No se salva nadie, ni siquiera Mick Jagger, ni él mismo: el señor Keith Richards. Es que el veterano Rolling Stones decidió contar los pormenores de su agitada vida de roquero y, en primera persona, se animó a llevar esas historias al libro que tituló Life. Y, antes del 26 de octubre, fecha prevista para su lanzamiento al mercado, las estanterías de las librerías (y las revistas y programas dedicados al espectáculos y a los chimentos) ya arden con algunos adelantos.
La primera persona, de alguna forma le da al relato un carácter sórdido, denso y a la vez muy vívido a cada una de las experiencias que eligió contar, así como también a sus juicios.
Uno de los ejemplos más fuertes es su historia con Anita Pallenberg, y sus tórridas experiencias sexuales y con la droga. O, también, los dardos envenenados que le dedica a su viejo socio en el escenario y en la composición: Mick Jagger.
De él ha revelado que "fue a comienzos de los 80 cuando Mick comenzó a ponerse insoportable", y que la música que ha hecho en sus proyectos solistas realmente no vale mucho.
Sobre el disco Goddess in the doorway de Jagger, por ejemplo, escribió: "es como Mein kampf de Hitler, todos lo tienen y nadie lo ha leído", y no dudó a la hora de decir que su socio no canta con el corazón, pero sí toca muy bien la armónica.
No han faltado los curiosos que directamente le han preguntado a Richards si Jagger leyó el libro. Y la respuesta fue aún más curiosa: sí, lo leyó, ha dicho el guitarrista, pero lo único que le pidió fue sacar un fragmento en el que se cuenta sobre las clases de canto que tomó Jagger.
En una reciente entrevista con The Times, Richards pintó muy claramente su actitud: "No tengo prevista la muerte. No quiero ver aún a mi viejo amigo Lucifer. Porque es a él a quien voy a ver, ¿no? No creo que vaya al otro lado".
Lo cierto es que el Stones, a sus 66 años todavía sigue moviendo su guitarra sobre los escenarios, y no tiene problemas en hacer alarde de un pasado que, además de buena música, ha dejado un lastre de excesos que hace temblar a cualquiera.
Pero ese prontuario no ha podido con él (ni con su cabeza ni con su cuerpo). Un ¿eterno adolescente roquero? que dejó la heroína en 1978, la cocaína en 2006, y que el único vicio que dice haber conservado es el tabaco.
"La fama ha matado a más gente con talento que las drogas". Ese es su argumento. Y quizás tenga razón. Su cuerpo puede ser un ejemplo.
A partir del 26 de este mes, entonces, esta historia de adicciones, excesos, música, llegará para completar algunos fragmentos de la historia de uno de los grupos más longevos del rock and roll.