La ropa de Michael no huele bien

MATÍAS CASTRO

Las cosas nunca olieron del todo bien en el mundo del espectáculo, por más brillo y glamour que se le pongan. Siempre hubo cotilleos de trastienda sobre lo que se veía desfilar por televisión, revistas, cine e Internet. Y si bien hay algunas figuras que se salvan de esta doble condición de ídolos con pies de barro, hay otras que directamente huelen mal y que sus problemas se ven de lejos. En Estados Unidos ahora se puede comprobar esto en tres casos, cada uno con sus peculiaridades.

Por un lado está la historia de Ricky Martin y sus hijos. Si bien no es precisamente él quien tiene peor olor, hay cierto tufo en todo lo que se dice sobre él y sus misteriosos hijos gemelos, nacidos semanas atrás gracias a un vientre de alquiler. La semana pasada circuló una foto en la que se lo veía cargando muy contento a dos niños iguales entre sí. Ahora se dice que esa foto sería trucada, ya que los bebés que se ven ahí son notoriamente más grandes de lo que deberían ser los retoños recién nacidos de Ricky. Todo el circo que se ha montado sobre el tema, apesta, y el cantante no es ajeno a la cuestión.

También huele mal todo el retorno de Britney Spears a los escenarios y los premios que le dio la MTV el domingo pasado por sus videos. Britney cayó duro, muy profundo en un pozo oscuro, por decirlo de forma literaria. En los hechos, Britney es un caso perdido que sólo se recuperaría viviendo en el campo, bien lejos de la industria del espectáculo que la aplastó. Su regreso se ha sostenido en base al potencial económico que representa y los intereses que manejan productores, inversores, representantes y demás figuras de la industria de la música pop.

Y lo que más apesta es la ropa interior de Michael Jackson. Unos calzoncillos suyos incautados hace cinco años por la policía serán puestos a la venta por un coleccionista. Algo huele mal en la farándula.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar