La música para películas muchas veces responde a convenciones que marca la misma dinámica de cada producción. Golpes de efecto, cierta obviedad de recursos melódicos y en general un hálito de intrascendencia condicionan muchas veces el nivel artístico de las partituras.
No es por cierto el caso de la banda de sonido de Les Choristes (Los Niños del Coro) elemento fundamental e imprescindible de la película del mismo nombre de Christophe Barratier que, aprovechando una historia inspirada en un hecho real (la situación de los chicos expósitos en internados a comienzos de los años 50 en Francia) desarrolla el tapiz de fondo donde se insertan una serie de canciones que permiten el lucimiento de un coro juvenil que suena maravillosamente bien.
Nominada al Oscar como Mejor Película Extrajera (premio que finalmente se llevó Mar adentro) y por Mejor Canción Original Vois sur ton chemin (Mira tu camino, que perdiera ante El otro lado del río del uruguayo Jorge Drexler). En este punto hay que reconocer con objetividad y por encima de la alegría que le causa a cualquiera que habite este rincón del planeta, que Vois sur ton chemin es una hermosa canción musicalmente impecable y con una letra que en cierta forma resume el hilo argumental de la película. Su único demérito consistió en perder marketing frente a la discusión que se operó días antes de las adjudicaciones al Oscar por la tan discutida interpretación (las malas lenguas dicen que fue porque la versión de Beyonce la deformó de una manera poco creíble).
Está claro en este caso que por encima de la historia, la música es la que gobierna las acciones y esencialmente es el justificativo del flash back que realizan dos maduros amigos recordando al viejo maestro coral que condicionó sus vocaciones. Bruno Coulais fue el encargado de toda la música de Los Coristas (con excepción de dos temas Cerf-volant y Nous sommes de Fond de l’Etang que pertenecen a Barratier, y La nuit de Jean Philippe Rameau). Pero también junto a Barratier es el responsable de haber elegido al coro que se escucha en la película. Para ello recorrieron gran parte de Francia. Cuentan que al llegar a Lyon se dirigieron a la Catedral de Fourriere, para visitar a los pequeños cantores de San Marcos. Fue entonces cuando escucharon una voz sobrecogedora de un chico de 12 años: era Jean Baptiste Maunier, quien finalmente se convirtió en el protagonista de la película con el nombre de Philippe Morhange y es entonces el único niño—actor que canta en realidad. Al escuchar el disco no se puede menos que coincidir con la elección, la voz de Maunier es de un registro excepcional, casi etéreo y sobrecogedor. Pero el coro es otro disfrute especial tanto por la pureza de las voces, como por la calidad melódica y la afinación sin impostaciones que poseen los chicos de San Marcos.
Bruno Coulais no es por cierto un recién llegado a este tipo de trabajos: en efecto, desde 1997 incursiona en la música de películas habiendo efectuado su aporte a títulos como Los ríos de color púrpura, Nómadas del viento, El niño que quería ser oso o Génesis entre otras.
Escuchar esta banda de sonido es un disfrute especial y sobrepasa lo que habitualmente se le asigna al género para adquirir vida propia como una producción independiente del film que le dio vida.
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CRITICA/ Fernando Manfredi
les choristes
INTERPRETES. Les Petits de San Marc, Bulgarian Symphony Orchestra
DIRECTOR. Bruno Coulais
Edita. WEA Marc Music
Francia, 2004