Jugando con la infancia para conocerse mejor

| Sobre los propios recuerdos de la directora y los dos actores se construyó esta historia ficticia

Carlos Reyes

En tiempos en que los artistas de teatro jóvenes buscan continuamente caminos a lenguajes nuevos, explotando todos los recursos imaginables, la gente de Trenes y Lunas propone algo diferente. Rescatar lo íntimo, a través de un teatro sin violencia explícita, que se centra en la vida privada de sus personajes. Ese enfoque ofrece Crónica de un amanecer, que estrenó esta temporada en el Espacio Barradas del Museo Blanes y que a consecuencia del robo de los equipos tuvo que bajar de cartel. Desde la semana pasada la obra volvió a escena, al teatro El Galpón, donde se hace los martes a las 21 hs.

La noche del 9 de setiembre el Espacio Barradas había sido robado: los ladrones entraron, luego de romper un vidrio, por una ventanita del fondo que no tenía reja. Se llevaron la consola de sonido, los focos de iluminación y la consola de luces. Esta última pertenecía a la Cofonte y el grupo la tenía en calidad de préstamo. Según la directora de la obra, Lucía Arbondo, para el hurto se iluminaron con velas rojas, puesto que había manchas de sebo en el piso. Se tomaron tiempo para desenchufar los equipos, sin arrancar los cables, y no se llevaron los elementos de utilería, en su mayoría objetos muy viejos que buscaban despertar en el público cierta nostalgia.

Según la directora, la Policía les dijo que "se iba a hacer todo lo posible, pero que no se hicieran ilusiones, porque los objetos ya estarían colocados, porque son cosas que pasan muy rápido de manos". Arbondo cree que el robo fue realizado "por alguien de la vuelta, que quizá vino a ver el espectáculo y le pasó el pique a otro". Con esta pérdida, Trenes y Lunas redondea su mala racha, luego de haber perdido su sala propia de Puerto Luna. De hecho, los equipos que perdió semanas atrás los habían ido comprando para aquella sala, y su costo ascendía a cinco mil dólares.

SOLIDARIDAD. Ante esos hechos el grupo tenía dos caminos. Buscar otra sala o enterrar la obra. Cuando lo segundo parecía inevitable, El Galpón ofreció solidariamente su salita Cero, donde se tuvo que adaptar la puesta radicalmente, puesto que el Espacio Barradas ofrecía un entorno ideal para esta pieza de carácter evocador. Hubo que abandonar las paredes de piedra, los muros antiguos y las regias arcadas, para adaptarse al pequeño y despojado nuevo lugar.

Crónica... tiene un origen singular, que se refleja en el montaje. Los tres autores (Arbondo, Iván Solarich y Sergio Mautone) trabajaron con anécdotas de la infancia, propias o inventadas, y les dieron forma dramática por medio de una creación colectiva. Surgió así la historia de dos hermanos que desde un reencuentro evocan episodios de la infancia, cargados de ternura, elemento que el teatro de las nuevas generaciones no siempre contempla.

La obra abre con una secuencia de dispositivas con imágenes de los tres artistas en los años de la niñez. A partir de allí, los dos actores (Mautone y Solarich) interpretan las peleas infantiles y los momentos de compañerismo, mientras se va dibujando una familia conflictiva, asolada por el alcohol y la desocupación. El resultado es un montaje que sin apelar a fuertes recursos visuales concreta una puesta altamente emotiva, con la que cualquier espectador se puede sentir identificado.

Puesta a comparar entre los dos montajes, Arbondo declaró: "En el Barradas contábamos con la belleza del lugar. En la sala Cero intentamos recrearlo con paneles pintados pero quedaba horrible. Tuvimos que descubrir el juego ante el espectador, dejar todo a la vista y trabajar más sobre los desplazamientos de los actores y la luz. En esencia la obra es la misma, pero ahora jugamos más con la imaginación del espectador. Curiosamente, la reacción del público es la misma".

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