La chica kirchneriana

REBAR | BUENOS DIAS

Florencia Kirchner nació para vivir intensamente las movidas del verano. El año pasado, en los más conocidos boliches de Pinamar, chiveó y bailó entre madrugadas y amaneceres al compás de la música electrónica, su favorita. Compartió la diversión con cuatro amigas del Colegio La Salle, bajo el seguimiento de un custodio que se rotaba con tres compañeros en tal función, y de vuelta a la capital bonaerense retomó la atención de su página WEB, a través de la cual informa a los internautas que quieran conocerlas, de las actividades que ella cumple a su gusto y gana, noche y día, sin dar aviso previo a sus padres.

Llegado el otoño de 2008, Florencia se inscribió nuevamente en el La Salle, pero a lo largo del ciclo lectivo tuvo algunos inconvenientes con su memoria: se olvidó de estudiar... y con una regularidad sorprendente fue acumulando "bochazos" en trece materias del último año del secundario, que le quedaron para rendir en este 2009. El hecho le hizo reflexionar: nada del estival Pinamar, ni de trasnochadas insalubres. Se imponía un cambio de escenario, a fin de prepararse para enfrentar a examinadores que no tiemblan ante el apellido Kirchner. ¿Cuál era la mejor elección?... La casa presidencial de veraneo de Chapadmalal: un seguro de tranquilidad absoluta.

Pero, ocurre que aquel rincón de paz queda a 25 kilómetros de Mar del Plata... y transcurrida apenas una semana de serenas tertulias con las amigas de siempre, una noche "Flor" le echó un vistazo a la camioneta que muy bien conduce su guardaespaldas; calculó... "En veinte minutos estamos ahí", y zarpó con el grupo ya pasada buena parte de la madrugada. Arribaron a la ciudad feliz, justo en el auge de la Fiesta de la Espuma en el complejo Sobremonte, donde funciona una emblemática disco. Florencia comenzó a bailar envuelta en una nube jabonosa, disfrutó de los tragos a que la habilitan sus actuales 18 años, y posó entre amigos íntimos para algunas fotos. Tanto se entusiasmó con el espectáculo, que resolvió -decisión al estilo K- trasladar la tal fiesta a la piscina de la disco, y zambullirse seguida por sus acompañantes. Eran las seis de la mañana cuando, bañada en espuma, ayudada por el custodio salió de la piscina, y se enfundó en una bata para combatir el frío de la madrugada marplatense.

Florencia Kirchner ofreció así una nueva prueba de su vocación por estudiar seriamente Ciencias Políticas, aprestándose para una posibilidad a plantearse en la sesuda estrategia familiar, aún distante pero nada descartable: acceder a la mansión presidencial de Balcarce 50, para zambullirse en el banquito de Rivadavia. Recuérdese que en las tomas de poder de su padre, primero, y de su madre después, Florencia subió con ambos las escaleras de la Casa Rosada portando el bastón de mando. Pensándolo -pero sin decirlo- estaba ensayando para conducir (?) al gran pueblo argentino salud.

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