Las sombras proyectadas por el cierre de una sala opacaron al espíritu festivo con el cual la comunidad teatral uruguaya suele llegar a la entrega de los premios Florencio. El fin de Puerto Luna, hecho ocurrido el pasado 1 de diciembre, se mantuvo siempre presente en el encuentro que la Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay organizó el martes de noche en la chacra La Joaquina. En su discurso de bienvenida, Yamandú Marichal aludió a lo sucedido recordando que otra sala también había sido cerrada: la del Mercado de la Abundancia.
Pero que el grupo Trenes & Lunas haya quedado sin el espacio que con grandes dificultades financieras mantuvo desde los años ’80, tiene otras resonancias. Se trataba de una propuesta imaginada en favor del llamado "teatro de arte", la única que logró mantener una continuidad inusual y de la cual emergieron trabajos que, por encima de todo, procuraron ventilar la creatividad en el medio teatral.
Paradojas de la vida: a ese toque dramático se sumó el hecho de que varios de los Florencio terminaron yendo hacia Puerto Luna o a gente vinculada al grupo que tenía su local en la calle Julio Herrera y Obes y Soriano. Los mismos responsables de la puesta de Calibre 45, que se llevara seis de los premios, fueron los primeros en levantar sus voces reclamando otras actitudes al gobierno nacional y al departamental hacia esos laboratorios fermentales alejados de las leyes del mercado, como lo era Puerto Luna. El propio director Alberto Rivero que hizo con la Comedia Nacional Calibre 45, fue uno de los creadores del grupo Trenes & Lunas. Por eso cuando subió por primera vez a recoger un premio (luego recibió otros dos), formuló una dura crítica hacia el poder político, recordando que estos sectores del quehacer teatral son subvencionados en todas partes del mundo, menos en Uruguay.
A él se sumaron luego los ganadores al Florencio a la ambientación sonora, Alejandro Díaz y Carlos Sera (por Calibre 45), dedicando ese reconocimiento a los maestros que tuvieron en Puerto Luna. Otro tanto hizo Soledad Gilmet, consagrada mejor actriz de reparto por Rifar el corazón, quien poco tiempo antes había participado en la Medea material hecha en la sala de la calle Julio Herrera.
Claro que los dos reconocimientos directos llegaron con la consagración del elenco de Los músicos, dirigida por Iván Solarich, el que poco después recibió el Florencio a mejor actor por su desempeño en Sarajevo esquina Montevideo. En ese momento la tensión llegó a su punto culminante, con el actor al borde del llanto repitiendo una y otra vez que los verdaderos cambios comienzan por la sensibilidad de las personas y no por las políticas económicas que suelen observar al arte como un simple adorno.
Nadie quiso mostrarse ajeno a esa situación. Ni Elisa Contreras al recibir su premio como mejor actriz por Yocasta, ni Mariana Percovich que recibió el destinado al escenógrafo Waldo León, también de Yocasta, ni Lucio Hernández que se llevó el Florencio a mejor actor de reparto por Calibre 45.
CLIMA. Esta situación contradictoria e incómoda para todos los presentes, terminó generando un encuentro un tanto enrarecido, muy lejano al clima obtenido en la edición pasada donde hasta algunas "patinadas" verbales sirvieron para introducir humor. El elenco de DK Dance hizo su esfuerzo para remar en contrario, aportando el mayor griterío a la hora de los festejos, consiguiendo dos estatuillas: la destinada a mejor espectáculo para niños por Alicia en el país de las maravillas y la dedicada al mejor musical, por la obra DKDA Década que estrenaron en La Candela y actualmente realizan en Teatro MovieCenter.
Tampoco ayudó el poco tiempo en que todo debió resolverse. La televisación en directo por Montecarlo determinó que la salida al aire se produjera hacia las 23.30 y que una hora y media después todo estuviera liquidado. No hubo demasiado espacio lúdico (apenas una igualmente acelerada intervención de Jorge Esmoris) ni tampoco demasiado ensayo para el armado del show, donde los presentadores se pisaron con asiduidad y reiteraron casi siempre la fórmula incluida en la presentación con imágenes de los candidatos. Desde ese punto de vista esta edición de los Florencio fue notoriamente más deslucida que las anteriores.
Las paradojas que el tiempo suele poner en evidencia
Que los Florencio fueran a parar a manos de integrantes de Trenes & Lunas no fue la única paradoja de la noche. Cada tres años, los críticos teatrales entregan un Florencio especial denominado Ciro Scosería, en recuerdo a un viejo cronista montevideano. Lo otorgan en reconocimiento a la trayectoria de una personalidad. El Scosería ya había sido recibido, por ejemplo, por Antonio Larreta y Atahualpa del Cioppo. Dentro de esos parámetros también se genera expectativa por saber el nombre de quién será el homenajeado, que normalmente es conducido a la fiesta mediante complicidades de amigos o colegas.
"Esto no se hace" decía en voz baja Júver Salcedo al enfrentarse al micrófono con la estatuilla de Yepes en la mano. Sereno, dueño de una gran memoria y de un mejor decir que incluye un humor muy sabio, Salcedo recordó que Ciro Scosería no había comentado nunca las obras en las que él había participado, cuando integraba el elenco de El Galpón, porque consideraba que la institución hacía teatro político. La actitud de Scosería fue retomada por otro cronista en la misma página de espectáculos de El Día. El conductor de La Gaviota, que después recordaría a grandes compañeros de vida y obra que no habían sido debidamente reconocidos, cerró la anécdota inicial entre sonrisas, recordando un dicho que Rafael Salzano repetía: "ver para creer".
Entre premio y premio
MULTIPLE. José María Papariello y Alberto Rivero son la misma persona. Eso lo aclaró el director de Calibre 45 al subir al escenario para recibir el Florencio a mejor iluminación, pese a que se había llamado Papariello. Ocurre que Rivero utiliza el nombre de su abuelo, un hombre que le iluminó su vida, cuando asume la tarea de poner luces a una obra, aunque ella sea dirigida por él mismo.
PUBLICO. El premio del público, dado por Coca Cola a la obra más vista en el año, fue para Muñecas del cha, cha, cha que tuvo diez mil espectadores. Omar Varela no pareció muy feliz por el reconocimiento y en un gesto poco simpático recordó que las opciones de los críticos y de la gente no siempre coinciden. ¿Había necesidad de emplear tanta obviedad?
MATERNAL. Las lágrimas de alegría también hicieron acto de presencia. Fue todo un poema ver la reacción de la actriz Susana Castro cuando anunciaron el premio a mejor actriz de reparto para su hija, Soledad Gilmet. La abrazaba, besaba y le retiraba la cara como queriendo recordar los tiempos en que era su bebé. La nena supo agradecer desde el escenario.
DISCRETA. La actriz argentina Selva Alemán compartió la velada con sus colegas uruguayos. Lo hizo con tanta discresión que las cámaras la descubrieron sólo cuando uno de los presentadores señaló su presencia.
Prohibiciones. Una situación especial se vivió cuando Mariana Percovich fue a recibir el Florencio a mejor escenografía otorgado a Waldo León por Yocasta, obra que ella escribió y dirigió. La directora no pudo tener la estatuilla en sus manos porque, según dijo, el médico le había prohibido sostener objetos pesados.