La tercera entrega de la serie vuelve a la fuente

| Retorno. "La travesía del Viajero del Alba" recupera el fantástico mundo creado por el británico C. S. Lewis

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GUILLERMO ZAPIOLA

Una nueva empresa coproductora, un nuevo director. Las compañías Walden y Fox intentan realmente relanzar una franquicia en peligro con "Las crónicas de Narnia: la travesía del Viajero del Alba", que ya se exhibe en preestreno.

Desde que Disney abandonó la serie tras el semifracaso de taquilla de su segunda entrega (El príncipe Caspian, 2008), Walden estuvo buscando un socio y lo encontró en Fox. También buscaron la manera de reformular el proyecto, y acaso buscar a su verdadero público (o al menos, su "público preferencial"), haciendo a un lado algunos erróneos criterios de adaptación que acaso perjudicaron ante algunos mercados su posibilidad de éxito.

Hagamos un poco de historia. A Walden y Disney les fue muy bien con la primera película de la saga basada en los libros de Clive Staples Lewis (El león, la bruja y el ropero, 2005), que recaudó unos respetables 745 millones de dólares en el mercado mundial, pero la cifra descendió a unos "apenas" 420 millones con la segunda entrega, El príncipe Caspian. Esa cifra no satisfizo a Disney, que no lo consideró compensación suficiente de los 350 millones invertidos en producción y publicidad, y decidió no continuar con la serie.

Walden convenció finalmente a 20th Century-Fox para incorporarse al proyecto, y así cobró vida La travesía del Viajero del Alba. Por el camino se perdió también el director original, Andrew Adam- son, y fue reemplazado por el veterano Michael Apted (Gorilas en la niebla, El mundo no basta).

La historia cuenta el regreso a Narnia de dos de los hermanos Pevensie, Lucy y Edmund (Georgie Henley, Skandar Keynes) junto con su primo Eustace (Will Poulter). Reencontrarán al príncipe Caspian (Ben Barnes) y emprenderán con él un extraordinario viaje en el navío del título, a lo largo del cual enfrentarán diversos peligro y se encontrarán con toda clase de seres fantásticos y mitológicos (duendes, sirenas, una siniestra serpiente de mar).

Una de las apuestas de Walden/Fox para revitalizar la serie, especialmente en el mercado anglosajón (donde se ubica el mayor número de seguidores del gran C.S. Lewis) fue una palabra obvia que Disney, especialmente en El príncipe Caspian, se empeñó en escamotear: cristianismo. No se puede llevar al cine un libro del que acaso sea el mayor creador de ficción cristiana del siglo XX, y eliminar (o en todo caso difuminar) ese aspecto de su obra. La dimensión "crística" del león Aslan (que en su versión original sigue teniendo la voz de Liam Neeson) es evidente para cualquiera que sepa leerla, y la primera película de la serie, El león, la bruja y el ropero la mantenía, de manera un tanto burda y probablemente de mala gana. Por supuesto, las novelas de Lewis son (como las de su colega y amigo, el católico Tolkien) historias fantásticas y no sermones, algo que muchos escritores con una agenda deberían aprender. No es imprescindible compartir sus creencias para "entrar" en su narrativa, del mismo modo que no se requiere ser marxista para apreciar la obra escénica de Brecht o el cine de Visconti.

VARIANTES. Debe de haber sido idea de los lúcidos ejecutivos de Disney (los de Walden son cristianos protestantes conservadores) rebajar empero el elemento religioso en El príncipe Caspian, suponiendo que de esa manera ampliaban su espectro de público.

Entendámonos: Caspian es un buen film de acción (en ese aspecto cumple mejor que El león, la bruja y el ropero), pero la supresión de la dimensión espiritual del libro original parece haber tenido el efecto exactamente opuesto al pretendido: no amplió el número de espectadores laicos, agnósticos o ateos (pese a un `slogan` que apelaba a ellos: "desenmascaren una nueva maldad") ni a los adeptos a la New Age (otra línea promocional: "una Nueva Era ha comenzado"), pero en cambio perdieron un número significativo de religiosos, que en Estados Unidos son una parte importante del público.

De alguna manera fue el mismo error cometido, a la inversa, por los productores de La brújula dorada, basada en la primera entrega de la trilogía de Philip Pullman La materia oscura. No queriendo ofender a nadie, hicieron desaparecer el chirriante anticlericalismo de Pullman (quien, por cierto, será el anti-Lewis pero es también un escritor talentoso), y lo que consiguieron fue no interesar a tirios ni a troyanos.

Cabe entender que los productores de La travesía del Viajero del Alba no están dispuestos a cometer ese error. Ya han hecho saber que no abandonan la idea de hacer una buena película de acción (y material tienen: la novela de Lewis es la mejor de la serie, y una espléndida aventura marina), pero al mismo tiempo no han querido descuidar la dimensión mística de los libros. También se han planteado un énfasis en el "alivio cómico", representado sobre todo por el personaje de Reepicheep, el pintoresco y arrojado ratón espadachín. "Decidimos que había que resucitar la magia, la maravilla y el asombro del mundo de Narnia", ha dicho Mark Johnson, uno de los productores de los tres films.

Naturalmente, Walden y Fox saben que del éxito o fracaso del film depende la continuidad de la franquicia (y algunos deseamos realmente que los demás libros se filmen). Para eso han tomado algunos recaudos. Uno de ellos ha sido reducir el presupuesto, concentrando las locaciones en Australia en lugar del rodaje en cuatro países que implicó El príncipe Caspian (con lo que el tiempo de filmación fue de tres meses, en lugar de los casi cinco de ese antecedente), más el beneficio adicional de poder acogerse a las comparativamente benévolas políticas impositivas australianas. Eso, junto con el reciclaje de algunos efectos por computadora, permite reducir costos sin afectar la calidad técnica y creativa del resultado. Walden/Fox pueden conformarse con una taquilla de cuatrocientos o quinientos millones que probablemente obtengan sin esfuerzo. No necesitan los setecientos de El león, la bruja y el ropero.

Al mismo tiempo, los productores intentaron mantener en todo lo que fuera posible la continuidad entre las sucesivas entregas de la serie. Alguien ha observado ya que los libros de Lewis constituyen un desafío para libretistas cinematográficos, porque con la excepción de los dos o tres primeros, la continuidad es escasa. No hay, como en Harry Potter, una historia que crece de un libro al siguiente. La continuidad de Narnia la da el universo fantástico en que transcurre, pero los personajes, la época y la acción cambian por completo de un libro a otro, sobre todo en las últimas entregas (al igual que los Harry, son siete novelas).

Para correr menos riesgos y mantener en acción a algunos de los más populares personajes de los films anteriores, los libretistas de La travesía del Viajero del Alba incorporaron elementos de otros de los libros en este tercer film.

FECHAS. La otra apuesta ha sido la fecha del estreno. Walden/Disney creyeron adecuado estrenar El príncipe Caspian en la temporada del verano boreal, compitiendo con `blockbusters` como Iron man e Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal. El movimiento de Walden/Fox también ha constituido un retorno a las fuentes: un estreno navideño que Lewis hubiera aprobado. Hasta el clima invernal que predomina en esta aventura narniana (para no decir nada de su costado místico, que lo convierte también en una historia de Navidad) hace sospechar que la fecha elegida es más acertada. En su primer día en Estados Unidos arrancó muy bien (24 millones de dólares), lo que permite confiar que, efectivamente, siga habiendo Narnia en el cine durante por lo menos un rato más.

Las películas que pueden continuar

El futuro de "Las crónicas de Narnia" depende, como ya se ha señalado, de cómo funcione en taquilla La travesía del Viajero del Alba, pero las primeras señales son positivas y es muy probable que haya más películas. La pregunta es: ¿cuál es la que sigue?

Una de las opciones posibles es naturalmente La silla de plata, que es cronológicamente la historia que viene después de La travesía, y conserva a uno de sus personajes principales (casi todos los demás desaparecen hasta el último libro, La última batalla, donde deben lidiar con su destino, su Creador y algunos asuntos trascendentes). Otra de las posibilidades que los productores están manejando es El sobrino del mago, que aunque fue escrita después es estrictamente una "precuela" de El león, la bruja y el ropero, con más humor y menos despliegues épicos que los otros libros (en realidad, Lewis no es tan épico, sus descripciones de batallas son breves y concisas; las películas lo son más).

Bastante más que un autor de historias para público infantil

La serie de Las crónicas de Narnia es uno de los trabajos más populares de Clive Staples Lewis, nacido en Belfast, Irlanda, el 29 de noviembre de 1898, y muerto el 22 de noviembre de 1963 (el mismo día que Aldous Huxley y John F. Kennedy; el asesinato de este último opacó todas las demás noticias imaginables). Especialista en historia medieval, apologista cristiano, crítico literario, ensayista y novelista, integró el grupo de los Inklings, un puñado de escritores vinculados a la Universidad de Oxford del que también formaba parte su amigo el católico J.R.R. Tolkien (quien influyó en su conversión al cristianismo, aunque en versión anglicana). Además de numerosos trabajos literarios, filosóficos y teológicos, y de la serie de Narnia escribió la trilogía de ciencia ficción de Perelandra, que habría que filmar.

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