La búsqueda de una nueva imagen

El héroe de Tolkien reaparece el viernes en "Los crímenes de Oxford"

GUILLERMO ZAPIOLA

Le ha costado crecer, al punto de que la primera reacción ante la constatación de que Elijah Wood Jr. tiene ya 27 años es la sorpresa. Uno tendería a pensar que tiene alrededor de veinte. El aire de eterno adolescente no termina de abandonarlo.

Es que Wood empezó desde muy pequeño, tenía ya veinte años (y un aspecto aún más juvenil) en la trilogía de El señor de los anillos, y su físico y estatura (1.68 no es mucho para una estrella de cine), le ha dificultado realizar la transición a la adultez. Por otra parte, la popularidad conseguida a través de su composición de Frodo Baggins en la trilogía de Jackson sobre Tolkien es un arma de doble filo. Cada vez que aparezca en pantalla, aunque interprete una nueva versión de Norman Bates el espectador va a estar pensando en Frodo.

De hecho, cuando se repasa su carrera se comprueba que estuvo más activo antes de El señor de los anillos que después, o por lo menos que hizo más cosas diferentes. Nacido en Cedar Rapids, Iowa, en 1981, saltó a la pantalla en un par de papeles secundarios en la segunda parte de Volver al futuro (1989) y en el policial Sospecha mortal (1990), pero nadie se fijó demasiado en él.

EVOLUCIÓN. Siguieron otros personajes menores en cine y televisión, hasta que en 1992 llegó a la altura de coprotagonista de Mel Gibson en la comedia fantástica Eternamente joven. Al año siguiente la empresa Disney lo llamó para protagonizar una nueva versión de Las aventuras de Huckleberry Finn dirigida por Stephen Sommers (el de La momia y Van Helsing) que se alejaba bastante del clásico original de Mark Twain pero que no estaba mal en sus propios términos.

Casi de inmediato tuvo que enfrentar a otro "niño estrella" de moda (Macaulay Culkin) en El ángel malvado, y el hecho genera inevitablemente algunas reflexiones sobre su carrera, forzando a compararla con las de otros actores que empezaron en la infancia.

Ya se había cruzado brevemente (en Volver al futuro II) con Michael J. Fox, otro "bajito" que parecía tener diez años cuando ya había cumplido quince, siguió interpretando adolescentes hasta los treinta, y luego comenzó a envejecer aceleradamente (con un Parkinson que pudo ocultar durante algún tiempo) hasta el momento actual. De todos modos, y más allá de problemas físicos como el de Fox, tanto éste como Wood han logrado "dar el salto".

Luego de Frodo, el actor de El señor de los anillos pudo oscilar entre el oscuro universo de Frank Miller en Sin City y el alegato de Una vida iluminada (2005) de Liev Schreiber, entre la aparición en un segmento (el dirigido por Vincenzo Natali) del film colectivo Paris je t`aime (2006) y la inclusión en el elenco coral de Bobby (2006) de Emilio Estevez, que entrelazaba una serie de historias ficticias en torno al asesinato de Robert F. Kennedy.

Sin embargo es un dato que una parte del trabajo más reciente de Wood ha consistido en proporcionar su voz para videojuegos (uno de ellos inevitablemente inspirado en El señor de los anillos) y personajes animados de la televisión (en algunos episodios de El rey de la colina, Robot Chicken y American Dad). De ahí para que Wood haya constituido una verdadera liberación actuar en Los crímenes de Oxford, intriga policial dirigida por el español Alex de la Iglesia que se estrena el próximo viernes.

Wood reconoce que no conocía la obra previa del director, pero que se estableció "una real química" entre ellos apenas se encontraron por primera vez en Nueva York. El actor afirma que de la Iglesia "le contagió su pasión", y aporta más detalles: "Todo fue muy rápido, nos pusimos a trabajar al poco de encontrarnos, a pesar de que no conocía sus películas. Ha sido estupendo".

Cuando se le pregunta cómo prepara a un personaje, y cómo lo hizo particularmente con el que interpreta en Los crímenes de Oxford, Wood explica: "Lo que ha de hacer un actor es llegar al centro del personaje y tratar de dotarle de alma, es la clave. Si no, sería imposible, porque, por ejemplo, yo era pésimo en matemáticas en el colegio". En la película, se supone que su personaje sea un genio de las matemáticas.

Los observadores describen a Wood como un joven "con los pies en la tierra", que no posa de divo y cree que, si llega a tener éxito, será porque trabaje duro. Atribuye esa ética del trabajo a la influencia de su madre: "Me encanta mi trabajo, siempre he disfrutado; hay que saber diferenciar el ámbito profesional del personal, compaginarlo todo. Si he de agradecérselo a alguien, es a mi madre, que ha estado siempre a mi lado, y ha tratado que, por encima de todo, fuese un mejor ser humano".

ADMIRACIONES. Su compañero de elenco en Los crímenes de Oxford, John Hurt, lo contempla con cierta melancolía recordando su propia juventud, y comenta con ironía muy británica: "Un día, yo era el más joven del rodaje; al día siguiente, soy el mayor. Si alguien puede explicarme qué ha pasado en el medio, estoy dispuesto a escuchar". Por su parte, el director de la Iglesia se declara muy satisfecho del trabajo de Wood: "Su actitud no es normal, la humildad que muestra como persona también la tiene trabajando, es increíble. Lleva desde los ocho años haciendo películas, ha pasado casi más tiempo en un estudio que fuera de él".

Wood ha dicho que le gustaría participar en El hobbit, la `precuela` de El señor de los anillos que va a dirigir el mexicano Guillermo del Toro, y en la que Peter Jackson se desempeñará como productor ejecutivo. Hay un inconveniente, claro, y Wood lo sabe: la acción de El hobbit transcurre antes del nacimiento de Frodo Baggins, y cuenta en realidad las aventuras de su tío Bilbo.

De todos modos, como buen aficionado a la saga tolkeniana, Wood está entusiasmado con que la película se haga y que el equipo de producción de la trilogía de El señor esté involucrado en ella. No tiene dudas, por ejemplo, de que Ian McKellen debe encarnar de nuevo al mago Gandalf. Wood ha estado intercambiando correos electrónicos con Peter Jackson, y está ansioso por saber cómo sigue el proyecto, cuyo estreno está previsto recién para el año 2011.

El largo camino de una estrella desde la infancia a la edad adulta

El ángel malvado

1995

El personaje titular es Macaulay Culkin, niño con tendencias psicopáticas y criminales. Elijah es hermano menor que sufre las villanías de Culkin hasta un final dramático en esta película de Joseph Ruben.

Impacto profundo

1998

Un meteorito amenaza chocar contra la Tierra y provocar una catástrofe. Mientras se intenta un operativo de último momento la gente se desplaza en medio del terror. El joven Wood es uno de los fugitivos.

El señor de los anillos

2001-2003

Posiblemente, el personaje con el que Wood sea identificado por el resto de su vida: el "hobbit" Frodo de la trilogía de Peter Jackson basada en las novelas de "fantasía heroica" de J.R.R. Tolkien.

Eterno resplandor de una...

2004

Jim Carrey y Kate Winslet, con la memoria borrada, son los protagonistas de esta fantasía romántica, Wood encarna a un personaje secundario, uno de los involucrados en el experimento con la mente de la gente.

Sin City

2005

El Wood "post-Anillos" ha intentado con toda deliberación romper con su imagen de Frodo. En esta adaptación del sombrío cómic de Frank Miller (por el autor y Robert Rodríguez) encarna a un sádico criminal.

Novela policial y matemática ganadora del Premio Planeta

La película Los crímenes de Oxford se inspira en la novela del argentino Guillermo Martínez Los crímenes imperceptibles, galardonada con el Premio Planeta Argentina 2003.

Nacido en Bahía Blanca en 1962, Martínez es doctor en Matemáticas, y en 1989 publicó el libro de cuentos Infierno grande. Además, ha publicado el libro de ensayos Borges y la matemática y las novelas Acerca de Roderer y La mujer del maestro. En Los crímenes imperceptibles, Martínez utiliza sus conocimientos matemáticos para aderezar la trama. El teorema de incompletitud de Gödel, la física cuántica o la paradoja de Wittgenstein sobre las reglas infinitas son empleadas por sus personajes para resolver la intriga.

Perfil de un total enamorado del cine

Si hay un cineasta "cinéfilo" (entendiendo el término como alguien que cree en el axioma de "amar al cine por sobre todas las cosas"), ese es el bilbaíno Alex de la Iglesia. Ha hecho comedia, terror, sátira, y género anexos, a veces mezclándolo todo y salpicándolo con citas a todo el cine que le ha gustado como espectador, desde Hitch- cock hasta los "spaghetti westerns" (o más estrictamente "paella westerns") rodados en Almería. Títulos como El día de la bestia (1995), Perdita Durango (1997), La comunidad (2000) 800 balas (2002) o Crimen perfecto (2004) ilustran adecuadamente el punto.

Para de la Iglesia, Los crímenes de Oxford constituía la oportunidad de ingresar en el cine de producción internacional, con elenco angloparlante y un género "clásico": el misterio policial. El director dice haberse sentido particularmente interesado por un asunto donde la tensión no es tanto física como intelectual. Él mismo licenciado en filosofía, de la Iglesia reconoce que su formación le ha servido sobre todo para saber "que no tiene la más pálida idea acerca de nada", y que algo de eso se refleja en su película. Lo único absoluto son las matemáticas, dice, porque son totalmente abstractas.

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