Quizá el filme El Artista, que juega con múltiples sentidos acerca del cine parlante y el mudo, ha desatado la consideración de esas dos caras obvias y evidentes.
Lejos quedaron los filmes geniales en los que el gesto de los actores y la pura fuerza de la imagen eran el soporte de la historia narrada. La conciencia de la falta de sonido creó el artificio del pianista que acompañaba desde el teclado, en vivo, la ficción proyectada en la pantalla. Nació así, el oficio de pianista del cine mudo, tarea en la cual el gran escritor Felisberto Hernández se desempeñó.
A partir de la creación del cine sonoro, talking pictures para darle el nombre con el cual nació, la música se hizo presente con fuerza. Recordemos que la primera película sonora se llamó El cantor de jazz y allí la estrella sonora era Al Jolson cantando y moviéndose con su irresistible presencia escénica, al compás de Swanee de Gershwin.
La música se asocia a la imagen por varias razones y distintas vías. La más obvia es la música compuesta para acompañar la proyección y que muchas veces, no siempre, nació específicamente para esa finalidad. Quizá el ejemplo más alto es la partitura que Prokofiev creó para el filme de Sergei Einsestein Alejandro Nevsky. El cineasta dibujó cada escena de su película para explicar al músico lo que deseaba. De esta fusión de talentos se beneficiaron el cine y la música. La sala de conciertos recibió la versión de la cantata Alejandro Nevsky extraída de la partitura cinematográfica.
Otras veces se trata de lo que oyen o interpretan los actores en medio de la trama del filme. Tal como sucede en el conmovedor pasaje de Casablanca, cuando la oficialidad nazi se ve aplastada en su coro por la impresionante Marsellesa que entonan los patriotas.
Las canciones nacidas para sumarse al cine suelen ganar fama porque la pantalla convoca multitudes. Sin embargo, las dos canciones de Los visitantes de la noche de Marcel Carné, firmadas por Joseph Kosma y Jacques Prevert, no han ganado la gloria que merecen. Por el contrario, otras que sin duda son bellas melodías, como Cantando en la lluvia con Gene Kelly como danzarín y acróbata, que nada no en el agua sino en la popularidad universal.