Nueva York - En su debut en Nueva York, el colectivo uruguayo-argentino Bajofondo Tango Club dejó el perfume del "tecno-tango", su acertado mestizaje entre la música electrónica y el tango tradicional del Río de la Plata.
Bajo la producción del argentino Gustavo Santaolalla, recién nominado a un premio Oscar, y el uruguayo Juan Campodónico, la agrupación se presentó anoche en el Lincoln Center como parte de un festival que rinde homenaje alcompositor argentino Osvaldo Golijov.
Con sus ordenadores portátiles programados, un bajo, un violín, una guitarra electrónica, proyecciones de vídeo y, por supuesto, un bandoneón y voces tangueras, Bajofondo ofreció, más que un recital, un performance multisensorial diseñado para ser escuchado y bailado.
Y es que lo que comenzó como un recital sobrio hacia el final de la noche se transformó, tal y como lo había anticipado Santaolalla al inicio, en una pista de baile donde la temperatura rítmica subió al tempo del "electro-tango".
En su presentación, de poco más de una hora, Bajofondo demostró que el oscuro y melancólico tango rioplatense puede convertirse en música tornasolada si se le inyecta algo de hip-hop y las secuencias electrónicas del "drum and bass", el "house" y el "tecno".
Para Santaolalla y Campodónico, la electrónica supera los estilos musicales y las fronteras geográficas, pues se trata de una herramienta al servicio de la música, o del lenguaje global de la música en esta era tecnológica.
"Es una música que no sabemos qué es exactamente", dijo Santaolalla durante la presentación.
"Mezclamos la música con la que crecimos en el Río de la Plata con la música contemporánea que nos gusta escuchar", agregó Santaolalla, quien aspira al Oscar por la música al filme Brokeback Mountain.
Junto a la interpretación de canciones del hasta ahora su único disco, entre ellas "Montserrat", "El sonido de la milonga", "Mi corazón", "Vacío" y "Bruma", Bajofondo dio espacio a temas acústicos como el clásico "Milonga del novecientos", de Homero Manzi.
Guitarra eléctrica en mano, Santaolalla saltó y se divirtió por los campos del escenario.
Le acompañaron Campodónico, como pinchadiscos y artífice de secuencias electrónicas, y el compositor Luciano Supervielle, que como un pulpo estuvo frente al piano, como pinchadiscos, "raspa-vinilo" y secuenciador electrónico.
Martín Ferrés, al bandoneón, ofreció un solo titulado "Tirurirú", un tema conceptual, experimental y divertido que, con sus reverberaciones, expandió las posibilidades de este instrumento, sensual por antonomasia.
Javier Casalla "electrificó" su violín, que estuvo acompañado por el bajo de Gabriel Casacuberta.
Como telón de fondo, la "chica" del grupo, Verónica Loza, proyectó vídeos e imágenes de archivo de bailes de tango, partidos de fútbol, la construcción de los primeros ferrocarriles y las protestas durante la crisis argentina de principios de este siglo.
Al final de la presentación, las imágenes se fundieron con otras no menos impactantes: el paisaje nocturno de Manhattan, que como por acto de magia quedó desvelado al levantarse una cortina que cubría el monumental ventanal que había detrás del escenario.
Mientras, Bajofondo interpretaba el popular tema "Perfume", de Jorge Drexler y Supervielle, y llamaba al público a bailar para empezar así una fiesta que después muchos no querían terminar.
EFE