La mejor defensa de un buen ataque

Jodie Foster había defendido a muerte a su amigo Mel Gibson cuando hace un año estrenó La doble vida de Walter. En esa película no solo actuaron juntos sino que ella lo dirigió, cosa que implica que lo eligió específicamente para que fuera el protagonista. Nadie, o casi nadie, quería a Gibson. Todos lo acusaban de ser un tipo agresivo y problemático, cosa que no ha cambiado mucho en estos doce meses.

Me sorprendió cuando hace poco una revista logró reunirlo con su viejo colega Danny Glover para hacer una nota especial sobre el aniversario de Arma Mortal, película que hicieron juntos y que tuvo tres secuelas. Glover es un tipo que siempre se ha mostrado políticamente correcto, con pensamiento progresista, preocupaciones sociales y buenos vínculos con Venezuela. A priori, parece que el Glover de esta última década es incompatible con el Gibson de la última década. Y sin embargo en la revista se mostraban muy bien juntos.

Mel Gibson ha mantenido un perfil más o menos bajo en este último año, con pocas apariciones y ningún exabrupto. Hasta que hace algunas semanas el guionista Joe Eszterhas lo acusó de antisemita (como muchos otros lo hicieron antes) y volvió a desatar la polémica. La cosa no quedó allí porque hace pocos días salió a la luz una grabación hecha por el hijo del guionista en la que se escucha a Gibson furioso, increpándolo de la peor manera.

Quedó claro que su mal carácter no se dirige solo hacia las mujeres.

Las últimas películas de Gibson han sido un fracaso en los cines. Los motivos de esto puede ser que no sean tan interesantes como lo que hacía antes (cosa que no creo), que el tipo se haya vuelto muy problemático para los publicistas y para la prensa, o que el público haya decidido rechazarlo masivamente tras haber descubierto su verdadero carácter. Me inclino a pensar que la explicación principal es la segunda. Pero me vuelvo a preguntar, como el año pasado, qué pasará con el bienamado Mel en el futuro.

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