ALEXANDER LALUZ
Andrés Calamaro y Litto Nebbia oficiaron de padrinos musicales. Beto Satragni puso la sabiduría "bajística", guitarrística y compositiva, además de las ganas de juntar a sus viejos socios de Raíces.
Muchos quizás no puedan atar los lazos que se cruzan en esta historia. Que Calamaro, cuando era un adolescente de melena se integraba a un grupo que hacía en pleno Buenos Aires, una pionera fusión de candombe, rock, funk, jazz tan uruguaya. O que Nebbia podía candombear con flor de canción (sin dudarlo: de lo mejor de su cosecha compositiva) como El otro cambio, los que se fueron.
El asunto es bastante sencillo de entender. A fines de los años setenta, un señor llamado Beto Satragni, que había cruzado el charco para hacer carrera en la capital porteña, al igual que otros tantos uruguayos, tuvo una arriesgada idea: amalgamar estilos para hacer candombe fuera de ambiente. La experiencia se llamó Raíces. Duró relativamente poco tiempo, la formación tuvo algunos cambios, se separaron y volvieron a juntarse varias veces. Y de esa germinal asociación salieron discos notables como B.O.V Dombe (1978): el candombe en Argentina hecho de sangre uruguaya.
Satragni hizo, a la par de Raíces y también después, una prolífica carrera como bajista. Tocó con todos (o casi todos) los músicos de acá y del otro lado del Plata. Pero como este señor bajito, de bigotes, no puede quedarse quieto, reincidió con aquel legendario grupo. Y aquí la punta que une las historias: lo hizo con el apoyo de Calamaro, Nebbia (que puso sello, estudio, voz y canción), Jimmy Santos, Raúl Campana, Juan C. Tordó, Alberto Bengolea. Esta banda se encerró en el estudio del sello Melopea y salió con un disco formidable: Beto Satragni & Raíces: 30 años.
No es una decadente apología de la nostalgia. En lugar de transitar por este camino fácil, quizás más "rentable", Satragni fue por un sonido nuevo, enérgico, cargado de sangre y swing. Sus colegas "metieron pa` adelante", y revivieron, con veterana perspectiva, la identidad de Raíces.
Desde este mes el disco ya está en Uruguay, editado por el sello Ayuí. Y el pasado viernes 28 de agosto lo presentaron en la Sala Zitarrosa con Litto Nebbia como invitado especial.
El concierto no fue una reproducción del disco ni siguió el canon de un lanzamiento. Fue una fiesta de amigos en la que Nebbia hizo un largo set solista, sólo con guitarra y teclados, al comienzo, y todos se permitieron algunas desprolijidades, pero que siempre fueron salvadas con una musicalidad y la soltura tan propias de Satragni. Ni qué decir de la maestría de Osvaldo Fattoruso para oficiar de armador en el equipo de Raíces.
El disco refleja esas mismas ganas de tocar que se escucharon en este concierto. Abre con el poderoso Esto es candombe, que va levantando temperatura en el tejido de frases instrumentales breves, casi tajantes y afirmativas, en las que los instrumentos se van repartiendo el protagonismo. Las armonías y el color se abren cuando Calamaro desgrana el verso "cuando tú no estás yo sé que no, no hay vida", con una voz casi aguardentosa. Y luego el swing se vuelve a jugar con la insinuación contenida en la reexposición de las frases cortas, muy rítmicas.
El otro cambio, los que se fueron, de Nebbia, una joya lírica que mutó con gran versatilidad en candombe. La electricidad crece en De las dos orillas, donde Calamaro acierta con un oscuro, grave melodismo, y el filo poético de siempre.
Satragni es la pieza clave de todo esta construcción musical. Virtuoso y eficaz en el ensamble de climas, zonas de cambios expresivos, así como en el toque preciso de la guitarra, el bajo, y en su canto pequeño, contenido.
Reuniones merecen el aplauso, y no por simple coqueteo con el pasado, sino por ser un elogio a la integración de inteligencia y swing.