La danza contemporánea le dice adiós al maestro Maurice Béjart

Deceso. Tenía 80 años y se preparaba para hacer una gran gira mundial

La danza contemporánea perdió ayer a uno de sus mayores exponentes, el coreógrafo francés Maurice Béjart, quien falleció a los 80 años en la ciudad suiza de Lausana, donde residía y dirigía su compañía de ballet desde hacía décadas.

Premonitoriamente, su último espectáculo terminaba con la canción El show debe continuar. Sin embargo, el coreógrafo tenía planes para 2008, entre ellos, una gira mundial con el montaje La vuelta al mundo en 80 minutos, que igual se estrenará el mes próximo.

"Perdemos al coreógrafo que ha revolucionado profundamente la danza del siglo XX, y al gran director de una compañía y de una escuela mundialmente conocidas", señaló la Fundación Béjart Ballet Lausanne.

La compañía, que comunicó el deceso, agregó que "muchos bailarines han perdido un padre, un maestro, una fuente de inspiración", afirmando que fue "un creador de una fecundidad excepcional, un artista visionario y humanista".

El coreógrafo falleció en la mañana de ayer después de permanecer varias semanas en el Centro Hospitalario Univer-sitario de Vaud, en Lausana, aquejado de dolencias cardíacas y renales. Esas dolencias las venía arrastrando desde hacía algunos años, por lo que le habían obligado a reducir sus horas de actividad.

Próximo a cumplir 81 años el próximo 1° de enero, Béjart había nacido en Marsella (Francia) y tras vivir muchos años en Bruselas se instaló en Suiza en 1987, donde creó la compañía que dirigía actualmente.

En su repertorio hay más de 200 coreografías, entre ellas El pájaro de fuego, la Novena Sinfonía de Beethoven, La misa del tiempo presente, Malraux o la metamorfosis de los dioses y La consagración de la primavera.

Esta última, de 1959, fue su primera producción con el Teatro Monnaie de Bélgica y allí, ataviados en mallas lustrosas y brillantes, los bailarines creaban un aura erótica con movimientos impulsivos y naturales que llegarían a ser caracterís- ticos de sus interpretaciones posteriores.

En los años `70 Béjart evolucionó hacia la concepción no sólo de piezas, sino de espec-táculos que requieren que los artistas sean capaces de bailar, cantar y actuar, concretando una concepción total de la danza, en fuerte fusión con las otras artes escénicas.

Hijo de un filósofo y escritor, el bailarín había incursionado en la escritura, y solía enunciar pensamientos muy personales. Recientemente había declarado a la prensa: "Siempre morimos a tiempo. El tiempo cuenta diferentemente para cada uno, pero morimos a tiempo. Por eso no le temo a la muerte. Porque es una certeza".

El origen casual de una carrera marcó a la danza

A la danza llegó gracias a su padre, quien a los 13 años lo metió en una escuela de danza, para superar una enfermedad. Alentado por los profesores decidió convertirse en profesional, debutando en 1954, y hacia fines de esa década ya dejaba atónitos a público y crítica con sus provocadores montajes.

Entre sus primeros aportes se señala la ruptura de la barrera entre ballet clásico y danza contemporánea.

Pero además de su labor como coreógrafo, sobresalió como director artístico, consiguiendo fuerte apoyo financiero para la danza. También realizó grandes giras con sus obras. Una de ellas, Ché, Quijote, Bandoneón, visitó Uruguay en 2000, con un elenco encabezado por Cipe Lincovski.

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