Entre la adicción y un gran éxito

 tapa espectáculos 20070114 300x184

NEW YORK TIMES | CINDY PEARLMAN

Fue un año de altas y bajas para Robin Williams. En el punto más bajo empezó el tratamiento por abuso de alcohol. Los altos fueron Happy Feet, actualmente en cartelera, y Una noche en el museo, que se estrena el próximo viernes en Montevideo.

"Yo entré a rehabilitación el mismo día que Mel Gibson fue arrestado en la carretera. Eso me permitió cierto anonimato", dice Williams. "Dios tiene sentido del humor. Claro, Mel fue detenido por el único patrullero de caminos judío."

Incluso su reciente paso por rehabilitación proporciona material para el rápido y gracioso monólogo de este comediante de 55 años durante la entrevista en un hotel de Los Ángeles. "Honestamente, me siento muy bien", dice Williams más en serio. "Estoy sobrio y estoy bien. Estoy muy agradecido con mis admiradores, que me escribieron las cartas más bonitas del mundo para que me recuperara por lo que estoy en deuda con ellos".

Una ventaja de sus recientes problemas, dice Williams, es que de ellos resurgió con una actitud más relajada hacia la vida y su carrera. Es por eso, por ejemplo, que este notable robacámaras asegura que para él está bien jugar un papel secundario junto a Ben Stiller en Una noche en el museo, donde también están Dick van Dyke y Mickey Rooney.

"Ahora puedo hacer papeles más pequeños, como en Una noche en el museo. Soy el tercero en importancia, pero es divertido, pues no hay que estar ahí cinco meses, como hizo Ben Stiller, que aparece en todas las escenas".

FANTASÍAS. Parte del atractivo de la película, agrega, es que está ambientada en el Museo de Historia Natural de Nueva York, con una gran diferencia con respecto de la vida real: de noche cobran vida las exhibiciones, entre ellas la figura de cera del presidente Theodore Roosevelt, interpretado por el propio Williams.

"Desde que era un chico e iba a la escuela Juilliard de Manhattan, iba a ese museo", explica Williams. "La idea de que cobre vida es perfecta para una película. He estado en ese lugar muchas veces y literalmente podemos imaginar que las figuras cobrarían vida si las miramos muy fijamente".

Happy Feet, que ha recaudado la impresionante cifra de 121 millones de dólares en sus primeras tres semanas, fue la gloria para Williams, que ha tenido una lucrativa segunda carrera como artista de voz desde que redefinió ese concepto en Aladdin (1992). En Happy Feet desempeña dos papeles: el macho Ramón y el baladista Lovelace, ambos pingüinos.

"La idea de un trabajo con la voz es muy divertida para mí", dice el actor, "en especial cuando existe la posibilidad de hacer dos voces. Pude hacer una voz que era la del machismo, y después la de un personaje como Barry White. Para mí eso fue un regalo".

"Empecé con Aladdin y desde entonces he hecho muchas caricaturas y animaciones", continúa. "Siempre es un regalo, pues literalmente eres libre. Me encanta la comedia física, pero en cierta forma, me graban y toman mucho de lo que yo soy ... aunque nunca me he considerado un pingüino. Es divertido saber que en cierto modo eso se capta. Puedo crear a un personaje desde cero que no se parezca en nada a mí".

TRAYECTORIA. La carrera de Williams ha sido una de las más brillantes de Hollywood. Hijo único, creció en Chicago y California, después estudió ciencias políticas y luego aprendió actuación en la escuela Juilliard. En 1974 fue seleccionado para interpretar al bobo extraterrestre Mork en la serie televisiva Días felices, de la que salió su propia serie, Mork y Mindy (1978-1982). Después vinieron más comedias y también dramas, y ganó un Oscar al mejor actor de reparto por su interpretación de un amoroso consejero en En busca del destino.

Sin embargo, ahora dice que la familia le importa más que el lugar que pueda tener en la cadena alimentaria de Hollywood.

Y no deja de bromear al respecto. "¿Tengo que preocuparme por perder ante Brad Pitt?", se pregunta, agregando con su característico sentido del humor: "Sólo por Angelina. Pero ella tiene un tatuaje que dice `Robin` junto a otro que dice `Billy Bob.` Y además tiene otro que dice: `Aquí va tu nombre.`".

Tras esa afirmación finge un gesto escandalizado y agrega, como si fuera cierto: "¡Ups ... no quise decir eso!". Por supuesto que quiso.

A Williams, que es un ambientalista convencido, le agradó también que Happy Feet tuviera un mensaje favorable para la ecología. "Algunas de las cosas que ya sabía acerca de la naturaleza de la sobrepesca están en la película, lo cual le abre los ojos a los chicos", afirma.

"Lo único que no está en la película y que realmente está sucediendo es que la Antártida se está derritiendo", continúa. "Tanto el Polo Norte como el Sur se están convirtiendo literalmente en albercas. Hay grandes áreas que ya no existen. Se están derritiendo áreas del tamaño de Nueva Zelanda y Nueva Hampshire. Dentro de diez o quince años nos vamos a dar cuenta realmente."

"También está la idea de que la pesca industrial afecta a todos. Esos buques-fábrica juegan a destruir y luego huir con los límites internacionales de pesca. Alguien dijo que es como cazar ardillas con una aplanadora. En el mundo existe gran belleza y no debemos permitir que se deteriore", agrega.

POLÍTICA. Como corresponde a un ex estudiante de ciencias políticas que ahora interpreta a un presidente vuelto a la vida, los pensamientos de Williams suelen desviarse hacia temas políticos, sin dejarse intimidar por el fracaso en taquilla de su comedia Man of the Year, en la que interpreta a un comediante convertido en candidato presidencial.

"Como cómico, yo veo los absurdos", afirma. "Pero lo triste es que, si vemos un día determinado, es difícil superar en la comedia lo que sucede en el mundo."

Sus convicciones políticas por lo general son liberales, pero Williams no vacila en apoyar a un político del que piense que tiene buenas ideas, por ejemplo, el gobernador de California Arnold Schwarzenegger.

"Soy demócrata, sí", afirma. "Pero Arnold está haciendo bien las cosas en California y ahora muchos republicanos dicen que los está traicionando. El es un republicano moderado, pero para algunos extremistas eso es como ser un técnico de servicio menonita".

"El cambio no es popular", continúa. "Somos animales de costumbres. Yo voto por cualquiera que quiera hacer cambios, pues todo el sistema está mal. La política la manejan los intereses creados."

Williams no tiene aspiraciones políticas, aunque dice que tiene un excelente lema para una campaña presidencial: "¿Por qué no? Pruébenme. ¿Qué otra cosa podría ser tan mala?"

Cuando se le pregunta quién podría ser su compañero de fórmula para la vicepresidencia contesta: "Bueno, Martha Stewart estaría bien. Tendría un lugar interesante para vivir, y ya pagó su condena. Ahora podría escribir un libro titulado Cómo vivir realmente viviendo en la Casa Blanca."

El escrutinio al que son sometidos los candidatos políticos impide que los estadounidenses tengan los mejores dirigentes, afirma Williams.

"He visto gente extraordinaria, como Mario Cuomo, que no quiere seguir adelante", dice. "La gente quiere muestras de sangre, de orina y de semen para que alguien sea candidato. Eso espanta a cualquiera cuya vida no rechine de limpio, pues entonces no puede ser presidente. Si aplicaran las mismas normas a los presidentes anteriores, entonces nunca habría habido presidentes".

Una apuesta fuerte en favor de los valores de la familia

Los admiradores de las filosas comedias de Robin Williams se quejan de que, tras haber actuado en sardónicas películas como Buenos días, Vietnam (1987), Pescador de ilusiones (1991) y La jaula de las locas (1996), el actor se haya dirigido cada vez más hacia films de corte familiar. Pero Williams, padre de Zachary, de 24 años, de Zelda, de 17 años, y de Cody, de 14, no se disculpa por ello.

"Es bueno que una familia pueda ir junta a ver una película", afirma. "Vivimos en una época en que la familia se comunica con mensajes de texto aunque esté en la misma pieza, lo que para mí es hilarante."

Ben Stiller, al lado de Williams, con su notorio talento de comediante

Con y sin su habitual cómplice Owen Wilson, Ben Stiller, es el protagonista de Una noche en el museo. Interpreta al guardia nocturno que descubre que empiezan a ocurrir cosas raras en el Museo.

El actor ha venido construyendo en los últimos cuatro o cinco años una de las más sólidas carreras de comediante del cine norteamericano. Proveniente del indestructible programa Saturday Night Live, Stiller ha mostrado un talento cierto trabajando para directores con ideas (Wes Anderson en Los excéntricos Tennenbaum), ha exhibido también una capacidad autoral en la no menos excéntrica Zoolander, y se ha anotado varios éxitos populares como la serie iniciada con La familia de mi novia y continuada con Los Fockers, la familia de mi esposo.

Es cierto que en esos y en otros films, incluyendo capítulos de la serie Arrested Development, la adaptación para pantalla grande de la vieja serie Starsky y Hutch o un film como Mi novia Polly (donde había un libreto que ni él ni Jennifer Aniston se merecían) ha incurrido a veces en la facilidad. Rara vez ha caído sin embargo en la estupidez.

Y no para de trabajar. Actualmente tiene en postproducción The Heartbreak Kid, comedia de los irreverentes hermanos Farrelly, y está doblando la voz de uno de los personajes de Madagascar 2. También tiene en preproducción un proyecto televisivo aún sin título, una comedia familiar que va a dirigir.

Temporada con otros Williams

La idea de altas y bajas no abarca solamente la trayectoria cinematográfica reciente de Robin Williams. La línea ascendente parece acentuarse cuando se examinan sus proyectos completados o en curso: el hombre está activo, realmente.

Confirmando que no le preocupa hacer papeles secundarios si la película le interesa, Williams acaba de terminar el rodaje de August Rush, una fantasía musical dirigida por Kirsten Sheridan, cuyo estreno norteamericano se anuncia para el próximo mes de febrero. La historia tiene que ver con un niño huérfano con prodigiosas habilidades musicales que utiliza sus talentos para tratar de encontrar a sus padres biológicos.

Un poco más lejano (para el mes de julio) se anuncia el estreno de License to Wed, una comedia romántica dirigida por Ken Kwapis donde Williams interpreta a un sacerdote y consejero que debe resolver varios problemas sentimentales durante un curso de preparación para parejas. También tiene en preproducción The Krazees, otra comedia donde es un psicoterapeuta que lidia con la pubertad de su hija.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar