Guillermo Zapiola
Todo está preparado para la gran fiesta. Mañana a las 23, hora uruguaya, comienza en el Teatro Kodak de Los Angeles la edición número ochenta de la ceremonia de entrega de los Oscar, el premio cinematográfico más popular del mundo.
La Academia intenta desesesperadamente aumentar el "rating" de la transmisión televisiva del evento, que ha decaído en los últimos años y que éste corre un riesgo grave: el hecho de que los principales films candidatos no figuren entre los de mejor repercusión en taquilla puede aumentar la brecha entre el Oscar y el gran público, e inducir a este último a empuñar el control remoto y buscar otro canal.
Desde comienzos de siglo XXI, el público televisivo del Oscar ha oscilado en torno a los 42 millones de espectadores, con un piso de 33 millones en 2003 y un techo de 43 en el 2004. El año pasado fueron 41 millones, un poco más bajo.
Para atraer público la Academia está especulando con varios elementos simultáneos. Uno de ellos es la conducción a cargo del animador y comediante Jon Stewart, quien ya condujo la ceremonia hace dos años (el año del pico más alto). Con su regreso, la Academia espera que también vuelvan los buenos tiempos. Por lo menos no se trata de Chris Rock, cuyo estilo palabrotero y agresivo corrió a un porcentaje de espectadores más conservadores.
Stewart, un comediante inteligente y ácido, se ha afirmado en los últimos años a través de su programa de televisión The Daily Show, que se emite de lunes a jueves y en el que parodia los telediarios de Estados Unidos. Al igual que el también cómico Steve Colbert, del programa The Colbert Report, se ha convertido en algo así como una especie de Pepe Grillo, una especie de voz de la conciencia de América capaz de decir lo que las grandes cadenas de televisión suelen omitir. Ello lo ha conectado particularmente con el público joven.
Sin embargo, en la ceremonia del 2006, Stewart se mostró particularmente cauto, dosificando sus acideces con cuentagotas. Sabía que no se estaba moviendo en su medio, y se cuidó de no ofender demasiado a nadie. Se especula con que esta vez se "soltará" más, sobre todo en un año electoral en el que en Hollywood se obtienen aplausos mediante el simple expediente de hablar mal de Bush. Va a tener a su favor, además, una ventaja que puede aprovechar. La huelga de guionistas, que se levantó hace pocos, hará que ésta sea una de las ceremonias del Oscar menos libretada, concediendo a Stewart un mayor espacio en el terreno en el que se mueve mejor: la improvisación.
Músicos. Otras atracciones habrá fuera de la ceremonia misma. El grupo de jazz retro Pink Martini tocará en la fiesta exclusiva del gobernador de los Oscar, lo cual marca un regreso a sus raíces para la banda que se inspiró en la edad de oro de Hollywood.
Conocidos por su disco Sympathique de 1997 y su sencillo del mismo nombre, que empieza con la frase "je ne veux pas travailler" ("no quiero trabajar") en francés, Pink Martini fue fundado en el estado rural de Oregon tres años antes de esta irrupción pública.
Al principio el grupo era más un manifiesto político por causas de izquierda, pero Sympathique marcó una inflexión en su carrera. Hoy mezclan el jazz, el rock, la música clásica y los temas del cine.
El evento llegará en directo
La entrega de los Oscar será transmitida mañana a partir de las 22 horas a través de la televisión aire por Montecarlo, y por el canal para abonados TNT. Ambas transmisiones comenzará con una hora de preparativos y alfombra roja, y continuará a las 23 con la ceremonia misma de otorgamiento de los premios. Antes habrá por E! Entertainment Television una "cuenta regresiva que comienza a las 12.30 y transmisión desde la alfombra roja a partir de las 20.30. Tras la ceremonia, E! se ocupará también del post-show.
Cinecanal Classics dedicará su programación a a películas ganadoras de diversos Oscar como "Cyrano de Bergerac", "Mesas separadas", "Piso de soltero", "Tom Jones", "Zorba el grie- go" y "Perdidos en la noche".
Armani, Dior, champagne y caviar
Las estrellas de cine ya escogieron su Armani, Valentino, Carolina Herrera o Dior para desfilar por cientos de metros de la alfombra roja camino al teatro Kodak, donde todo está dispuesto para la ceremonia de mañana. Hollywood tratará de olvidar los dos mil quinientos millones de dólares que costó la huelga de guionista, y todos pondrán su mejor sonrisa.
Entre tanto, los menús con champagne y mucho caviar estarán reservados para los invitados VIP que asistirán a las diversas celebraciones posteriores a la entrega de los premios.
En España, la actriz Pilar Bardem confirmó que volará a última hora hasta Los Angeles para acompañar a su hijo Javier Bardem a la ceremonia, tal como lo hizo en 2001 cuando fue nominado por encarnar a Reinaldo Arenas en Antes de que Anochezca de Julian Schnabel.