GUSTAVO TRINIDAD
El viernes se vieron tres buenos espectáculos a cargo de C1080, la murga A Contramano y parodistas Zíngaros cuya producción fue deslumbrante. El sábado otros tres grupos, dos primeros premios el año pasado, llegaron con excelentes puestas.
Se trató de la comparsa Sarabanda, los humoristas Sociedad Anónima y la murga Curtidores de Hongos.
Zíngaros comenzó deslumbrando con una primera y larga secuencia dedicada al galardón de Montevideo como Capital Iberoamericana del Carnaval. Siguió con una notable parodia del Lazarillo de Tormes y una impagable Walter "Cucusú" Brilka, que se movió en el humor como pez en el agua, tuvo un manejo exacto de los tiempos escénicos y se metió a los 6.000 espectadores en el bolsillo. Debería ser tenido en cuenta como personaje del carnaval. Estuvo bien secundado por Ariel "Pinocho" Sosa. La segunda parodia sobre la vida de Carlos Páez Vilaró también estuvo muy lograda y se le agregó una importante cuota emotiva con la presencia del propio artista plástico en la platea. Esta parodia acusó cierta falta de funciones sobre todo en algunos momentos que no alcanzaron el peso dramático que requieren. La puesta y los textos de Leonardo Preziozi resultaron excelentes y el trabajo de solistas y cuerpo de baile estuvo a la altura de las circunstancias. Tanto la escenografía de ambas parodias como el vestuario, incluida la presentación, fueron excepcionales. Por su parte la comparsa C1080 homenajea a personajes como Martin Luther King, Cassius Clay, Josephine Baker, Mandela y hasta Ansina en su espectáculo "Memorial Negro". La puesta fluyó de forma impecable, fue sugestiva plásticamente y más que correcta musicalmente. Tal vez tantos personajes homenajeados no permiten profundidad o puntos de vista desconocidos en esas vidas y a veces son un breve repaso.
La murga A Contramano, que este año incorporó a Diego Bello en busca de más humor, mostró un cambio de estilo, menos intelectual. Su espec- táculo gira en torno a la familia y tiene como protagonista a Bello, que arranca la risa de la platea antes de que ni siqueira abra la boca y a Pinocho Routin. La murga mantuvo un canto excelente bajo la batuta del arrollador Rafael Antognazza y el apoyo de una batería eficaz. En la primera parte no se logró, a pesar de Bello, toda la risa buscada, pero el espectáculo fue de menos a más y la murga bajó ovacionada por todo el Teatro.
sábado. El sábado actuó la murga La Lunática, que esa noche misma quedó fuera del Concurso, sobre todo por la debilidad de sus textos. La comparsa Sarabanda tuvo un planteamiento casi metafísico: "Nace una partícula del ser hecho hombre y es visitado por energía creadoras...". Algo de semejante propuesta se pierde en un relato que es llevado por canciones y bailes, pero la puesta en escena de Ruben Colletto, mantiene un espectáculo atrapante visual y musicalmente. Siempre hay mucha gente en escena y el espectáculo tiene una buena solución de continuidad. Desde donde estaba el equipo de El País algunas veces la orquesta tapó al coro, aunque cuando éste se escuchó su desempeño fue excelente, como el del cuerpo de baile.
La murga Curtidores de Hongos tiene un vestuario y un maquillaje maravillosos. La escenografía, que también a veces es utilería, logró un espacio funcional y sugerente. El canto y los arreglos musicales fueron un placer para el oído. En cuanto textos, mejoró en la segunda parte con los monjes tibetanos que arrancaron carcajadas a la platea. Los humoristas Sociedad Anónima tuvieron su fuerte en la segunda parte con José Artigas y los gauchos patones. Destacó el dominio escénico de su director Carlos Barceló. El laureado grupo maragato, quiere mantener la corona.