NEW YORK TIMES | COURTNEY ROCK
A George Clooney se le conoce tanto por sus discursos vehementes por causas de beneficencia como por escoltar mujeres jóvenes y hermosas. Sin embargo, el Clooney jocoso, chico de fraternidad, no ha muerto del todo.
Cuando Clooney se sienta en un hotel de Beverly Hills para hablar con los periodistas sobre su película más reciente como director, pareciera que quien toma la palabra es el muchacho fraterno. La película es Jugando sucio, una comedia romántica cuyo telón de fondo es el fútbol americano profesional de los años `20.
En los primeros días del deporte, cuando el encanto y la atención de los medios se centraban en los partidos universitarios, Dodge Connelly (Clooney), maduro jugador, entrenador y propietario de un equipo, contrata a Carter Rutherford (John Krasinski), héroe de guerra y destacado ex-estudiante universitario. Ambos competirán fuera del campo de juego por el afecto de Lexie Littleton (Renée Zellweger), una dura reportera que cubre las actuaciones del equipo mientras investiga a profundidad los antecedentes del nuevo héroe.
Bromeando, Clooney no parece para nada el director con estilo propio y diferente, que no sólo protagoniza la película, un proyecto favorito desde hace tiempo, sino que también la dirige. "Les diré algo", dice un periodista riendo, "a un hombre lo golpea una pelota de fútbol en la entrepierna ¡siempre es chistoso!" "Siempre es chistoso", concuerda Clooney. "¡Nunca deja de ser es chistoso!".
DIVERSIÓN. Si no se recuerda haber visto tal regocijo en proyectos recientes de Clooney como la nominada al Oscar Buenas noches y buena suerte (2005) o Syriana (2005), con la que ganó el premio de la Academia al Mejor Actor de Reparto, se debe a que Jugando sucio confirma otro aspecto de Clooney: el cinéfilo que aprecia mucho el período en el que se ubica el film y aprovechó la oportunidad de emplear diversas convenciones cinematográficas de los años de 1930 y 1940, la edad de oro de la comedia disparatada. El elenco, los diálogos, el trabajo con las cámaras, los estilos de actuación y las locaciones fueron influidos por las comedias favoritas de antaño del director y estrella.
"Lo robé de...", dice Clooney, hace una pausa y, riendo, continúa, "hice un homenaje a fondo a Howard Hawks, Preston Sturges y la primera época de George Stevens. Hay una película llamada El amor llamó dos veces (1943) que tratamos de plagiar, bueno, de homenajear". Otras inspiraciones incluyen Domando al bebé (1938) y Ayuno de amor (1940) de Hawks, y Laureles ajenos (1944) e Infielmente tuya (1948) de Sturges.
Duncan Brantley y Rick Reilly, dos cronistas de Sports Illustrated, escribieron el guión de Jugando sucio a finales de los `80. Tras mucho andar de un lado para otro, cayó en manos del director Steven Soderbergh a principios de los `90 y Clooney se integró para protagonizarla después de que ambos terminaron la filmación de Un romance peligroso (1998).
No obstante, para cuando Clooney se había relajado tras Buenas noches y buena suerte y Syriana, y estaba listo para trabajar en Jugando sucio, Soderbergh se había retirado del proyecto. Clooney se hizo cargo y, una década después de iniciado todo decidió que se necesitaba revisar el guión.
"Lo que resultó fue horrible, de verdad", dice con una risa atribulada. "El asunto de John Kerry hizo que se me ocurriera la idea de que el personaje (del héroe de guerra) tenía un secreto. No es que pensara que John Kerry no fue un héroe de guerra, sólo que pensé: `Bueno, ¿que pasaría si en realidad no lo fue? ¿Y si hubiera una forma inocente de hacerlo, en la que no lo hiciéramos un tipo malo?"`.
Clooney insiste en que sus motivos fueron apolíticos, a pesar de una trama que es un giro de la historia de Buenas noches y buena suerte en la que se cuestiona injustamente la lealtad de un héroe verdadero. "Ya hice una película sobre eso", dice Clooney. "Estaba tratando de hacer algo diferente. Quería darle al personaje de John Krasinski un secreto. En el primer borrador de la película, el personaje de John y Lexie fueron novios en la universidad y aparecían juntos, así que ella no era activa. No tenía nada que hacer y no había nada que obtener, y ahora yo estaba demasiado viejo para robarme a la chica universitaria. De verdad que se trató más de decir: `Está bien, hay que darle algo que hacer.` No había mujeres periodistas de deportes en 1925. Ahora están luchando para serlo, así que creímos que era algo valiente y grandioso ser así, pero no era un comentario sobre la prensa".
En realidad, dice Clooney, no era un comentario prácticamente sobre nada, lo que más o menos era el punto. "Justo después de Buenas noches y buena suerte siguió Syriana", explica. "Después de ese año, todo lo que me llegaba eran películas `temáticas`. Estaban contentos en dejarme dirigir, pero iban a ser sobre el libro de Richard Clarke o la historia de Valerie Plame, o lo que fuera. Iba a ser algo político y yo tenía un gran temor de ser `el director temático` porque cambian los temas. Tengo un interés mucho mayor en ser un director".
"Así que pensé: `Quiero hacer algo que esté totalmente alejado de esto`", continúa, "y me gustó manipular los géneros. Se trataba de un mundo que yo conocía un poco y un estilo diferente de las películas actuales."
Clooney quería que sus actores capturaran la réplica ingeniosa, de ritmo rápido, de la comedia de los 30, el estilo trepidante de Hawks, Sturges y Frank Capra. En ese entonces, era el estilo habitual de Hollywood, pero la actuación con el Método llegó en los 50 y cambió todo. Para los actores de cine del siglo XXI, el estilo retro llegó como algo sorpresivo.
MÉTODO. "La tendencia, probablemente desde que Montgomery Clift llegó a la escena, es que se interioriza", explica Clooney. "Es grandioso, y así se han hecho algunos de los trabajos más asombrosos de todos los tiempos. Pero para esta película las cosas fueron diferentes. Se responde como si no se hubiese escuchado la pregunta, ¿sabe? Tiene que ser así de rápido".
"No se puede hacer exactamente como Rosalind Russell", agrega refiriéndose a la estrella de Ayuno de amor. "Ella era brillante pero si se tomara esa actuación y se la pusiera en una película moderna, aun si se supusiera que era más antigua, simplemente se sentiría como una imitación".
"Hay un montón de actores que sencillamente se siente que son de 2008, hagan lo que hagan. Tuvimos el mismo problema con Buenas noches y buena suerte", añade. "Había que tener actores que fueran buenos, muy rápidos y limpios. Renée y Krasinski lo son."
"El arduo proceso llevar adelante el guión ensombreció algunos de los otros retos implicados en la interpretación de Dodge Connelly", dice también Clooney. Una de las cosas a las que no le presté atención fue que, además de actuar, había que jugar fútbol americano. Y dolió. Nunca más dirigiré una película en la que sea además el protagonista".
Comedia de acción con entrelínea seria
GUILLERMO ZAPIOLA
George Clooney sabe que no se trata de "gran cine", pero es muy consciente de lo que está haciendo en Jugando sucio, al punto de que llama la atención que un film que lo tiene como director y actor y añade a Renée Zellwegger como coprotagonista haya ido directamente a los videoclubes. Es una película que pudo tener su chance en cine, más allá de la leyenda (también vigente en los Estados Unidos), acerca de que las películas sobre fútbol americano no funcionan en taquilla.
En el reportaje que se publica en esta misma página Clooney deja claro cuáles fueron sus fuentes de inspiración y de todos modos a un aficionado veterano no resulta difícil detectarlas. El director y actor sabía que se metía en camisa de once varas al encaminarse hacia la mejor tradición del humor cinematográfico que haya existido jamás, pero el resultado funciona a un nivel de competencia y por momentos de inspiración. Clooney trabaja sobre dos terrenos que le interesan (cine y deporte) y el resultado no es despreciable ni mucho menos.
Sin duda es el más liviano de sus trabajos como director, pero esa puede ser también otra apariencia. Tras su historia triangular y deportiva corren un par de temas serios: el equívoco heroísmo, el tránsito entre un deporte al que se ama y su mera explotación comercial (lo que genera algún gesto de rebeldía).
Un director que afirma un perfil de inquietud y polémica
Jugando sucio implica un cambio de tono en la carrera de George Clooney como director. Sus dos películas anteriores implicaban grados de compromiso ideológico o político que sólo muy entrelineadamente pueden ser rastreados en esta tercera entrega de su filmografía.
En Confesiones de una mente peligrosa había también una torcida cuota de humor, pero el tema central (la doble vida de un personaje central que era a la vez una estrella del entretenimiento y un colaborador de la CIA), poseía un peso evidente. En Buenas noches y buena suerte la propia historia (el enfrentamiento entre el periodista Edward Murrow y el senador Joseph McCarthy) y su empeño en reivindicar valores como la independencia de pensamiento y la libertad de expresión, con alcances deliberadamente muy contemporáneos, tampoco dejaba mucho margen a la broma.
Dirigir y actuar al mismo tiempo no es trabajo sencillo
"Jugando sucio" es la tercera película de George Clooney como director, después de Confesiones de una mente peligrosa y Buenas noches y buena suerte. No obstante, en esas películas anteriores sólo interpretó un papel de reparto. En esta ocasión, es la estrella. Reconoce que no es una situación cómoda.
"Hay que ir con cada uno de los actores antes de empezar y decir: `Mira, esto va a ser algo incómodo`, y expresarlo abiertamente", dice. "Es embarazoso cuando se está haciendo. Se está sentado frente a Renée Zellwegger y ella está haciendo un trabajo tremendo en la escena, y se puede sentir que la cámara está demasiado cerca, demasiado pronto y se tiene que decir: `Esta bien, ¡corte! Entraste demasiado pronto... Está bien, tratemos de nuevo`".
Zellwegger ha reconocido la incomodidad, pero elogia efusivamente la habilidad de Clooney para manejar esa línea invisible tan difícil. "Es un trabajo realmente duro", dice, "porque se tiene que estar en los polos opuestos en forma simultánea para poder lograr lo que se está tratando de hacer. Se tiene que saber lo que está pasando en tanto director y se tiene que desaparecer y no prestar atención. Él es una persona centrada, preparada y sabe lo que está tratando de lograr. No es indulgente. Sabe, yo no sé si podría separar una cosa de la otra".
"George habla de estar recargado en el pie delantero cuando se actúa", agrega John Krasinski, también actor del film. "Este estilo de actuación significa estar listo para las palabras. Casi se responde antes que el otro hable".