Mañana llega a las disquerías Porfiado, el álbum número trece de El Cuarteto de Nos. Si bien el grupo niega ser supersticioso, por las dudas en la contratapa colocó una herradura de la suerte. Es un repertorio pensado para tocar en vivo.
Nuevamente con Juan Campodónico a cargo de la producción artística, la banda ingresó al estudio de grabación por primera vez como un quinteto. El resultado es Porfiado, que viene a conformar una trilogía junto a Raro y Bipolar.
El Cuarteto de Nos inició su metamorfosis en 2004 con un disco de versiones más acabadas de sus clásicos, y la profundizó tras la partida de Riki Musso con la incorporación de un guitarrista y un tecladista. El número no da: son cinco. Pero cuando grabaron el primer álbum eran tres.
Roberto Musso y Santiago Tavella recibieron a El País en la oficina de Majareta Producciones donde ultiman detalles del lanzamiento que tendrá réplica, gracias a la multinacional Warner, en Argentina, Chile, México y España. Posteriormente el álbum se publicará en Venezuela y Colombia, a donde el grupo viajará este año. En la agenda hay una fecha en el Luna Park de Buenos Aires para el 22 de junio, una gira por el Interior de Uruguay y una presentación al aire libre en Montevideo para septiembre, entre otras cosas. Pero mejor vayamos a la charla.
"Con Porfiado completamos una trilogía aunque no sé si la cerramos con llave", dice Santiago Tavella, dejando la puerta abierta a una tetralogía por si se quedan "sin ideas". Para Roberto Musso el nuevo repertorio es una síntesis equilibrada de las últimas dos placas. "Queríamos que no fuera tan rapeado como Bipolar, ni tan guitarrero y rockero como Raro". Y en el intento por definirlo agregaron varios aspectos interesantes: fue pensado para ser tocado en vivo, contiene melodías "que se te quedan pegadas" y libera otra camada de personajes obsesivos.
"Entrar en el estudio como un quinteto fue novedoso aunque ya hacía dos años y medio que teníamos esta formación. Lo hicimos con esa mentalidad y con el entusiasmo de haber demostrado que no somos sólo una banda con un pasado sino con un gran envión hacia adelante. En Bipolar había cosas que después en vivo te las debo. En cambio Porfiado no es un disco de arreglos sino de una banda que hace sus arreglos musicales. Ese es el eje más importante en cuanto al sonido", señalan. Esta vez no hubo una canción que les sugiriera el título, pero la obstinación resultó el denominador común más evidente entre las criaturas que gritan toda su humanidad en Porfiado. "Las historias son de tipos tercos, que buscan objetivos muy concretos y son capaces de cualquier cosa por llegar a eso. Nos gustó la palabra porque tiene algo de inocente e infantil, además si hay gente obstinada en este mundo ¡esos somos nosotros! Así conducimos nuestra carrera. ¡Somos profesionales de la porfiadéz!", dicen y se ríen, los dos que en porcentajes distintos (Tavella dos, Musso diez) ponen sus voces a los doce surcos.
Están acostumbrados a las críticas desde el arranque. En sus albores El Cuarteto de Nos no se parecía a nadie, no era entendido ni aceptado por la gran masa sino por una minoría y siguió a contracorriente sin saber que en un futuro daría el batacazo. Como la mayoría de las propuestas artísticas en Uruguay, la banda floreció lejos de pretensiones y se mantuvo viva muchos años con pocos recursos. "Ahora lo podemos decir (ese `ahora` incluye giras por el exterior y haber estado nominados a los premios Grammy Latino), porque en aquella época nos resultaba penoso. En los `80 éramos la banda más cuestionada y nos decían que no era rock lo que hacíamos", comenta Tavella. "Si iban a dejar afuera a algún grupo en un festival seguro éramos nosotros. Nunca le copiamos a nadie y eso siempre conlleva adhesiones y críticas. Recién ahora conseguimos construir nuestro lugar, un lugar que no estaba hecho. Así que capaz tenían razón. Yo no me corto las venas porque digan que no hacemos rock. No soy fundamentalista". Cuando grabaron Soy una arveja los criticaban porque usaban instrumentación eléctrica y cuando llegó Otra Navidad en las trincheras algunos se quejaron de que habían perdido su esencial oscuridad. "Hubo que convivir con eso, pero el público crece. Si no cambiáramos en un futuro estaríamos en El crucero del amor tocando canciones de los `80". La carrera internacional les llegó en la adultez, en su mayoría ya casados y con hijos, pero de esto hacen una valoración muy positiva porque "las cosas se dan cuando se tienen que dar". De hecho, "cuando salió Otra Navidad en las trincheras", continúa Musso, "para nosotros significó un despegue. ¿A dónde llegaremos con esto?, nos preguntábamos. Era raro, se disfrutó y se sufrió en un plano igual, en un tiempo en el que acá no te perdonaban el éxito. Por otra parte, en ese momento la banda no estaba madura en toda su infraestructura para salir afuera. Con Raro, en cambio, disfrutamos todo el tiempo y nos agarró muy maduros a todo nivel. Creo que de ahí en adelante ofrecemos el mejor show de nuestra historia".
Tavella y Musso niegan ser tan neuróticos como sus personajes. "Ponemos cosas de nosotros, pero no hay ninguno que sea cien por ciento a imagen y semejanza. Escribimos de cosas que nos pasan o que sentimos. A veces metaforizamos o desplazamos lo que vivimos hacia otro lado. Yo creo que para que alguien se identifique con una canción, para que la sienta, tiene que haber una cuestión genuina propia, el que escucha tiene que saber de qué se habla". Nunca hicieron terapia juntos. Lo más cerca fue ingresar al estudio de grabación. "Algunos de nosotros fuimos al psicólogo por separado, otros no lo han hecho pero deberían", ironizan, revelando que "hay un porcentaje psicoanalizado en la banda que no es el ideal", (risas). El último terapeuta de Tavella insistía: "yo ya te dije esto muchas veces: ¡pero ustedes serían geniales para hacer una terapia grupal!". Según cuentan la idea nunca prosperó, pero el profesional, que debe querer darse un gusto personal, no se rinde.
No le escribieron un tema a McCartney
Cuando se anunció la visita de Paul McCartney a Uruguay, Alvin, el baterista de El Cuarteto de Nos publicó en Facebook que sería el marco ideal para estrenar El balcón de Paul, una de las canciones más luminosas de Porfiado. Sin embargo es una simple casualidad, porque no se inspiraron en el exbeatle para componerla.
"En realidad buscamos un nombre que rimara con balcón y que tuviera una sílaba. No tiene ningún link con McCartney", explicó Musso, derribando cualquier aureola de idolatría.
Sin embargo, esto sirvió para que Tavella recordara que cuando se conocieron prácticamente coincidían en una sola cosa: su fanatismo por The Beatles.
Todos venían con influencias distintas, pero pronto se encontraron aprendiendo a hacer canciones con los británicos como brújula.
"Los primeros covers que tocamos fueron de ellos. Nos marcaron mucho en ese sentido. Nuestra escena era muy beatlera. Cuando los descubrimos ya se habían separado; al escuchar algo de sus primeros años y compararlo por ejemplo con Abbey Road, se nota el cambio, no tiene nada que ver, y así es también la historia del Cuarteto. Siempre quisimos hacer algo diferente. Y a Los Beatles, al menos, les funcionó, (se ríen)".
El grupo dice hoy no tener una meta por cumplir. "No tenemos un sueño", sentencia Tavella. "Hay gente que quiere algo más siempre. Pero nosotros somos muy razonables en nuestras expectativas. En el período previo, cuando todavía nos producíamos nosotros, en los conciertos mirábamos desde atrás del telón para ver si se terminaba de llenar la sala. Cuando empezamos a trabajar con Majareta se rompió esa ilusión porque ahora ya sabemos cuántas entradas se vendieron. Antes tampoco había modo de saberlo de antemano y la gente compraba sobre todo en la puerta".
El trabajo con Campodónico derivó casi en un matrimonio. "Es uno más del grupo, tenemos una gran química profesional y personal", resumen.
"Cuando sea grande" estrena clip rodado por Charly Gutiérrez
Con inteligencia, El Cuarteto de Nos repite equipo en las áreas fuertes. El videoclip de El hijo de Hernández, también dirigido por Gutiérrez de Oriental Films, estuvo nominado al Grammy Latino. Esta vez, la acción se desarrolló en un predio perteneciente a la Escuela Militar de Aviación, ubicada en el kilómetro 30 de la ruta 101. Allí Musso se calzó un disfraz de pollito amarillo, Tavella se caracterizó como un conejo rosado de Pascua y Alvin como una pera. El guitarrista "Topo" Antuña hizo de "caja de cigarrillos gigante" y a Santiago Marrero le tocó un traje similar al de los guardias del Palacio de Buckingham. El guión, para nada lineal, determinaba que tenían que correr mientras eran alentados por una hinchada de infantes. "El video retrata una carrera bizarra de hombres disfrazados frente al público infantil, en ese juego de espejos que presenta la canción", explica Musso.