La fama que cala bien profundo

MATÍAS CASTRO

El sábado pasado me llevé una gran sorpresa al hablar con un librero amigo. El hombre estaba leyendo una vieja edición de esta columna y así surgió el tema de la farándula. La primera sorpresa fue saber que alguien relacionado al mundo de los libros, del arte y afines, podía sentir curiosidad por el tema. A raíz de ahí surge la primera comprobación de un hecho: nadie escapa a la seducción de los famosos.

La segunda sorpresa surgió a raíz de su comentario. "Me dejó mal lo de Eunice", me dijo. Se refería a la separación de Eunice Castro y Martín Sarthou. Nunca me imaginé que alguien que vive completamente dedicado a los libros, al arte, se pudiese sentir afectado por una ruptura amorosa en el mundo de la farándula. Que me disculpen si parezco prejuicioso, pero hasta ahora no había asociado el impacto afectivo de la vida privada de las celebridades con el mundo de la cultura.

Pero parece que éste puede ser un síntoma. Sin quererlo, el tema se ha metido en la vida de todos nosotros, nos guste o no. El pequeño comentario del librero me generó la sensación de que este asunto del cruce rioplatense de celebridades ha calado hondo. Los uruguayos hemos logrado identificarnos con el asunto y vencer nuestros prejuicios. Ya no estamos por encima de esas cosas, ya dejamos de mirar de reojo al tema, porque estamos incluidos en él. Y no solo eso, sino que fuimos invitados a participar.

Es un pequeño orgullo, porque a pesar de esa invitación, ninguna de las famosas que ahora triunfan del otro lado recibieron nada de regalo. Aunque suene mal frente a algunos, el intercambio cultural del momento va por intermedio de las celebridades. Pero no confundir: que un librero respetable se haya emocionado con Eunice, no quiere decir más de lo que se expresó. Hasta ahí llegamos.

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