Hay quienes han calificado la historia de Jorge Rial y Mariana Antoniale como el romance del año, al menos en términos argentinos. El tema ha copado grandes titulares desde la semana anterior, cuando la revista Paparazzi reveló que se habían ido de viaje "secreto" a Venecia. Al regreso del conductor a Buenos Aires, el tema terminó de estallar y terminó por ocupar programas de televisión y páginas web a lo largo de los últimos cinco días.
No sé si cuando lleguemos a fin de año este siga siendo "el romance del año", como muchos dicen ahora, pero queda claro que será una de las historias más sonadas e interesantes a la hora de hacer un balance. Después de todo, tal como escribía en columnas previas, rara vez sucede que el presentador de la fiesta se convierta en el centro del espectáculo. Tras diez años de ver a Rial como gran orquestador del mundo del chisme televisivo argentino, lo vimos convertido en sujeto de chimentos, igual que las vedettes, modelos, actores y actrices que han pasado por Intrusos.
¿Por qué Rial merece tanta atención? Básicamente porque es un personaje conocido y porque su relación con La Niña Loly, es algo totalmente nuevo en su perfil. En estos años el conductor se mostraba, o intentaba mostrarse, básicamente como un hombre de familia sin vínculos personales con las chicas que se meneaban en su programa. Por eso en la historia hay una novedad. Pero a esto, además, se suma la forma en que fue contada dicha historia, cosa que siempre importa. Cuando se reveló que se había ido a Italia, las fotos fueron presentadas como tomadas por sorpresa por paparazzi que lo seguían. Para el público la cosa era como una gran indiscreción que les permitía meterse sin ser invitados en la vida de una persona que ven todas las tardes haciendo justamente eso con la gente del espectáculo. El factor "revelación", luego las "confesiones" de Rial y las repercusiones en otros medios ayudaron a vender la historia al gran público.