GUILLERMO ZAPIOLA
Un drama familiar en un deliberado tono menor es lo que elige contar el joven cineasta alemán (aquí debutante en el largo) Matthias Luthardt en "Ping- pong", película que acaba de editarse en DVD.
Un chalet aislado en medio del bosque. Cinco personajes que se reúnen para pasar una semana en apariencia anodina: un padre, alto ejecutivo de carácter discreto; una ama de casa autoritaria; el hijo adolescente que prepara una audición de piano; el sobrino que aparece sin avisar. Y un perro. En el jardín, una mesa de ping-pong y una piscina arreglada por el sobrino, constituyen el decorado fundamental. El desencadenante es la llegada del sobrino, que carga con el peso del reciente suicidio de su padre, seduce a su tía, es testigo de las frustraciones de su primo que ya no resiste la presión familiar, y asume comportamientos que pueden llegar a la violencia y la tragedia.
Los críticos, a quienes encanta encontrar antecedentes y referencias a cualquier cosa que vean, han podido vincular esta película con otras como Teorema (1968) de Pasolini o Funny games (1997) de Mikael Haneke, que también manejaban el tema del extraño cuya irrupción en un entorno cerrado desencadena una serie de reacciones inesperadas. Sin embargo, el director Matthias Luthardt (también colibretista) ha podido argumentar que ni siquiera había visto la película de Pasolini antes de rodar Pingpong. El cineasta insiste en que su película posee "un ritmo de narración muy particular", y que su empeño en transmitir un sentimiento de inquietud es en realidad "más universal de lo que parece".
Esa atmósfera de agresividad latente aparece sutilmente observada en el film, que se caracteriza por una deliberada sobriedad de cámara, sigue muy de cerca de sus actores y obtiene un resultado a la vez distanciado y minimalista.
Aunque el propio director manifiesta dudas al respecto, se lo ha ubicado en lo que está empezando a llamarse la Escuela de Berlín, un grupo de cineastas jóvenes entre los cuales se menciona también a Christian Petzoldt, Angela Schanelec, Valeska Griesebach y otros. De ellos se ha dicho que saben "sacar partido inteligentemente de elementos simples y acontecimientos muy extraños", y ha podido afirmarse igualmente que constituían una especie de "Nouvelle Vague alemana de la postmodernidad".
Etiquetas a un lado, Luthardt (que viene del documental, además de haber trabajado en televisión y radio como periodista antes de ser cineasta) aprendió acaso en esa experiencia previa una sutileza para el estudio del comportamiento humano, la atención a los matices de la psicología de sus personajes, y una impronta realista que no rehuye empero la apelación al símbolo y a la metáfora cuando considera que resultan pertinentes. En estos últimos elementos, opina el director, que según él son necesarias en una historia de ficción, radica el verdadero significado del drama, al que define como "la herencia del teatro clásico".
Del director Matthias Lut- hardt se sabe que fue elegido entre los 12 jóvenes cineastas europeos más interesantes de la sección New Cinema Network organizada por el Festival de Cine de Roma. Su película fue además galardonada en Cannes con el premio Sacd y el de la Crítica, y fue candidata los European Film Awards 2006 en la categoría Descubrimientos. Tras este llamativo debut en la ficción, ha vuelto a sus raíces: la televisión y el documental.