodríguez Monegal que Alsina rechazó cuatro veces. La quinta fue publicada y Ombú cobró por el valor de cinco dibujos. "Lo que siempre sospeché es que Homero sabía o intuía que yo andaba mal de plata y quiso ayudarme de una manera sutil y elegante como él sabía y podía hacerlo".

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