GUILLERMO ZAPIOLA
Eddie Murphy padece varios sobresaltos en La mansión embrujada, uno de los estrenos de hoy. La película está basada (al igual que La maldición del Perla Negra) en un parque temático de la empresa Disney. La casa del título fue una vez, antes de la Guerra de Secesión, un fastuoso palacio que recibió a la "mejor sociedad" de Nueva Orleans. Hoy es un lugar mucho menos habitable, poblado por 999 fantasmas empeñados en defender su espacio vital.
El asunto arranca con un vendedor de bienes raíces (Murphy) que cree tener entre las manos un gran negocio cuando el actual dueño de casa decide desprenderse de ella y requiere sus servicios. Murphy y familia se trasladan a la mansión, ubicada en una localidad pantanosa y remota, y al principio se burlan de las historias sobrenaturales que se cuentan sobre el lugar. Después empiezan los sustos.
FANTASIA. El director Rob Minkoff, que parece estarse acostumbrando a las casas en las que pasan cosas raras (fue quien hizo las dos películas del ratón Stuart Little), describe a La mansión embrujada como "una historia de romance, misterio y comedia". El cineasta señala igualmente que el film tiene su costado de cuento de hadas ("un ángulo a la Romeo y Julieta", asegura), elementos cómicos y algunos horrores que asoman de pronto en el mausoleo o el cercano cementerio. Según Minkoff "es muy divertido extraer de todas estas distintas fuentes y géneros, y combinarlos en algo nuevo y diferente".
Minkoff esgrime su desempeño anterior en el cine de animación (trabajó en El rey león) como un adecuado entrenamiento para enfrentar los desafíos de una película de acción viva poblada de efectos especiales. El director denomina "elegancia de embrujo" al tono que quiso imponer a su film, y que discutió con sus colaboradores del equipo técnico.
"Cuando la familia Evers ingresa en la mansión, es casi como si entrara de nuevo en el siglo XIX", sostiene el director. "Diseñamos un escenario muy elegante y los trajes son ricos en detalle y color, y esto contribuye a la elaboración del mundo de esta historia. La riqueza de la textura y el detalle robustece la narración, les da una elegancia de embrujo a la mansión misma y a todos sus personajes". En opinión de Minkoff, la mansión tenía que convertirse en un personaje tan fuerte como cualquiera de los humanos.
EFECTOS. Una de las cartas a las que apuesta el film es el legendario experto en efectos especiales de maquillaje Rick Baker, un hombre cuya filmografía incluye títulos como King Kong (1976), El hombre lobo americano, Hombres de negro o Gorilas en la niebla, entre muchos otros films. Baker debió proporcionar el aluvión de fantasmas, esqueletos, espíritus y zombies que rondan la casa. Baker tuvo que trabajar estrechamente con otros técnicos y especialistas, entre ellos la vestuarista Mona May: había que mezclar actores de carne y hueso, maquillaje, efectos visuales de vanguardia generados por computadora y toda otra serie de elementos.
El técnico en efectos especiales Jay Redd, quien ya trabajara con el directo Minkoff en Stuart Little, agrega que "no queríamos crear los estereotípicos fantasmas flotantes de color azul que se han visto en otras películas. Queríamos algo diferente, de modo que ideamos una ‘lógica de fantasmas’ que dictara su apariencia". En medio de esos sustos circula un elenco que incluye también a Terence Stamp, Jennifer Tilly, Nathaniel Parker, Wallace Shawn y otros.