AP JOCELYN NOVECK
Luego de partidos importantes de fútbol ocurre, y también luego de los Oscar: es el ritual del día después para analizar hasta el último detalle del magno evento de la Academia.
Y la primera pregunta para hacerse este año es: ¿por qué los niveles de audiencia fueron tan bajos, de los peores de la historia? ¿Tuvo que ver con la recién terminada huelga de guionistas? ¿Es un reflejo del sombrío y turbulento estado de ánimo que vive la nación?
Tal vez no. Es más probable que se deba a la ya probada fórmula de que cuando hay películas de gran popularidad y presupuesto aspirando a los premios, más gente los sintoniza. Y cuando no es esa la situación, simplemente baja el nivel.
La película ganadora como la mejor del año, la obscura y perturbadora historia de los hermanos Joel y Ethan Coen, titulada Sin lugar para los débiles, fue saludada por los críticos pero en términos de taquilla sólo ha recaudado hasta la fecha 64 millones de dólares. Eso palidece cuando se compara con títulos como Bourne: el ultimatum, que en octubre recaudó 224 millones.
Según las cifras provistas por la empresa Nielsen, la ceremonia tuvo una audiencia de 32 millones de televidentes. La peor transmisión anterior había sido la de 2003 cuando unos 33 millones de televidentes sintonizaron la ceremonia en que el musical Chicago ganó como mejor película. En contraste, en 1998 cuando Titanic ganó, más de 55 millones de personas vieron el evento.
"Está muy vinculado con los nominados a mejor película``, dijo Shari Anne Brill, vice presidenta senior de la agencia Carat encargada de comprar espacios de publicidad en los medios. "Mientras más atractiva sean estas películas para las masas, más televidentes se van a sintonizar``.
Así que la primera gran lección de este año: sin grandes películas no habrá grandes audiencias. "¿Eso quiere decir que la Academia debe alterar sus alternativas sólo por los televidentes que tendrá? Dios no lo permita", exclama el historiador de cine Leonard Maltin.
"¿Deberían empezar a nominar películas como El Hombre Araña 3 o Alvin y las ardillas?`` se pregunta Maltin en tono de broma. "Es una ceremonia de premiación que además es un espectáculo de televisión, y no en el orden contrario. La gente debe recordar eso. Yo digo, Dios bendiga a la Academia por mantener sus estándares``.
Pero como dice Maltin, el Oscar es más que un programa de televisión. Así es que más allá del nivel de audiencia, he aquí algunas otras lecciones que se pueden deducir de este año, más allá de lo determinante de que Javier Bardem en la vida real no tenga un peinado tan horroroso: Hollywood es una familia global.
Mucho se ha dicho de la internacionalización de los premios por mejor actuación, que fueron a manos de dos británicos (Daniel Day-Lewis y Tilda Swinton), una francesa (Marion Cotillard) y un español (Bardem). Para un analista de cine es un desarrollo natural y un signo de que Hollywood es una industria global.
"Siempre ha sido algo más allá de lo nacional``, asegura Robert Sklar, un profesor de cine de la Escuela de Arte de la Universidad de Nueva York. "Tal vez estamos en un punto en el que podemos empezar a pensar acerca de la forma en que el cine estadounidense ha absorbido personas, ideas e historias internacionales y las ha transformado en cine mundial``.
Excepto por La Vie en Rose sobre la vida de la cantante Edith Piaf estelarizada por Cotillard, los roles de los europeos ganadores eran de estadounidenses hasta el tuétano: Day-Lewis era un petrolero de California en Petróleo sangriento, Swinton una abogada obsesiva de New York en Michael Clayton, mientras que Bardem hizo del despiadado y horrendamente peinado asesino en Sin lugar para los débiles.
Oscuridades. ¿Hay alguna razón para que el material de este año sea tan desesperadamente sombrío? Como dijo el anfitrión Jon Stewart acerca de La joven vida de Juno, la única película ligera, "¡Gracias a Dios por los embarazos de adolescentes!`` Los críticos de cine están divididos en torno a si se trata de un reflejo de la mentalidad de la nación, o simplemente una coincidencia.
"El material siempre ha sido oscuro``, afirma Richard Walter, profesor de escritura de guiones de la Escuela de Teatro, Cine y Televisión de la Universidad de Los Angeles. "A la gente simplemente se le olvida. Eso es lo que ha sido el drama, volver a Homero: el sangriento deseo de poder, la desesperación, los celos``. Y tampoco es que Walter sea un gran fanático de las ganadoras este año, las que encuentra pesadas.
Mientras Sklar, el profesor de NYU, piensa que está mal considerar el estado de ánimo de la nación, todavía en guerra, y ante una encrucijada política, cuando se mira lo que Hollywood está produciendo. "Es una pregunta fascinante, algo que a la gente como yo le gusta pensar todo el tiempo. Es conveniente pensar acerca de cómo estas películas hablan del estado de los estadounidenses``.
Humildad. Los premios de este año tal vez se quedaron cortos en glamour, drama, o emoción, pero hubo algunos momentos memorables y fueron los más humildes. Cotillard, quien le ganó a la favorita Julie Christie, estaba tan emocionada que casi no podía hablar en ningún idioma y poco le faltó para desplomarse en los brazos del presentador de la categoría Forest Whitaker. "Ese sobresalto y regocijo fue contagioso`` opinó Maltin.
Y fue difícil no conmoverse con la emoción que envolvió a Glen Hansard, ganador del premio a la mejor canción por Falling Slowly de la película de bajo presupuesto Once. Y más difícil aún cuando a su compañera de 19 años, Marketa Irglova, se le concedió regresar al escenario para que diera su discurso de agradecimiento, que fue frustrado por la irrupción de la orquesta momentos antes.
"Disfruta tu momento``, le dijo Stewart.
Hubo algunas lágrimas para la ganadora de cortometraje documental Cynthia Wade cuando aceptó el galardón por Freeheld: The Laurel Hester Story acerca de la lucha de una mujer policía para obtener beneficios para sus compañeros de trabajo.
También estuvo la dedicación del premio que hizo Bardem a su madre, sentada entre el público, y el abrazo en el que se fundieron luego cuando éste regresó a su asiento. La alegría de Diablo Cody, por el mejor guión original de Juno, quien agradeció a su familia por "amarme tal y como soy``.
Luego estuvo Ethan Cohen, seguro y refrescantemente el menos locuaz de los múltiples ganadores del Oscar. Cuando él y su hermano Joel ganaron el premio al mejor guión adaptado, la contribución del primero fue: "Nosotros, eh ... muchas gracias``.
Mucho mejor fue su comentario cuando volvió por la distinción como mejor director: "No tengo mucho más que agregar a lo que ya dije antes".
Las críticas desde el Vaticano
El diario de la Santa Sede, L`Osservatore Romano, lamentó que se haya premiado con Oscar a filmes "violentos" y "pesimistas". "Hollywood este año quedó fascinado por filmes tristes, repletos de violencia y sobre todo sin esperanzas", escribió el crítico del diario, que citó al filme de los hermanos Ethan y Joel Coen Sin lugar para los débiles, premiado con cuatro Oscares.
"Había otros filmes más valientes", comentó el crítico Gaetano Vallini, quien tampoco aprobó el premio como mejor actor a Daniel Day-Lewis, quien representa a un desalmado hombre de petróleo en Petróleo sangriento. "¿Será un signo de nuestra época? Probablemente", sostiene el crítico, quien asegura que había filmes "capaces de manifestar opiniones diferentes, con visiones valerosas". En esa categoría menciona a Juno de Jason Reitman, "la historia de una adolescente decidida a llevar adelante un embarazo no deseado", o La escafandra y la mariposa de Julian Schnabel, "un himno laico a la vida pese a una grave malformación". El diario estima que de todos modos la película de los Coen es "cinematográficamente" lograda.