La vida diaria como caldo de cultivo de la violencia

Estreno. Se editó en DVD el valioso film israelí "El insulto"

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GUILLERMO ZAPIOLA

Un film de Israel es por cierto una rareza tanto en las pantallas de cine como en el mercado de video locales, y ese es el primer atractivo de "El insulto", producción de origen israelí dirigida por Tzahi Grad que se ha editado directamente en DVD.

El film mismo, más allá de cualquier origen, tiene su interés propio. Hay algo de Un día de furia, aquella película de Joel Schumacher con Michael Douglas, en esta historia de un hombre común que se involucra en una sucesión de violencias como respuesta a las humillaciones a las que la sociedad lo somete.

Todo comienza el día que en Israel se recuerdan las atrocidades del Holocausto. Casi desde el momento que se despierta, el "hombre común" en cuestión (Gal Zaid) averigua que va a ser "uno de esos días". Muy pronto, su esposa (Keren Mor) responde con un gesto obsceno a un conductor imprudente, y el hombre contraataca estrellando su vehículo contra su puerta y casi matándola.

La mujer le exige a su marido que "haga algo", pero el hombre tarda en decidirse (es, de hecho, un depresivo con dificultades de expresión). De todos modos, finalmente va a la policía, trata de hacer la denuncia correspondiente, y nadie parece hacerle caso. Para peor. a cierta altura se averigua que el ofensor del auto es un delincuente (Asher Tsarfati) con conexiones en las altas esferas.

Y a partir de ahí todo empieza a salirse de curso. El protagonista va con un primo (Ya`acov Ayaly) a la mezcla de boliche y prostíbulo regenteado por el gángster, tiene un primer estallido de furia que lo impulsa a perpetrar algunos estropicios menores, y el dueño de casa también se enoja. A continuación, el protagonista comienza a recibir algunas visitas desagradables, los niveles de tensión y amenaza crecen, y todo conduce a un enfrentamiento final que incluye algún elemento perturbador.

El director Grad y sus libretistas Zaid y Ayaly utilizan ese esquema para armar no solamente un relato tenso y eficiente, que maneja con habilidad sus momentos de bravura, sus pausas y sus silencios, sino que también lo aprovechan para anotar elementos de la vida cotidiana y sus rituales, y deslizar algunos dardos sobre ciertos rasgos del carácter israelí, por ejemplo el machismo.

Pensándolo bien, no solo israelí, en todo caso. Porque entre los blancos de Grad y su equipo están también la corrupción, el desinterés burocrático y otros datos de la naturaleza humana que hacen que el resultado sea, realmente, bastante universal.

La película se anota sus mejores logros cuando se concentra en su central línea anecdótica, y pierde pie cuando se dispersa en `subplots` y personajes secundarios. Alguien ha dicho ya que el personaje del primo debió estar mejor desarrollado, o de lo contrario ser eliminado de la historia, y la tensión sexual entre el protagonista y una niñera no agrega realmente gran cosa a todo el asunto. Algún giro en el comportamiento de la esposa también camina al filo de la "suspensión de la incredulidad".

Sin embargo, lo mejor del film funciona de veras: el mecanismo de tensiones, la creación de una atmósfera amenazadora e inquietante que una cámara atenta sabe resaltar. Se sabe poco del director Grad en esta región del mundo, pero en Israel ha recibido elogios por algunos de sus trabajos anteriores (especialmente un film llamado Jirafas). Con este título obtuvo el premio a mejor film en el festival de Haifa.

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